Bochorno por el giro en el caso del ex jefe del FMI

WASHINGTON.- Urgida, la maquinaria del escándalo salió a buscar aquí una nueva víctima. Así, en cuestión de horas, el fiscal neoyorquino Cyrus Vance pasó de héroe a villano tras la duda que pesa ahora sobre su gravísima acusación por ataque sexual contra el ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI) Dominique Strauss-Kahn.

"Esto no es bueno para una de las fiscalías con más exposición en el sistema norteamericano", disparó Hank Sheinkopf, un consultor demócrata especializado en la materia, en coincidencia con otros juristas.

Con celeridad de vértigo, el expediente que dinamitó la carrera de Strauss-Kahn revela agujeros con los que amenaza hacer agua por completo mientras, en cambio, gana peso la duda sobre la honestidad e intenciones de la mucama que, con su denuncia, lo empujó fuera del FMI y de la carrera presidencial francesa. De ella no se conoce el nombre, pero se la caracteriza ya no sólo como una mentirosa contumaz, sino también como una " prostituta encubierta " que cobraba "suculentas propinas" por desempeñar esa actividad con los huéspedes más prósperos del hotel donde ocurrió este drama aún inconcluso. Entre ellos, posiblemente, el propio Strauss-Kahn.

La condición de practicante del "viejo oficio" que ayer se atribuía a la supuesta víctima va en línea con lo que dijeron los abogados de Strauss-Kahn. Esto es, que su defendido tuvo sexo con la mucama, pero que eso fue producto de algo consensuado.

Para mayor oprobio del fiscal, se conocieron ayer más datos a favor de la hipótesis de que la acusación fue un montaje con el que la víctima no buscó otra cosa que obtener beneficio a costa de un hombre rico. "Este hombre tiene mucha plata; sé lo que estoy haciendo", le dijo a un amigo, horas después de acusar al ex directivo de intentar violarla. La cita sale de una conversación telefónica grabada, que la mujer mantuvo con un amigo preso. Además, la mujer, de 32 años, estaría ligada a "actividades criminales, entre ellas tráfico de drogas y lavado de dinero", según The New York Times, que cita a fuentes cercanas a la investigación.

En medios judiciales, se sabe que los casos de acusación sexual son resbaladizos y que la tendencia inicial de la policía y de los fiscales es a proteger y acoger a una supuesta víctima. Pero lo que aquí enerva es, cuando menos, la candidez con la que parece haber actuado Vance, que -en cuestión de días- pasó de afirmar que el caso era muy fuerte a admitir que no podía sostenerlo.

En Francia se acusa a la prensa y al sistema judicial norteamericano de haber "linchado" a Strauss-Kahn sin mérito, mientras crecen las conjeturas de una maniobra para perjudicar políticamente a quien figuraba entre los favoritos para las presidenciales del año próximo.

"Creo que pudo haber habido alguna conexión entre directivos del hotel Sofitel y alguna oficina francesa", deslizó el diputado socialista François Loncle. El legislador, aliado de Strauss-Kahn, afirmó que no está todo claro en la forma como reaccionaron las autoridades del hotel ni del grupo Accor, que lo controla. Su ataque no llegó, sin embargo, al extremo de identificar a figura política alguna con un supuesto complot. Pero la sospecha crece.

Lejos de todo eso, Strauss-Kahn fue visto en un lujoso restaurante de Nueva York. Disfrutó de su primera noche de libertad, tras dos meses de arresto. No hizo declaraciones.

Si, como conjeturan algunos, la acusación en su contra termina por caer, el francés podría demandar a la fiscalía y a la mujer que lo acusó, cuyos cargos le costaron el puesto en el FMI y un daño en su carrera política. Pero hay dudas de que opte por un camino que implique revisar su vida privada. "Es posible que saque más rédito de explotar la posición de víctima a la que parece encaminarse", dijo a La Nacion Charles Jackson, analista de imagen cercano al Partido Demócrata.

En sólo dos meses, el caso Strauss-Kahn pasó por todas las curvas de una montaña rusa emocional. Primero, al presentarse como la desigual batalla entre una mujer pobre y un hombre poderoso. Luego, al proyectarse como la posible víctima que cayó ante el señuelo de ese atrapante relato judicial y mediático.

De acuerdo con lo que recogió La Nacion, de cara al futuro la fiscalía tiene tres posibilidades: seguir como hasta ahora, con el mismo curso, lo que entraña la posibilidad de perder el caso; seguirlo con una reducción en la importancia de los cargos, o abandonarlo por completo.

"En teoría, es posible que el caso sobreviva, según demuestran antecedentes de casos similares en que los testigos dejaron mucho que desear", dijo el ex fiscal Paul Callan. En tal caso, añadió, será crucial contar con una evidencia forense bien fuerte.

"Este no sería el primer caso en que un importante testigo de la fiscalía resultara no ser un ángel", coincidió Daniel Richman, de la Facultad de Derecho de Columbia.

Ayer, la opinión mayoritaria era que el caso hace agua. Mientras el ex director del FMI pasea, sonríe, piensa en su futuro y guarda silencio, Vance es blanco de feroces críticas. "El puesto le queda grande. Se dejó llevar por ambición y por el afán de salir en los diarios", se decía ayer de este abogado de 57 años.

De confirmarse que el caso va camino de cerrarse, como se conjetura ya en medios judiciales, el giro podría empañar a la justicia neoyorquina en su conjunto.

La identidad de la supuesta víctima, una guineana de 32 años, se mantiene en reserva, según dispone la norma para casos de ataque sexual. Sí se sabe, en cambio, que tiene una larga historia de mentiras sobre la espalda, algo que, al parecer, la fiscalía tardó en reconocer.

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