El jefe del gobierno italiano, Silvio Berlusconi, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, reclamaron "modificaciones" en el Tratado de Schengen, que desde hace más de 25 años facilita la libre circulación entre los países de la Unión Europea (UE), tras una conferencia de prensa común llevada a cabo hoy en Roma como clausura de la 29na Cumbre franco-italiana.
"En las circunstancias excepcionales actuales creemos que debe haber modificaciones en el tratado Schengen, y por eso hemos decidido trabajar juntos", declaró Berlusconi este mediodía luego de la Cumbre relámpago entre Italia y Francia anunciando que ambos mandatarios enviarán una carta al presidente de la Comisión europea, José Manuel Barroso, para solicitarle "colaboración" con los países que conforman el límite sur de la UE.
"Nosotros queremos que Schengen siga vivo, pero para que viva debe ser reformado. La situación migratoria en el Mediterráneo podría rápidamente transformarse en una verdadera crisis que afectaría la confianza de nuestros conciudadanos en la libre circulación entre los países europeos", declaró por su parte Sarkozy.
El denominado "Espacio Schengen", data de 1985 y en la actualidad reúne a 24 Estados miembros de los 27 que componen la Unión Europea más Suiza.
Sin embargo, esta iniciativa franco-italiana promete debilitar aún más el acuerdo de Schengen, especialmente tras el reciente bloqueo de París y Berlín a las adhesiones de Rumania y Bulgaria para evitar la libre circulación de los ciudadanos de la étnia romaní.
"Europa y Francia en particular deben tratar a los inmigrantes tunecinos con humanidad y dignidad. El pueblo tunecino acaba de vivir, sin el apoyo de los países europeos, una revolución cuyas consecuencias convulsionaron a toda una región", aseguró mediante un comunicado el alcalde socialista de París Bertrand Delanoe.
La Cumbre interviene en momentos en los que Sarkozy y Berlusconi se encuentran fragilizados en sus países.
Sarkozy no logra recomponerse de su notoria caída de popularidad a un año de la elección presidencial donde buscará la reelección, mientras que Berlusconi enfrenta acusaciones de corrupción, de fraude fiscal y de haber mantenido relaciones sexuales con una menor.
Con este encuentro, los mandatarios buscaron apaciguar las tensiones en las relaciones de ambos países debido al flujo de inmigrantes y refugiados que llegan a las costas italianas tras las revoluciones de Túnez y Egipto y la crisis en Libia.
Hace una semana, París interrumpió el tráfico internacional de trenes con su vecino transalpino para evitar que un tren con inmigrantes tunecinos llegara a Francia.
Italia, que libro cartas de residencia por seis meses a 20.000 tunecinos para que puedan transitar por los países que conforman el espacio Schengen, acusa a Francia de "falta de solidaridad".
La inmigración y el examen del tratado de libre circulación de Schengen fueron los puntos sensibles de la Cumbre, pero en las relaciones entre Italia y Francia hay varios otros temas espinosos como el protagonismo francés en la intervención militar y la avanzada de los grandes grupos económicos galos contra varias de las joyas de la industria italiana.
Durante varias semanas opuestas a los bombardeos en Libia, el lunes por la noche Berlusconi autorizó "operaciones puntuales contra objetivos militares en Libia para proteger a los civiles".
Este cambio de estrategia constituye el final de la contienda con sus aliados de la OTAN, que le reprochaban su actitud ambigua con su ex colonia y en particular con el coronel Muamar Gadafi, antiguo aliado y amigo personal de Berlusconi.
Asimismo, los italianos se quejan por la gran ofensiva comercial emprendida por los grandes grupos económicos franceses contra las joyas de su industria (Bulgari, Edison, Alitalia, entre otros) y la energía.
Por su parte, Francia argumenta que Italia es el tercer inversor en su territorio. Hoy, el grupo francés Lactalis sorprendió al lanzar una oferta por la empresa de productos lácteos italiana Parmalat.
Comentá la nota