Lo propuso una comisión senatorial. La decisión debe ser ratificada por el pleno de la cámara, donde hay mayoría de votos para echarlo del cuerpo. Perderá así su inmunidad y será objeto de más juicios.
La pérdida de la inmunidad parlamentaria pone a Berlusconi a la intemperie de nuevas acciones judiciales y hasta detenciones, cuando a mediados de este mes debe además comenzar a cumplir un año de arresto domiciliario.
La de ayer fue una jornada histórica en una semana negra que vivió il Cavaliere , que fracasó sonoramente en su intento de hacer caer al gobierno que comparte “contranatura” con la centroizquierda del partido Democrático. También tuvo que retirar la renuncia de sus casi 200 diputados y senadores, que debían concretarla a fin de paralizar al Parlamento, impidiendo el voto de ayer. Berlusconi debió el miércoles rendirse ante el primer ministro Enrico Letta y darle el apoyo en el voto de confianza que había preparado para destituirlo.
Fue una rebelión abierta de sus cinco ministros en el gabinete, encabezados por su manso delfín, el vicepremier Angelino Alfano, quien dirigió como el legendario Espartaco el amotinamiento de los “peones” y “camareros” del sistema con el que Berlusconi se comportó siempre como lo que era: el patrón absoluto que no necesitaba consultar a nadie.
La peor semana de su vida remató ayer con la decisión aplastante de la junta de las inmunidades. En el plenario del Senado, la mayoría de votos se confirmará entre el partido Democrático, el movimiento 5 Estrellas del comediante Beppe Grillo y otras fuerzas menores, para liquidar a il Cavaliere con una mayoría superior a los 161 sufragios necesarios para la expulsión.
“El voto en el Senado es fruto de la precisa voluntad de eliminar a un rival de la política por vía judicial”, afirmó anoche Berlusconi en un comunidado. “Esta indignante decisión” ha sido adoptada por los que “no han conseguido eliminarme en las urnas a través de medios democráticos”, agregó.
El jefe de la bancada berlusconiana, Renato Schifani, comentó desalentado: “El resultado es peor de lo que esperábamos y va más allá de lo tolerable”. Colaboradores de Berlusconi repitieron que “la condena estaba escrita de antemano”.
La desesperación del gran capo, que vive una situación psicológica precaria, según sus íntimos, lo llevó por el mal camino de reaccionar a la decisión del 1 de agosto de la Corte Suprema de ratificar en tercera instancia una condena definitiva a cuatro años de prisión, con la fuga hacia adelante con un estilo soberbio y omnipotente. Berlusconi amenazó, lanzó ultimatums, hizo que sus “camareros” parlamentarios prometieran la caída del gobierno si no se le otorgaban salvoconductos imposibles para mantener su completa capacidad de hacer política sin menoscabos.
El peor error fue pelear al presidente de la República, Giorgio Napolitano, el político más poderoso del país, por no ayudarlo. La respuesta helada de Napolitano llegó por boca, anteayer, del premier Letta: “En un país democrático, las decisiones de la justicia se ejecutan y los asuntos judiciales deben quedar separados de los asuntos políticos”.
Una maniobra final para buscar la última luz encendida en el fondo del túnel la encontraron anoche los “berluscones” enarbolando la necesidad de un voto secreto para maniobrar el resultado del voto.
“Es una esperanza inútil.
Si Berlusconi se salvara, el gobierno no duraría un minuto y el partido Democrático sería sepultado por la opinión pública”, explicó por TV la analista María Teresa Mieli, del Corriere della Sera.

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