El premier debía concurrir a Milán hoy o mañana por supuesto abuso de poder e inducción a la prostitución de menores. Otra joven confirmó en televisión las noches de lujuria.
Los argumentos a los que apelan se basan en dos razones: territorialidad y contenido. En el primer ámbito, el equipo legal del empresario alega que el supuesto escenario de los encuentros íntimos con la joven marroquí Ruby R cuando era menor de edad, acusasión que niega, habría sido su residencia privada en Arcore. De ser así, la mansión se emplaza fuera de la jurisdicción de Milán y dentro de la vecina Monza.
Pero además aducen cuestiones de contenido en la causa en la que se sospecha que Berlusconi abusó de su influencia como jefe de gobierno para liberar a Ruby de una comisaría de Milán y evitar que trascendiera una huella hacia sus hipotéticas noches de sexo con la menor. De ser así, el tribunal idóneo para juzgarlo sería el de ministros por cuanto habría corrompido su rol como presidente del consejo de gobierno.
Los vericuetos judiciales, sin embargo, no bastan para silenciar la lengua desatada de viejas pasiones, como la de Nadia Macri, una de las últimas escorts cuyos servicios fueron atribuidos al primer ministro. Entrevistada por el programa Annozero en la cadena italiana RAI, la joven detalló que recibió 5 mil euros de Berlusconi por sus servicios al igual que Ruby.
Según sus palabras, el encuentro se consumó el pasado 24 de abril cuando concurrió a la residencia del premier junto a la joven marroquí y seis brasileñas, además de dos amigos de “Il Cavaliere”, el relacionista público “Lele” Mora y el periodista Emilio Fede. Allí, tras la cena, se trasladaron a una discoteca en el piso inferior donde bailaban desnudos al ritmo del alcohol.
Siempre según Macri, el ritual continuó en una piscina cubierta en la que el premier se sumergió rodeado de sus “velinas”. Y finalizó en una habitación con una cama de masajes donde una a una iban ingresando para consumar el acto sexual. “Adelante la próxima”, contó la escort que llamaba Berlusconi desde adentro, en lapsos de cinco minutos
Comentá la nota