Agobiado por la lluvia de denuncias de corrupción contra sus ministros y aliados, el primer ministro Silvio Berlusconi decidió asumir él mismo la cartera de Desarrollo Económico, que quedó vacante tras la renuncia de Claudio Scajola, uno de los oficialistas investigados.
Su otro socio en el gobierno, Umberto Bossi, también dejó en offside al primer ministro y sus sospechas. "Los jueces hacen su trabajo", se limitó a decir el ministro y líder de la Liga del Norte, cuando le preguntaron por la denuncia hecha por Berlusconi. Ni él ni Fini, el líder de Alianza Nacional, salieron a defender a Scajola, el ex ministro que renunció el martes, o a los otros dirigentes oficialistas que están bajo la mira de la Justicia italiana. Entre los últimos casos que explotaron están los de los senadores Denis Verdini y Giuseppe Ciarrapico, ambos miembros fieles al gobierno. Además, un ex ministro del gobierno anterior de Berlusconi, Pietro Lunardi, está acusado de haber comprado de forma irregular un palacio en la capital italiana al cardenal de Nápoles, Crescencio Sepe.
La oposición intenta aprovechar el momento. "Estamos ante un verdadero carrusel de Estado. Contratos secretos, funcionarios corruptos, dinero transferido ilegalmente al extranjero y lavado gracias al escudo de los fiscales", denunció el líder del Partido Demócrata, Pierluigi Bersani.

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