En Benghazi, todos colaboran para construir la "nueva Libia"

En la ciudad, bastión de la revolución, la gente se organiza para evitar el vacío de poder
BENGHAZI.- Es probable que Benghazi, la segunda ciudad de Libia, sea ahora más feliz que en ningún otro momento que recuerde la mayoría de sus ciudadanos, tres cuartas partes de los cuales nacieron después de que el coronel Muammar Khadafy tomó el poder en un golpe de Estado, en 1969.

El clima ha estado inclemente, muy frío y con vientos de los que hacen que uno retroceda en lugar de avanzar. "No había llovido en cinco años", dijo el dueño de un pequeño restaurante del paseo marítimo, en el que no permitieron que un grupo de periodistas pagara su cuenta.

El hombre estaba feliz y se reía amablemente con los pesares de dos voluntarios que, a pesar del vendaval, se esforzaban por arreglar una elevada lámpara callejera que había estado descompuesta desde hace tanto tiempo que nadie recuerda cuánto. "Estamos construyendo una nueva Libia y tenemos que reparar los desperfectos", continuó el comerciante. "El desperfecto número uno se llama Khadafy."

Todo el mundo ayuda como puede. Muchos ofrendaron su vida en la violenta batalla por Benghazi, del 17 al 21 de febrero, en la que murieron por lo menos 300 personas. "Son las que hemos podido documentar", explica Peter Bouckaert, investigador de la ONG Human Rights Watch. "Tenemos una metodología muy conservadora y sólo damos cuenta de las muertes que comprobamos plenamente."

Otros colaboran en las distintas áreas de las que está haciéndose cargo progresivamente la Autoridad Local Temporal de Benghazi, constituida el viernes pasado, cuatro días después de que los habitantes tomaran la ciudad. Trece personas ocupan puestos de responsabilidad sin pago, que van desde los servicios públicos hasta los derechos humanos.

Ayer, por primera vez, algunas patrullas de policía circularon por las avenidas. La gente mostró gran responsabilidad: no hubo saqueos ni violencia, y los jóvenes se ocuparon de dirigir el tráfico.

Sin embargo, no ha desaparecido el temor: hay preocupación por la posibilidad de ataques de fuerzas del régimen, que ayer destruyeron un depósito de armas a tan sólo 15 kilómetros de Benghazi. Otra señal de que la batalla continúa.

Un nutrido grupo de personas ocupó la sede incendiada de la policía secreta (un edificio ominoso, donde se torturaba a la gente) para convertirla en una especie de centro de prensa y propaganda: limpiaron todo para montar talleres de caricatura y de cómputo. Editan un diario muy vistoso y un boletín más formal, y reciben y acreditan a periodistas.

En otro lugar, un ingeniero decidió combatir el apagón de comunicaciones que impuso el gobierno levantando una antena satelital, que hace posible acceder a Internet, con una sala para que trabaje la prensa.

Aunque todavía existe el riesgo de desabastecimiento, la comida hasta ahora no ha sido un problema porque los puesteros y propietarios de restaurantes llegan todos los días hasta la Mahkama (el edificio del tribunal regional en el que ahora funciona el gobierno revolucionario de la ciudad), la plaza donde se reúnen los manifestantes y otros sitios estratégicos a donar víveres.

Los farmacéuticos traen medicinas, los muebleros llegan con mesas y sillas, los carpinteros buscan más desperfectos que arreglar, los estudiantes que tienen autos hacen guardia para ser choferes de quien haga falta.

Centro de poder

En medio de toda esta efervescencia de civismo y colaboración, la Mahkama se ha convertido en el centro del juego político del Oriente liberado de Libia.

Da la impresión de que los revolucionarios prefirieron resolver primero las urgencias administrativas y las necesidades bélicas. Hasta el viernes, parecían satisfechos con instalar autoridades locales en cada ciudad, que funcionaran de manera autónoma. Benghazi no quiere reemplazar a Trípoli como capital nacional. La consigna repetida en los carteles es "Libia, un solo cuerpo. Trípoli, nuestro corazón".

Pero la amplitud del movimiento y la necesidad de debilitar al régimen permite que cualquiera se convierta en revolucionario de la noche a la mañana, y esto incluye a khadafystas destacados que, siendo altos miembros del gobierno, cuentan con redes de contactos nacionales e internacionales con las que los opositores de toda la vida, víctimas del encarcelamiento y la exclusión, sólo pueden soñar.

El sábado pasado, Mustafá Abdel Khalil, que hasta hace una semana era ministro de Justicia (y la justicia no es algo que se haya impartido mucho en este país), dio un discurso que transmitió completo y en directo la cadena árabe de televisión Al-Jazeera. Anunció que encabezaría un "gobierno provisional" que celebraría "elecciones en tres meses", y añadió que el culpable de todos los crímenes era Khadafy y nadie más.

Esto forzó a los revolucionarios a pensar con una visión más amplia y anteayer se reunieron en la Mahkama representantes de ciudades del Este. Nombraron un vocero, Abdel Hafiz Ghogan, que anunció la formación de un consejo nacional libio, que no tiene aún miembros ni otro mandato más que "dirigir la transición", y consideró el anuncio de Khalil "una postura personal".

Como era inevitable, ayer Benghazi fue un nido de murmullos: la lucha por el liderazgo está en pleno comienzo de temporada. En las calles, la gente no lo nota todavía.

Los bancos y los negocios abrieron por primera vez desde el 17 de febrero, las avenidas empezaron a cargarse de tránsito y, como el sol por fin salió, muchos más libios se manifestaron en la plaza principal.

Se abrazan y bailan en círculo, cantan y corean consignas. La amargura de la política no ha apagado la alegría de los ciudadanos.

En el resto de la regiónEGIPTO

Prohíben a Mubarak y a sus hijos salir del país

El ex presidente Hosni Mubarak y sus familiares más cercanos tienen prohibido salir del país y sus haberes en Egipto fueron bloqueados. Además del presidente, que dejó el poder bajo presión de los manifestantes el 11 de febrero, la decisión incluye a su esposa, Suzanne, así como a sus dos hijos, Alaa y Gamal.

YEMEN

La oposición rechaza formar un gobierno de unidad con Saleh

La oposición yemenita rechazó ayer el llamado del presidente, Ali Abdullah Saleh, para integrar un gobierno de unidad. La iniciativa forma parte de un plan de ocho puntos con el que Saleh respondió a las protestas que exigen su dimisión. La oposición dijo que no participará en ningún gobierno que "ahogue las demandas del pueblo".

OMAN

Choques con la policía en una ciudad portuaria

Nuevos enfrentamientos se produjeron ayer en la ciudad de Sohar, en Omán, entre policías y manifestantes que denuncian la corrupción del régimen y que bloquearon el ingreso en el puerto, el segundo de este sultanato del Golfo. En el tercer día consecutivo de protestas, los manifestantes incendiaron un supermercado.

BAHREIN

El heredero festeja el regreso de la calma al reino

El príncipe heredero de Bahrein, Salman ben Hamad al Khalifa, dijo ayer que la calma regresó al reino y que las condiciones están dadas para iniciar negociaciones con la oposición. "Las iniciativas tomadas en los últimos días calmaron la situación y contribuyeron a que la tranquilidad regresara a Bahrein para iniciar el diálogo", dijo Al-Khalifa.

ARGELIA

Tras 19 años, ponen fin al estado de emergencia

El gobierno decretó ayer el fin del estado de emergencia que rigió durante los últimos 19 años, una medida largamente demandada por los partidos de la oposición y grupos de derechos humanos. Sin embargo, el Ministerio del Interior advirtió que aún está vigente la prohibición de realizar protestas en Argel, la capital.

GAZA

Hamas dispersó una marcha que pide la unidad con Al-Fatah

Las fuerzas de seguridad del gobierno de Hamas en Gaza disolvieron ayer una manifestación pacífica en la que jóvenes palestinos pedían libertades políticas y el fin de la actual división entre palestinos. Se trata de un nuevo intento popular de presionar a Hamas para lograr un acercamiento con el partido Al-Fatah, que controla Cisjordania.

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