Tras los 400 milímetros caídos en un día, la ciudad amaneció ayer con viviendas anegadas, calles intransitables, evacuados y autoevacuados.
Más de 24 horas después de las abundantes precipitaciones, en el paisaje urbano predominaba el cielo gris, mientras los pobladores intentaban sacar el agua de sus viviendas y personal de la Municipalidad trabajaba para seguir desagotando los sitios más anegados.
“Sé que lo material va y viene pero no puedo evitar esta angustia de ver cómo nuestra casa se inundó, se mojó la ropa, los calzados, los muebles, todo”, contó Martina Seltzer, quien vive junto a su hijo de 11 años y sus dos hermanas a pocas cuadras del centro urbano. Además, a escasos metros de allí, fue instalada una bomba de grandes dimensiones para desagotar el agua que anegó la zona. “Ahora se secó afuera, en la parte de la calle pero acá seguimos con agua, ni siquiera quiero pensar en todo lo que perdimos”, señaló mientras juntaba sus pertenencias que flotaban por diferentes sectores de su domicilio.
Con lágrimas en los ojos preguntó: “¿Cómo vamos a recuperarnos? No tenemos dinero suficiente para comprar todo de nuevo”. “Llovió demasiado es cierto, pero habría que ver qué se puede hacer para evitar que se inunde la ciudad”, indicó.
En otro punto de Bella Vista, el barrio Centenario, Ramón Vázquez reparaba parte del cerco de su vivienda. “El agua quedó en el borde de la puerta, pero el baño reventó. Así que ahora estamos acá para ver cómo resolvemos eso”, contó el bellavistense. A su lado iban y venían varios de sus vecinos que colaboraban para que el Municipio instalara una bomba más grande de la que tenían funcionando para acelerar el desagote.
Mojados
“Pusimos bolsas de arena con mi marido para intentar frenar el agua pero no lo logramos, se nos mojó todo. Y no me quedó otra que ir a dormir a la casa de mi mamá con mi nena y él tuvo que quedarse a cuidar la casa”, relató Noelia Escobar, que ayer a la mañana volvió a su casa para ver si el agua había bajado. “La bomba que está no alcanza, así que ahora dicen que colocarán otra. Ojalá el agua se vaya rápido”, expresó sin disimular la impotencia que le generaba haber sido desalojados por las inclemencias del tiempo.
Similar situación vivía otro lugareño, Julio Aranda junto a su esposa y sus cinco hijos. “No sé cómo voy a recuperar esto, se mojó todo. Supongo que con dos años por lo menos”, dijo el hombre que sustenta a su familia con su trabajo como pintor.
“Nosotros alcanzamos a subir algunas cosas. Amanecimos con agua pero no nos iremos de la casa porque tenemos miedo de que alguien venga en nuestra ausencia y lleve algo nuestro”, aseveró una bellavistense de apellido Carrillo, que vive en inmediaciones al hospital.
“Vino una chica del Municipio, nos ofreció ir al CIC pero no quisimos. Sólo le pedimos unos tachos para poder alzar nuestra cama”, indicó.
Al igual que ella y su esposo, muchos se negaron a dejar sus hogares porque alegaron que no estaban dispuestos a sufrir nuevas pérdidas. Es que el agua, ya les quitó demasiado.
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