Por Indalecio Francisco Sanchez
La batalla final se avecina. El olfato, el cerebro y hasta los huesos le dicen a José Alperovich que atraviesa la etapa que será definitoria respecto de la valoración que se hará sobre su paso por la Casa de Gobierno. Como en el cine o en la literatura, de nada le habrá servido un buen comienzo o un desarrollo bien argumentado, con un rey blandiendo su espada y venciendo enemigos durante años, si al final termina triste o solo o vencido o sin un sucesor victorioso.
Un peronista que hasta hace poco simpatizaba con el alperovichismo reflexionaba sobre ese dilema del gobernador. “Julio Miranda supo dejar un sucesor, en medio del escándalo por los desnutridos y de un Gobierno desprestigiado. Esa es la diferencia entre un hombre con formación política y otro que no la tiene”, afirmaba. Mientras Alperovich alienta a varios jugadores para 2015 y no bendice a uno, su administración acumula yerros que capitaliza la oposición.
Por ejemplo, el alperovichismo pagará en cuotas y con intereses el conflicto en la Caja Popular, el escándalo en el que se vio envuelto Guillermo Gassenbauer y el pleito de la UNT -que decidió hacer propio-. La derrota en la lucha contra La Bancaria no sólo lo dejó desprestigiado (en el oficialismo creen que fueron los bancarios los que consiguieron e hicieron públicas las fotos del gobernador y de su esposa paseando en camello por Abu Dhabi) en todo el país, sino que también fogoneó la interna entre alperovichistas. Varios piden la cabeza de Cortalezzi y crecen los rumores de que está prácticamente ido del cargo. El golpe a Gassenbauer hijo -susurran- provino de otro sector alperovichista. Además, argumentan que “Guille” y sus amigos ocupando lugares clave en el Gobierno, en medio del escándalo de las cooperativas Argentina Trabaja, aparecen como una afrenta a los votantes de la capital que el oficialismo quiere reconquistar. La colonización alperovichista de la UNT, que capitaliza como una victoria política, puede terminar como un escupitajo al cielo: la intervención del PE no parió ninguna solución y si el conflicto perdura en el tiempo, padres, alumnos y docentes señalarán como culpables a ambas administraciones por igual.
Desprolijidades
Para colmo de males, la estrategia de exponer a Gabriel Alperovich a la prueba de ADN para despegarlo del caso Lebbos tampoco habría surtido el efecto deseado. Medios nacionales resaltaron que el hijo del gobernador era investigado por el caso y no que él mismo había pedido la prueba para demostrar que es libre de culpa. Encima, el mayor de los hijos varones del mandatario salió de Tribunales y se fue al complejo deportivo de Atlético Tucumán a compartir un asado con jugadores y directivos. “Parecía un festejo; hacía chistes a los jugadores y estaba exultante”, confesó un comensal. De milagro el hecho se mantuvo en reserva y no mutó en escandalete. Opositores se habrían hecho un show con la foto del hijo del gobernador comiendo asado apenas después de pasar por Tribunales. El cúmulo de pequeñas y medianas desprolijidades comienza a hacer mella en el escudo de alrededor de 400.000 votos que blinda a Alperovich. Cada vez que Domingo Amaya o José Cano o cualquier otro se envalentona, en el Gobierno duermen tranquilos sobre ese confortable colchón de votos. Pero ahora esa defensa está tullida. Una muestra de ello es la última encuesta que realizó Poliarquía, que reprodujeron medios de todo el país. En el capítulo Tucumán, la consultora dice que el 52% desaprueba la situación de la provincia y que el candidato con mayor intención de voto es el radical Cano. “Mientras el 27% dice que seguramente votará por Cano y otro 24% cree que podría llegar a votarlo, Rojkés de Alperovich consigue para ambas categorías el 20% y el 9%, respectivamente, en tanto que Juan Manzur recibe el 17% y 13%”, dice el artículo. El final, para Alperovich, continúa abierto.





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