Basural Municipal: dos caras de una misma problemática

Basural Municipal: dos caras de una misma problemática

Vecinos del barrio San Pedro contaron los serios problemas que les genera la proliferación de humo y moscas. Además de los inconvenientes cotidianos, marcaron la gran cantidad de niños con problemas respiratorios y dérmicos. A eso se suma la realidad que enfrentan decenas de personas que cada madrugada buscan en La Quema su sustento diario.

Se acumulan reclamos, espacios en los medios, reuniones, años. Pero la situación generada por el basural de la ruta 192 continúa inalterable. Los ciclos se repiten. Durante algún tiempo los gobiernos de turno logran un mínimo control de las emanaciones tóxicas, pero luego regresa el descontrol.

En esas idas y vueltas, siempre en un marco de ilegalidad ambiental que repercute directamente en la calidad de vida de los vecinos aledaños, continúa sin vislumbrarse una estrategia estatal que atienda el problema.

Por estos días, mediante el impulso de la sociedad de fomento del barrio San Pedro, el pésimo estado del basural regresó a la agenda pública. Como respuesta al cansancio por la proliferación de humo y moscas, la entidad convocó a una reunión abierta que tuvo lugar el viernes de la semana pasada. Con la presencia de distintos sectores, el encuentro constituyó un primer paso en el intento de obtener respuestas y abarcar el tema de los residuos domiciliarios en general.

ETERNA EMERGENCIA

Cuando se les pide que sinteticen la situación que se vive en el San Pedro –y en los otros barrios de la ruta 192- los vecinos hablan de "urgencia sanitaria" y apuntan a los efectos en la salud que provoca el humo, especialmente en los niños. Si bien el problema nunca desapareció del todo, reconocen que durante el primer tramo de la anterior gestión de Luciani se logró algún control en el predio. Sin embargo, estiman que desde hace más de dos años el descontrol regresó, con los efectos casi cotidianos que eso genera.

El mes pasado, con altas temperaturas y sequía, humo y moscas fueron presencias permanentes en el barrio. Varios vecinos recuerdan que despidieron el 2015 con fuertes olores producidos por el basural y su falta de mantenimiento: "Con mi familia pasé el primero de año en otro lado. Cuando volvía al barrio veía el humo desde la ex fábrica Massera. Y cuando llegué al basural, ardía todo", apuntó una de las personas consultadas.

Las autoridades de la sociedad de fomento recordaron la cantidad de reclamos que en el último tiempo acercaron al Municipio, especialmente a través de la Dirección de Entidades Intermedias. "Hemos mandado notas pidiendo audiencia con el intendente, pero de palabra nos contestaron que estaban haciendo el reclamo para expropiar las tierras del basural", explicó Sergio Almada, presidente de la entidad.

Los inconvenientes se traducen en imposibilidades. Por ejemplo, cuando el viento les juega en contra, especialmente por las noches, los vecinos se ven privados de cenar afuera, donde el humo y las moscas dominan la escena. Y aunque cierren puertas y ventanas, en el interior de los domicilios la realidad no es mucho mejor.

Pero además, y principalmente, la preocupación de los vecinos apunta a los efectos en la salud que les genera el basural. Los cuadros respiratorios son una constante y afectan en especial a los más chicos.

"Mi hijo tiene 9 años y desde que nació tiene problemas de bronquios", apuntó una vecina. La señora repitió de memoria los nombres de fármacos y productos que se volvieron cotidianos en la vida de su hijo: fluticasona, aerocámara especial, salbutamol, betametasona.

"Ahora, por causa de tanto corticoides, tiene un soplo en el corazón, le mandaron a hacer una espirometría y una resonancia porque en una de las placas salió que tiene una fisura en el pulmón. Me dijeron que es por tanto aspirar humo. Eso me lo dijeron en el Hospital Gutiérrez. No encontraban ningún tipo de remedio que lo calme, mi hijo es como un conejito de India", expuso la vecina.

Otro vecino que dialogó con EL CIVISMO apuntó que tiene una hija de 18 meses que, como en muchos otros casos, "está muy mal de los bronquios". A mediados de esta semana comentó que "hace dos días atrás estaba bien, pero volvió el humo y volvieron los problemas".

"Lo primero que te dicen los médicos es que uno se vaya del barrio, pero no es tan fácil", aclaró.

Aunque también se repitan problemas dermatológicos, los vecinos desconocen la existencia de un estudio oficial que dé cuenta del cuadro sanitario general. No obstante, cuando atienden a sus hijos en el CIC del barrio San Fermín, las explicaciones médicas a los problemas de salud siempre apuntan al basural.

De todos modos, ningún profesional de la salud le pone su firma al problema: "Te dicen por qué vienen los problemas, pero cuando le pedías que te lo expresen por escrito, nadie quiere hacerlo. Gente del mismo CIC nos dice que siete de cada diez chicos que atienden tienen problemas de bronquios. Pero nadie se quiere jugar del todo".

Como ocurre en otras situaciones de contaminación ambiental con efectos sanitarios, la inexistencia de relevamientos oficiales torna imposible enlazar el binomio causa-efecto. De esa manera, además, el Estado evita públicamente cualquier tipo de responsabilidad. Si no hay estudios, todo queda en el plano de la casuística manejada por los vecinos.

A todo eso se suman ratas y "bichos" diversos. Ante el paso del tiempo y la continuidad del problema, los vecinos plantearon que "es algo interminable, estamos olvidados, no les importa que vivamos de esta manera".

En cuanto a la situación de los recolectores informales, los vecinos aclararon que no existe un ellos y un nosotros. "No queremos perjudicar a los recolectores, no estamos pidiendo eso", explicaron. De hecho, varias de las personas que impulsan el reclamo por el descontrol en el basural han recurrido, en su momento, a la recolección informal como forma de ganarse la vida. "Tenemos un montón de vecinos que viven de la basura, incluso tenemos amigos. Yo mismo fui recolector para darle de comer a mis hijos. Por eso decimos que una solución debe incluir que se los formalice como trabajadores, nosotros no queremos sacarle el trabajo a nadie", sintetizaron.

DESDE ADENTRO

Tres jóvenes del barrio San Fermín accedieron a hablar con EL CIVISMO de su experiencia diaria. Son recolectores informales de residuos en el basural, con casi una década de experiencia en alguno de los casos. "Hace seis años que voy a La Quema. Voy solo, pero en este barrio casi la mayoría va a La Quema", contó Luis. "En mi caso, voy de 8 de la noche a las 4 de la mañana. A esa hora no hay nadie vigilando en el basural y es la hora en que llegan los camiones. Pero tampoco se puede trabajar durante el día, al sol. El calor ahí te mata", aseguró.

Ezequiel dijo que va "desde que era guachito. Tenía menos de 11 años y me llevaba mi viejo, que sigue yendo".

- ¿Cómo es el trabajo en una jornada común?

- "Uno se pone al lado de las máquinas o los camiones. A medida que ellos van descartando vas rompiendo bolsitas y tenés que meterle pata, porque si te quedás no loqueas (sic) nada. Es así. Entre nosotros nos conocemos todos y ya hay buena onda. Casi todos son del San Fermín, del Ameghino, del San Pedro y del Santa Marta.

Los jóvenes afirmaron que un día normal de trabajo se reúnen en las parvas de basura unas 20 personas. En ocasiones son más y la competencia es más ardua. "Anoche (por el martes) éramos cerca de 20 personas. Yo tengo que ir todos los días". Por eso, la bronca con los días de lluvia: "Si llueve, además de no ir, porque no entra nada, te deja afuera por lo menos tres días. El barro en La Quema es tremendo", dijo Luis.

Siempre se trabaja sobre "lo nuevo". "Lo que quedó de los días anteriores se va amontonando, las máquinas lo irán empujando o a veces lo prenden fuego. Y entonces tenés que trabajar además de todo, con humo. Imaginate lo que es eso. No lo prendemos nosotros. Pero pasa que se prendió una parte y no se apagó, queda el fuego abajo sin que te des cuenta y vuelve a aparecer", agregó el otro joven que se sumó a la charla.

- ¿Qué rinde encontrar?

- "Ese lo encontré anoche. Anda. Lo tengo que poner a cargar y ver el chip", dijo Luis, mostrando un celular modelo un tanto viejo, pero impecable.

- Está bien, pero no todas las noches encontrás un celular.

- "No, tuve una suerte tremenda".

"Nosotros juntamos de todo –acotó su compañero de tareas-. Cartón, metal, plástico. Se junta y se mete al carro, pero algunos de nosotros no tenemos carro entonces nos van a buscar. Pago un flete 50 pesos del acopiador de la esquina. Pagamos 25 pesos cada uno. Una parte la paga él, desde el depósito. Se llama El Indio. Está en la entrada al terreno del basural y recibe lo que juntamos todos los que estamos yendo".

La cotización más actualizada indica que esta semana el kilo de cartón se lo están pagando 1 peso; la botella blanca 1,40 o 1,50; la botella verde 1 peso y el plástico soplado (de envases de lavandina, por ejemplo) lo mismo. "El metal cuesta. El kilo está 10 pesos. El cobre mucho más. El aerosol 11 pesos el kilo", contaron.

- En una buena noche de laburo ¿cuánto pueden llegar a juntar?

- "Si son dos que laburan y no paran, se puede llegar a sacar 1.500 ó 1.000 pesos, pero no tenés que frenar en toda la noche", afirmaron.

Uno de los jóvenes que prefirió no dar su nombre contó que "vengo de vender recién dos kilos de bronce y junté 70 pesos. Es lo que logré juntar anoche. Hay que romper mucha bolsa y nadie tiene dónde guardar para esperar que paguen más cada cosa".

- ¿Cómo es la actitud de la Municipalidad ante lo que hacen ustedes?

- "Nada. Llegan los camiones municipales, vuelcan y se van. Acá no hay luz, nada. Trabajamos con linterna y guantes. Y elegimos venir acá porque no es lo mismo que dar vueltas en el centro. Trabajarás tranquilo, pero acá en La Quema encontrás más y de todo".

- Ustedes, por lo que cuentan, van hace años. ¿Cambió La Quema, el trabajo, lo que pueden recolectar?

- "Siguen siendo diferentes los lunes, que juntan todo lo de los fines de semana, y los viernes, que nos parece que los camiones hacen más recorrido. Esos son los días en que los camiones tiran más. Entra mucha basura. El resto de los días no pasa nada. Vienen de los barrios y algunas máquinas verdes, de Rodríguez. Son los días en que no los dejan entrar en el CEAMSE".

- ¿Y las condiciones de trabajo?

- "Es difícil. No lleves un gato porque los ratones se lo comen. Sin guantes no se puede laburar, porque volvés todo cortado o te pinchás con algo. Hace unos meses me clavé una aguja. Me pasó la zapatilla. No sé de dónde venía esa aguja y estuve cerca de dos meses en cama, sin poder pisar. Estás rodeado de pinches, vidrios, chapas. Es peligroso".

Datos oficiales

El informe más actualizado vinculado a cantidades y tipos de basura que llegan al predio de la ruta 192 tiene una antigüedad de cinco años y se enmarcó en los pasos previos del GIRSU, una propuesta que todavía está en proyecto.

Por aquel entonces, con una población bastante inferior a la actual, Luján producía 88.700 kilos diarios de basura. La ciudad cabecera aportaba 63.500 kilos, mientras que Jáuregui y Pueblo Nuevo generaban 8.200 kilos diarios. En dicho informe se proyectaba que para 2.030, el distrito tendrá que lidiar con un total aproximado de 113.300 kilos por día de basura.

En cuanto a los tipos de residuos, un 45 por ciento correspondían a restos de alimentos, mientras que en un porcentaje considerablemente menor (18 por ciento), se ubicaban los plásticos. Se calculaba que para ese momento el 12 por ciento del total era susceptible de ser recuperado.

Otro de los datos incluidos indicaba que los residuos derivados de alimentos alcanzaban su porcentaje más alto en la zona turística y en el radio comprendido por la avenida Humberto y la calle Belgrano. El componente plástico registraba su pico en los residuos recolectados en barrios cerrados.

Ilegalidad

Desde el punto de vista legal, la situación que atraviesa el basural deviene completamente ilegal. Por citar una de las normas que regulan la temática, el Congreso de la Nación sancionó en 2004 la Ley 25.916, denominada de Gestión de Residuos Domiciliarios. La norma establece un plazo de entre 10 y 15 años desde su entrada en vigencia para "la adecuación de las distintas jurisdicciones a las disposiciones establecidas respecto de la disposición final de residuos domiciliarios". Transcurrido ese plazo, "queda prohibida en todo el territorio nacional la disposición final de residuos domiciliarios que no cumpla con dichas disposiciones".

Comentá la nota