En las últimas semanas se registraron un par de episodios violentos que no tomaron estado público. Vecinos dicen que el barrio cambió para mal desde hace aproximadamente un año con la llegada de vendedores de droga provenientes del Conurbano.
“Acá está lleno de transas y todo el mundo lo sabe. El problema comenzó desde que llegó gente de Moreno, Merlo y José C. Paz”, resumió una vecina, víctima a mediados de diciembre de un incidente que no salió en ningún medio pero del que están al tanto en la Fiscalía.
Una noche varios jóvenes llegaron hasta una casa ubicada en calle Los Lirios entre Los Ombúes y Los Trigales. Buscaban de manera poco amistosa a un tal “Pecas”, un proxeneta llegado del interior y vendedor de drogas que supo apuñalar a un par de jóvenes. Por algunos metros la gavilla se equivocó de domicilio aunque en la vivienda que pretendieron entrar a la fuerza vive una familia cuyo jefe se apoda coincidentemente “Pecas”.
No conforme por no haber podido entrar a la casa (equivocada) en el primer intento, a las pocas horas regresaron. Eran aproximadamente las 4 de la madrugada cuando el grupo duplicó sus integrantes y por medio de la violencia quisieron derribar la puerta para llegar a la humanidad de “Pecas” y saldar cuentas por un asunto de narcotráfico. “Buscaban a un chico que no estaba en la casa, empezaron a patear la puerta, querían que salga mi papá y le pusieron un arma en la cabeza. Eran un montón”, contó una menor y testigo de ambos episodios.
Fuera de control, algunos de los sujetos buscaron ingresar por los fondos de la vivienda. El grupo se dividió. Mientras unos estaban en la puerta de la casa esperando que le entreguen la cabeza del joven que habían ido a buscar presuntamente para que devuelva una plata obtenida por la venta de droga, otros hicieron el intento de entrar por una casa de la vuelta. Una mujer tomó un arma y disparó. Uno de los jóvenes resultó herido y la bandita desbocada se replegó no sin antes efectuar varios tiros en la esquina. “Eran un despelote bárbaro”, resumió un familiar.
El hecho fue denunciado en Fiscalía pero antes, al mismo tiempo que sucedía la agresión, una vecina llamó a la Policía. Lo hizo varias veces pero no encontró respuestas. “Si no hacés la denuncia, no pasa nada. Pero si la hacés, tampoco pasa nada”, señaló, y desde entonces prefiere no exponerse por miedo a represalias. “Uno queda expuesto porque son todos del barrio”, agregó.
Al parecer, la Policía actuó. El sujeto que le puso el arma en la cabeza al dueño de casa habría sido llevado a la Comisaría. Pero al rato estaba otra vez en el barrio. “Como tiene abogado, lo soltaron”, dijo una vecina.
EL ORIGEN DEL ASUNTO
“Desde el año pasado el barrio está terrible. Cuando no es uno, es otro. Si tienen problemas por el tema de la droga que se maten entre ellos pero no que hagan quilombo en cualquier lugar. Se tirotean en las esquinas, roban, se agarran a cuchilladas, al carnicero lo asaltaron y encima le pegaron”, sostuvo otra de las voces que se animó a contar lo que viene pasando en Santa Marta a cambio de que no se devele su identidad.
Coinciden en decir que la proliferación de “transas” lleva a disputas territoriales cada vez más encarnizadas por parte de varias bandas que se pelean por manejar la venta de droga en la zona. El núcleo duro del problema, aseguran, está “en el fondo” del barrio. Allí donde San Fermín y Santa Marta se funden.
Se trata de uno de los sectores históricamente más postergados de la ciudad. Calles que nunca dejaron de ser de tierra, casas precarias levantadas con maderas, cartones y en terrenos muchos de ellos usurpados. Apenas un puñado de pequeños comercios que venden lo básico y con sus puertas cruzadas por rejas. Muchos se ganan la vida haciendo changas, cartoneando o cirujeando en el Basural. Otros eligieron el camino más fácil para conseguir dinero, pero también más peligroso como es la venta de estupefacientes.
La zona fue creciendo en cantidad de pobladores a un ritmo constante en los últimos años pero no se advierte que haya ido de la mano con la aplicación de políticas de desarrollo por parte del Estado que mejoren la calidad de vida de sus pobladores. Acá el Estado, en cualquiera de sus estamentos, está prácticamente ausente. Y esto es tierra fértil, caldo de cultivo para la irrupción de los llamados “transas”. Como falta todo, sobran también los conflictos potenciados en los últimos meses por la comercialización al menudeo de droga.
“El 1º de enero como a la 5 de la madrugada apuñalaron a uno, le cortaron el cuello junto a otro. Pero esos ya no están en el barrio, se tuvieron que ir”, añadió una mujer que aseveró haber llamado a la Policía en reiteradas ocasiones pero cuando el móvil llegó no había ni rastros de los individuos que protagonizaron la refriega y menos de los heridos.
A su vez, el “Pecas” fiolo y dealer también se tuvo que ir del barrio. Comentan que volvió a su provincia de origen. El barrio, en ocasiones, parece autodepurarse y todo por imperio de los códigos que imponen los “transas” y sus lugartenientes.
“Esto que está pasando no sale en ningún lado. Leo en el diario y veo que está pasando en el Ameghino pero acá ningún medio viene. Yo me quiero ir y eso que siempre viví en el barrio pero no sé adónde porque en todos lados está igual”, concluyó una de las vecinas.
Otros hechos
Circular por las calles de San Fermín, Santa Marta o San Jorge durante la mañana es una cosa. Mayormente se ven mujeres que hacen sus tareas domésticas y algunos hombres que salen a trabajar. Cuando empieza a bajar el sol, la zona recobra otro tipo de movimiento. Pululan las motos de baja cilindrada tripuladas por jóvenes, los carros cartoneros tirados por caballos que regresan de la ciudad. A la noche, las calles pasan a ser propiedad casi exclusiva de muchos de los que andan en la “mala”. “Por acá vez pasar a la camionetas que se roban hacia el río donde las desarman”, dijo una vecina. “Los remises por miedo no quieren entrar porque los asaltan en la entrada”, acotó.
La verdulería de Los Ombúes entre ruta 192 y Los Lirios, por ejemplo, atiende reja de por medio. Más que un negocio parece una celda. Hace un año, unos 10 sujetos quisieron entrar a la casa para robarle a la familia de bolivianos que ejerce el comercio.
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