Los puesteros erradicados del ex Abasto y del microcentro se instalaron en la vereda del Predio Ferial, aunque les gustaría ingresar allí y trabajar más formalmente. "Seguimos remándola".
Una de cal y otra de arena en la vida de los puesteros "erradicados" -como se autodefinen-, instalados en la parte oeste del Predio Ferial Norte (PFN), sobre la vereda de la avenida Sáenz Peña al 100 y al 200. Y si bien la disminución de las ventas se compensa con poder trabajar tranquilos, aseguran que el Gobierno no cumplió con lo prometido.
"Cuando la Justicia los obligó a sacarnos del centro nos dijeron que nos viniéramos para acá, que nos instalarían puestos dentro del predio, baños y hasta un lugar de esparcimiento para nuestros hijos. Nada de eso se ha cumplido", advierte Víctor Hugo Robles, presidente de una de las asociaciones civiles que nuclean a los comerciantes de la zona.
En la zona de El Bajo hay para elegir: desde CDs y películas pirateadas hasta juegos de PlayStation 2, ropa y zapatillas. Y también verduras, tan rozagantes y atractivas como las que se consiguen en un súper o en una verdulería, aunque con precios un poco más bajos. Hay, en esas dos cuadras, dos grandes puestos de frutas y verduras; en uno de ellos trabajan -y viven de él- dos familias completas y en el otro, cuatro.
"La seguimos remando. Se vende mucho menos que en el centro, pero podemos trabajar", asegura Rodolfo Alberto Villagra, vendedor ambulante desde hace 15 años. En sus primeros tiempos se instalaba en la zona de Maipú y Córdoba, el punto más cotizado en esta actividad, pero luego lo trasladaron al ex Abasto. "De ahí nos mandaron para acá y nos instalamos como tiene que ser. Estamos contentos. Lo único que nos gustaría es tener agua y un baño, porque no tenemos ninguna de las dos cosas", detalla.
Según la información que manejan los puesteros, a algunos ambulantes del ex Abasto les dieron un subsidio de $ 10.000 para instalarse en un local, pero muchos de ellos se terminaron fundiendo. "No sabemos a dónde se fueron. Algunos se instalaron en el centro, otros alquilaron negocios... No somos muchos los que nos vinimos para acá", agrega Villagra.
"No nos conocen"
A cuentagotas llegan los clientes. La mayoría es gente del interior que está de paso por la ciudad y aprovecha para comprar verduras a buen precio. Otros, muy pocos, se movilizan desde sus casas para hacer la compra de la semana. Es el caso de Cristian Montero, de San Cayetano, quien gasta entre $ 100 y $ 130 para la verdura de siete días.
"Es que la gente no nos conoce todavía y piensan que la venta es irregular, como en el centro. Acá pesamos con balanza electrónica, imposible de toquetear, y tratamos de tener todo acomodado", promete Luis Alberto Caro. Su derrotero fue el mismo que el de Villagra: Microcentro, Abasto, y ahora, hace siete meses, el PFN. Allí se instaló con heladeras y un cartel bastante llamativo.
Un desperdicio
Desde la vereda, los ambulantes miran hacia adentro del Predio Ferial. Ven cómo el óxido y los pastizales se devoran las "jaulas", estructuras que, según dicen, estaban destinadas a sus puestos. Sin embargo, ninguna autoridad afirma que así será. "Esas estructuras se hicieron para exposiciones y ferias, no para los ambulantes. Nosotros no tenemos nada que ver con ellos; lo único que tratamos es de mantener una buena relación y que no arrojen basura", asegura Ana María Iácono, subdirectora de Administración y Despacho de la Secretaría de Mipyme y Empleo Provincial, una de las reparticiones que funcionan en el PFN.
A pesar de que los puesteros evitan tirar desperdicios, LA GACETA pudo comprobar que las ratas circulan a sus anchas entre los pastos que superan el metro y medio de alto.
Desde la Municipalidad admiten que la problemática de los ambulantes es de larga data, pero aseguran que ellos no prometieron nada. "El Predio Ferial es de la Provincia, nosotros no podemos disponer de sus instalaciones", señala Luis Lobo Chaklián, subdirector de Planificación Urbana, y desliza que la administración capitalina no cuenta con espacios para instalar a los vendedores. "Nuestro deseo, con vistas al Bicentenario de 2016, es tener una ciudad más ordenada. Sería muy interesante tener un centro de abastecimiento donde los ambulantes pudieran trabajar, pero por lo pronto no disponemos de un espacio para hacerlo", se limitó a declarar el funcionario.
Según los vendedores, ni siquiera saben a quién dirigirse para plantear sus reclamos. "Quien se encargó del traslado y el proyecto era AntonioEstofán, cuando era fiscal de Estado. Pero desde que se fue a la Corte no hay nadie que nos atienda", lamenta René Conde, titular de la Asociación Civil Nuevo Abasto. Precisamente, el sueño de un nuevo mercado tras la muerte del de La Ciudadela es lo que los mantiene firmes en las veredas de El Bajo.
La lucha es cruel y es mucha
Silvia Serrano (33) llega todos los días a las 5 al Mercofrut a comprar mercadería para su puesto en El Bajo. Vende lo que puede, cierra al mediodía, y se va corriendo a realizarse diálisis. Cuando tiene tiempo, va también al Padilla a visitar a su marido, que está en terapia intensiva desde el 23 de enero, por un accidente de tránsito. Sin embargo, ella está feliz. "Yo agradezco poder trabajar aquí y que mi marido se esté recuperando. Por eso, cuando puedo, ayudo a mis compañeros de diálisis, los contengo y les hago los trámites", contó.
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