Bajando la Cuesta

El nuevo presidente de la Asociación Bancaria local tiene por delante una tarea sumamente compleja: normalizar una institución que ha sido mal administrada durante 17 años. El déficit es inevitable, pero Guglielmotti pretende que cada uno se haga cargo de las heridas que ha provocado. Hora de la responsabilidad civil.

No es un momento sencillo en la vida institucional del país, sobre todo en lo que tiene que ver con la puesta en foco de las acciones administrativas de los gremios y sindicatos y la forma en que algunos de ellos se convirtieron en feudos. Parecen ya vetustas estancias donde tradicionalmente se perpetúan poderes ilimitados, siempre financiados por un grupo de trabajadores cautivos que aportan -sin demasiada capacidad de decisión- a una caja desfondada.

En este último período, la entidad que agrupa a los trabajadores bancarios ha adquirido un papel fundamental en la prensa policial a partir de la detención de su presidente a nivel nacional, acusado del fraude cometido con los medicamentos, fundamentalmente los destinados a tratamientos oncológicos. Proporcional fue la consecuente indignación que la sociedad supo demostrar por un delito cometido contra aquellos que se encuentran en peores condiciones de salud física y psíquica, rehenes de una entidad que se nutría de ellos como un vampiro. Zanola y toda su camarilla habitan ahora celdas de prisión, y la justicia les ha negado la excarcelación.

En el ámbito local, la entidad de los bancarios ha sido durante años el trono de perpetuidad de uno de sus personajes más conspicuos: Fernando Cuesta. Cuando parecía que el nombre pasaría a formar parte de una especie de planta funcional de dirigentes eternos, cuando aquel pasado de gloria de uno de los gremios con mayor acción cultural y beneficios constantes era ya sólo un recuerdo, una nueva línea consiguió hacerse de la conducción de la asociación, y se encontró, efectivamente, con el pozo negro de 17 años de caprichos y desajustes. A estas alturas, todo el mundo tiene su comentario acerca de la caída violenta de la obra social, que había sido alguna vez un referente en salud, y hoy solamente conserva algunos rehenes. También se habla de la caída precipitada de una de las salas teatrales que tuvo otrora una programación permanente, acciones de importante peso cultural, y financiación del Instituto Nacional del Teatro.

El nuevo presidente, Miguel Guglielmotti, asumió el 3 de enero del presente año, y se encontró con que estaba poco menos que al pie de la escalera de incendio. Tenía únicamente $7.000 en caja chica, y otros $10.000 en cuentas corrientes. El resto del dinero de la entidad, $289.580, estaba en plazos fijos que vencían en febrero, por lo tanto no podían ser utilizados.

Pero él debía enfrentar los sueldos del mes de diciembre, que estaban en fecha de cobro. En conclusión, de entrada se iban a endeudar en esos mismos trescientos mil pesos que estaban casualmente cautivos de una operación bancaria. Guglielmotti se resiste a pensar que esto sea nada más que una casualidad, y lo toma como una maniobra política que apostaba por el fracaso de la gestión nueva. “Ellos querían que saliéramos en los diarios apenas asumiéramos”, afirma.

Deshonesto

El nuevo presidente dice ante el micrófono de la 99.9 que deshonestidad no es solamente llevarse la plata a su casa: “administrar mal dinero que no es de uno también es deshonesto, y aquí estamos ante años de mala administración”.

Apenas llegaron, los nuevos pretendieron relevar qué era lo que efectivamente quedaba en pie de lo que había sido el patrimonio de la entidad, y se encontraron con que sus bienes muebles eran, a estas alturas: medio auto, sí medio, porque el automóvil Renault Clío en pésimo estado mecánico, tenía una carga en multas por exceso de velocidad registradas en la Autovía 2 que sumaba $9.000 más intereses, situación totalmente ajena al desempeño de un representante de los trabajadores. Ese Clío violó las normas de tránsito en 17 oportunidades, y el conductor del coche- presumiblemente miembro de la gestión anterior- descargó su responsabilidad sobre las arcas de la institución.

Guglielmotti se encontró también con una situación irregular respecto al jardín de infantes de la Bancaria, fruto de un acuerdo celebrado por Cuesta con la titular de un emprendimiento privado, en franca infracción a las normas estatutarias que debieron regir su desempeño. Cuesta no estaba habilitado para convenir ese tipo de responsabilidades para la institución que presidía, y el resultado es que actualmente el jardín genera un déficit de $40.000 mensuales, es decir, $480.000 por año.

En el presente, la matrícula completa es de 110 alumnos, de los cuales únicamente 4 son hijos de bancarios. A juzgar por los costos de mantenimiento, se trata francamente de la escolarización más costosa jamás vista. Sin embargo, la nueva gestión dirigió una carta documento a la secretaría anterior, reclamando también por este déficit indebido.

Por otra parte, se sabe que funcionó durante años una mutual cuya administración era independiente, y que se ocupaba -a la manera de una financiera- de otorgar créditos para los afiliados. Según consta en las actas de la institución, la Bancaria le prestó fondos por $512.000 para hacer frente a préstamos. El dinero debía ser devuelto en un plazo máximo de 3 años. La nueva administración reclamó el pago, ya que el préstamo databa de 2003, y el titular de la mutual, Mario Morales, optó por desconocer la deuda.

A partir de allí, Guglielmotti aclaró que en la actualidad, la mutual funciona con el nombre de la entidad, pero como una financiera independiente, ya que se ocupa de otorgar beneficios a terceros y no a empleados de banco. Paradójicamente, tales beneficios siguen siendo sostenidos con fondos impagos que deberían formar parte del patrimonio de la institución bancaria.

La pregunta que todos se hacen es de dónde sale entonces la plata, quién paga semejante déficit permanente. Según aclara el secretario general actual, la gallina de los huevos de oro ha sido esquilmada, y era la farmacia, que a estas alturas debería haber logrado un determinado stock, a favor de los auténticos beneficiarios. No sólo está arruinada, sino que su estructura edilicia está francamente deteriorada por falta de mantenimiento, a tal punto que sufre la permanente inundación de su sótano por las lluvias. Sus ganancias han sostenido por años las pérdidas del resto de la asociación.

La farmacia es, a su vez, acreedora de deudas en cuenta corriente por $60.000, sin documentación de respaldo ni gestión de cobro.

¿Y ahora?

Pero mágicamente y a la hora de rendir cuentas, los libros de actas que reúnen la información sobre las decisiones tomadas en conjunto por la anterior comisión directiva desaparecieron. Específicamente, los que reúnen los datos constitucionales desde 1999 hasta 2010, de manera tal de poder ocultar toda maniobra de traspaso de fondos de manera indebida. La nueva gestión debió solicitar una auditoría ante la Bancaria nacional, para obtener copia y constancia de las actas donde figuran, por ejemplo, los préstamos a la supuesta mutual.

Ese es el estado actual de cosas: a Guglielmotti le toca ahora bajar la Cuesta, y tratar de reponer el estado legal institucional de un gremio que pasó de ser uno de los más florecientes a un insignificante reducto de fracasos. “Esta forma de manejar los números entre dos o tres personas no va más”, dijo Gugliemotti, a la vez que cumplía en informar los detalles de la situación general ante el plenario de delegados. “Esto no debe pasar en ninguna institución democrática”, agregó, a la vez que aclaraba: “ahora esta mutual se fue”. ¿Se fue? Se apartó de la Bancaria, pero continúa en manos de la gestión anterior y desconoce una deuda de medio millón.

Para seguir, seguramente la mirada irá hacia la obra social, de la que todavía no se ha empezado a hablar, una organización que trabajó por reintegro, y que se nutría del cansancio de las personas, ya que iban a reclamar el pago solamente durante los primeros años. Después se morían o se daban por vencidos. Una vergüenza nacional.

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