Cuando comenzó la gestión de María Eugenia Vidal los trabajadores de prensa venían de una relación con un gobernador parco que tenía la cabeza más puesta en su candidatura a presidente de la Nación que en los sucesos provinciales. Por eso, cuando la preferida de Mauricio Macridesembarcó en la Gobernación, se supuso que el intercambio no podía ser peor. Pero no.
En lo que es ya un modo de relación con los medios, la mandamás bonaerense no tuvo en lo que va del año ni un solo mano a mano con la prensa sino a través de conferencias en las cuales se coloca religiosamente un cordón para mantener la distancia. Además, los fotógrafos deben ingeniárselas para lograr una imagen que retrate un momento que, en definitiva, es para difundir sus actos de gobierno.
Primero encerraron a los trabajadores de prensa no institucional en el salón de usos múltiples de Gobernación para que no vieran al presidente en su visita a la residencia de Vidal. Después festejaron el día del Periodista con un acto en La Rural, donde se invitó a dedo a tres reporteros que cubren las noticias desde la sala ubicada en el edificio de 6 y 53. Y en lo que parece ser un hecho de lo más insólito, tras la reunión con los inundados de la ciudad de La Plata, a la cual por supuesto la prensa no pudo acceder, pusieron delante de ella a una mujer de idénticas características en lo que entre los profesionales de la comunicación se interpretó como una actitud disuasoria para no identificarla a lo lejos, que es donde suele estar.
Eso sí, antiprensa o antimafias -recordemos que la gobernadora viene sufriendo amenazas por haberse metido en las internas policiales-, ni María Eugenia Vidal ni su doble de riesgo se sumaron al miércoles de luto por el paro nacional de mujeres contra los femicidios y la violencia de género.


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