La aventura de los chicos que veranean solos por primera vez

La aventura de los chicos que veranean solos por primera vez

Lo hacen con el apoyo económico de la familia, pero van en grupos numerosos. Alquilan y comparten todas las tareas de la casa, además de los días de playa y la noche en los boliches. Un viaje iniciático necesario.

Nos dijeron que nos cuidáramos, pero se ve que no les dimos ni bola", bromea María del Rosario, de 21 años. A su lado, Agostina se ríe, pero no tanto: se insoló hace unos días y ahora tiene que ir a la playa con el cuerpo cubierto. "No puedo tomar más sol", confiesa sin perder el humor desde adentro de un iglú.

Agostina, María del Rosario, Carla y Paula llegaron desde San Juan hasta Villa Gesell para pasar las primeras vacaciones lejos de sus padres. "Independencia" es la palabra que más repiten los jóvenes cuando se los consulta qué consiguieron con esta nueva experiencia. "Quería poder manejarme sola", explica la joven estudiante de kinesiología. Miles de chicos y chicas llegan cada año al balneario que los acoge con los brazos abiertos para disfrutar de la playa y los boliches que pueden cobrar hasta $ 250 por una entrada y entre $ 70 y 100 por un trago.

LO IMPORTANTE ES MANTENERSE. "Hicimos todos los preparativos muy rápido y a último momento se sumaron hermanas y amigas al grupo." Conseguir alojamiento resultó fácil, pero la tarea no estuvo exenta de temores. "Buscamos por Internet. Una de las chicas tenía miedo de que nos estafaran, pero confiamos y salió bien", agrega Agostina.

Para llegar a Gesell contaron con la ayuda de sus padres. "Como estudiamos pero ninguna trabaja, nuestros viejos nos dieron la plata para el alquiler", admitieron.

A pocos metros, Manuel y sus amigos improvisan un loco en la estrecha costa gesellina y por un pelito no le arrancan la cabeza de un pelotazo a un caminante que se pasea por la orilla y les devuelve una mirada fulminante. El joven de 19 años llegó desde Rosario con once amigos. Es la segunda vez que visita la Costa sin la familia, pero muchos de sus compinches de toda la vida vacacionan solos por primera vez. Se alojan en la misma casa que unas conocidas alquilaron el año pasado, para no repetir malas experiencias. "En el 2014 habíamos señado una casa y cuando llegamos, los vecinos nos dijeron que eran usurpadores los que la manejaban. Por eso nuestros padres prefirieron que nos mudáramos", relata Manuel.

A las chicas, en su debut vacacional lejos de la familia, también les tocó solucionar algunos inconvenientes. "Tuvimos el problema de que en la casa que conseguimos, antes se había alojado un grupo de chicos", comienza Carla sin perder la calma. "No les digo lo que encontré porque fue un asco", se ríe y frunce el ceño. Preservativos, plástico y demás fueron parte de las cosas que Carla cosechó del bendito inodoro. "Creo que voy a dejar la música para dedicarme a la plomería", bromea.

MENÚ JUVENIL. Paula, que se prepara para ser contadora, es la que detalla el manejo diario de los recursos hogareños. "Hicimos un fondo común, sacamos plata y comemos en el departamento. De San Juan trajimos fideos, arroz y galletas. Las verduras las compramos acá." Para variar el menú, a las harinas le agregaron carne dos días seguidos. "Somos prolijas, no nos turnamos para hacer las cosas de la casa. La que ve que algo está mugriento, va y limpia", afirma Carla.

Los chicos se arreglan de una forma parecida. Franco, de 19 años explica cómo funciona la casa a donde vive con sus amigos: "El que no cocina, lava. Igual entre todos nos ocupamos", cuenta. La propiedad está a escasas tres cuadras de la playa y tiene capacidad para diez personas, un promedio más que aceptable por estos lares, donde los jóvenes tienden a "sobreocupar" los alojamientos, algo que puede generar problemas con los dueños de casa o con las inmobiliarias

La variedad es una rareza entre los turistas juveniles en Gesell a la hora de comer y la "carta" de los chicos rosarinos tiene poco de sibarita: "Salchichas y arroz", dice Franco sin dudar cuando se le pregunta por el menú. De todas formas, el alimento no parece ser la primera prioridad: Manuel y sus amigos eligen para beber Fernet con Coca.

Como parte de las delicias veraniegas, después de insolarse a Agostina le subió la temperatura. "Me agarró fiebre", se lamenta. Un poco en serio, un poco en broma, admite que le hubiera gustado que su madre la cuidara en ese momento y despierta las risas de sus amigas. ¿Qué les divierte de vacacionar con sus amigos a Manuel y sus amigos? "Y, con mis viejos no puedo salir a bailar", bromea. "La pasamos muy bien", aclara como si hiciera falta.  «

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