Se avecina un período de conflictividad sindical

Por Alejandra Gallo

Los empresarios imaginan un escenario marcado por las pujas gremiales, que debería obligar al Ministerio de Trabajo a asumir un papel más activo ante paros y bloqueos.

El número de los empresarios para las paritarias 2011 es el 20%. En los diferentes sectores sostienen que están muy lejos de los valores de aumento salarial que ensayaron algunos sindicalistas en estos días (en torno al 30% o 35%). El abanico de situaciones es amplio, dependiendo de si se trata de un área subsidiada, vinculada al comercio exterior, a la industria o a los servicios.

En el sector privado imaginan un escenario de mucha conflictividad sindical (no social) y de pujas gremiales por capitalizar el porcentaje más alto alcanzado. Por eso imaginan un Ministerio de Trabajo más activo aún que el año pasado, aunque Carlos Tomada prefiera hoy la pelea electoral porteña. En este contexto, ven difícil la posibilidad de repetir el esquema 2010, en el que -dicen- muchos sectores prefirieron cerrar aumentos abultados para evitar conflictos sindicales, paros o bloqueos. Hubo casos de conciliaciones obligatorias que fueron desoídas y este año vislumbran márgenes más estrechos para negociar .

Entre las 50 empresas que más facturan en el país circularon varios informes de economistas que corrigieron la pauta de crecimiento 2011 hacia abajo, y no es sólo por la posible sequía. Economistas que participaron de gestiones kirchneristas (hoy cerca del PJ disidente) y otros que aunque no estuvieron en las filas públicas aún siguen compartiendo la cocina de las decisiones, coinciden en que lo que pasa hoy es que hay un techo para la producción , más que ausencia de inversión.

Para los economistas del Gobierno, la inversión está en alza y además roza niveles históricos. Sin embargo, un informe reservado que elaboró el ex titular del Banco Central, Martín Redrado, “limpia” las variables de inversión y de crecimiento. Reveló que los desembolsos privados están frenados para bienes de capital y que el crecimiento industrial real el año pasado estuvo muy lejos de niveles de dos dígitos. Por ejemplo, comparaciones realizadas en sectores que motorizaron el crecimiento dieron subas más modestas de entre 2% y 8%, si se lo mide por cantidades y no por precios, que están abultados por la inflación. Con inversiones muy esquivas y una inflación que nadie proyecta por debajo del 25% para este año, los precios preocupan y en el empresariado esperan señales gubernamentales antiinflacionarias que hasta ahora no llegaron.

Con este horizonte, la primera semana de febrero, el Grupo de los Seis (G-6) inaugurará su ciclo de encuentros 2011. La Bolsa, que preside Adelmo Gabbi, sería la entidad anfitriona, y allí participarían la Unión Industrial, la Cámara de Comercio, la de la Construcción, los bancos nucleados en Adeba y la Sociedad Rural. La gran incógnita hasta el momento es si el campo podría sumar esta vez también a Mario Llambías de CRA o, tal vez, a Eduardo Buzzi, de Federación Agraria. Una posibilidad con la que algunos fantasean, aún sabiendo que tiene muy pocas chances.

Por estas horas se evalúa que de ese encuentro surja un pronunciamiento advirtiendo sobre la necesidad de conformar una mesa de diálogo con todos los actores para contener las pujas salariales y la inflación . Los empresarios ven que la convocatoria a un acuerdo social está muy fría por parte del Gobierno. Y lo que parece claro es que cuando desde el sector privado se piensa en un acuerdo social se mira hacia todos los sectores: Gobierno, empresarios, gremios y también todos los partidos políticos.

En cambio, convocar a los políticos no figura en los planes gubernamentales, ni siquiera figuró en momentos en que el pacto social contó con mayor predicamento.

El acuerdo social, además, choca hoy con peleas gremiales internas (las hay en la CGT de Hugo Moyano, en la CTA de Pablo Michelli y en el gremio gastronómico de Luis Barrionuevo). Y varias entidades privadas también tendrán elecciones este mismo año, como la Bolsa y la UIA. En este último caso, a los nombres que ya se venían mencionando se sumó otro: Luis Ureta Sáenz Peña, ex embajador en Francia, el candidato que Cristina Kirchner querría ver en ese luga r. Pero también se sumaron otras alternativas. Una de ellas busca seguidores por fuera de la central fabril y habla de una situación excepcional por la que se prorrogaría por unos meses la gestión de Méndez, lo cual permitiría tomar una decisión final con un mapa electoral más claro.

Al actual presidente le reconocen actitud dialoguista y vocación para tejer puentes entre la industria y el campo. Nadie descarta otra opción: un “tapado” avalado por nuevos alineamientos.

En su propia dinámica, y con alto perfil, los dirigentes rurales ya discuten una nueva medida de fuerza, luego del paro en la comercialización de granos que tuvo alto acatamiento, si bien no repercutió en otras áreas, como la ganadera. Con todo, la protesta del campo generó alianzas indirectas e impensadas con otros sectores. La Cámara de Exportadores, presidida por Enrique Mantilla, reclamó al Gobierno por el pago demorado de reintegros. La CERA (que agrupa a los cerealeros y molinos exportadores que hoy atacan algunos productores e incluso algunos dirigentes) manifestó su descontento por el sistema de permisos de exportación en general. Para esta entidad, viola los tratados del Mercosur y los de la Organización Mundial de Comercio.

Mientras estos desórdenes en la gestión gubernamental quedan al descubierto, en pocas horas comenzará el Foro de Davos, en el cual la guerra de las monedas tendrá protagonismo y en cuyo escenario un armando de coordinaciones nuevas entre Chile, Perú y Colombia se presentará en sociedad para atraer inversiones: una asignatura pendiente de la política económica argentina.

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