A casi tres meses de su inauguración, la nueva fachada de una de las calles más importantes de la ciudad funciona de acuerdo con lo previsto por la comuna. Pero cuál es la opinión de los comerciantes y transeúntes que la frecuentan todos los días. Críticas y elogios en una historia para recorrer de a pie.
Por lógica, es el punto de encuentro casi obligado para jóvenes y adultos, el termómetro de las modas y también la imagen de tarjeta postal para enviar al resto del universo.
Casi todas estas arterias nacieron al margen de cualquier planificación urbanística, estrategia inmobiliaria o voluntad política de turno.
Y no hay una única explicación sobre por qué cuentan con los favores dentro del movimiento de una ciudad. Se trata de cuestiones tan intrínsecas como la construcción identitaria de sus habitantes.
Puede ser el resultado de una mezcla entre su ubicación geográfica, el estilo arquitectónico y el aprovechamiento de los espacios verdes. Acaso se trate de la combinación de desarrollo comercial, propuestas gastronómicas y actividades disponibles.
O quizá es algo mucho más simple. Otra de tantas costumbres pasadas entre generaciones, con alguna razón escondida en el fondo de los tiempos.
Sea de una u otra forma, el fenómeno se puede comprobar en las clásicas Piccadilly (Londres), Champs Élysées (París), Fifth Avenue (Nueva York), Via del Corso (Roma), Kurfürstendamm (Berlín), Avenida Atlântica (Río de Janeiro), o en la porteñísima Florida.
Bahía Blanca, obviamente, también tiene un epicentro urbano, tan tradicional que llegó a ser conocido en tiempos de la belle époque como "La Gran Vía del Sur".
Se trata del eje formado por la calle O'Higgins-Alsina, a lo largo de las ocho cuadras que van desde Berutti hasta la avenida Alem.
Es tal la importancia urbana que tiene este sector que allí podrían rastrearse todos los usos y costumbres de los bahienses, desde comienzos del siglo XX hasta el presente.
La vestimenta, el calzado, los cortes de pelo, los temas de conversación, el argot, los vehículos, los personajes y las miradas que desfilan incesantes por cada uno de esos 800 metros merecerían ser vistos como un ensayo sociológico en tiempo real.
Que sí, que no
Sin embargo el paseo no siempre fue un descanso, al menos para varios de los intendentes que tuvo la ciudad. Ya en 1920, el notable crecimiento que había experimentado Bahía Blanca impulsó el arribo de ideas modernistas.
Fue así como el entonces jefe comunal José Espeche decidió peatonalizar la primera cuadra de O'Higgins, entre Brown y Chiclana, durante algunas horas del "sábado inglés". La medida no tuvo éxito entre los paseantes, que añoraban el paso de los autos, y pronto quedó derogada la ordenanza.
"Se quiso convertir unas horas diarias a O'Higgins en una nueva calle Florida y que sólo consiguió convertirla en desierto", decía una crítica de época.
El segundo intento llegó en agosto de 1943, cuando el comisionado municipal, Rómulo Betnaza, reflotó la idea de Espeche. Pero con otras reglas: los peatones podrían ocupar la calle los sábados, domingos y feriados, de 18 a 20. Sin consenso entre los más conservadores, el fracaso resultó inevitable como en la experiencia anterior.
Hacia abril de 1958 llegó el tercer proyecto, de la mano de Urbano de la Vega. La decisión fue cortar el tránsito de O'Higgins, todos los días después de las 18. El crecimiento del parque automotor no hizo más que aumentar el rechazo de los vecinos a la insistencia comunal. Y, al igual que las otras veces, rápidamente la peatonal se quedó sin piernas.
Persevera y triunfarás
De manera imprevista, el comienzo del nuevo siglo recuperó los bríos para la peatonalización céntrica. Lo que parecía una idea anacrónica, propia de cuando había tiempos y espacios de sobra, resurgió hacia 2002 bajo la iniciativa de Jaime Linares.
Todavía más extraño resultó que la idea se transformase en una verdadera política de Estado, que se mantuvo casi inalterable en los años de Rodolfo Lopes y llegó a su definitiva puesta en marcha durante el actual mandato de Cristian Breitenstein.
Claro que fue necesario sortear toda clase de obstáculos: reacciones adversas, debates con los comerciantes de la zona, modificaciones en los planos, fallas en los materiales de construcción y demoras en los plazos de obra.
Pero finalmente, luego de siete meses de trabajo y una inversión superior a los 2.5 millones de pesos, el 17 de noviembre de 2009 se inauguró la O'Higgins peatonal.
Perdón, semipeatonal.
¿Y ahora qué pasa, eh?
La nueva versión de O'Higgins fue recibida mucho mejor que sus antecedentes de 1920, 1943 y 1958, aunque tampoco fue considerada como el acontecimiento de la década.
Lo más curioso es la diferencia de opiniones entre los comerciantes y transeúntes de la primera cuadra, respecto a aquellos de la segunda.
Mientras para unos, la opinión generalizada es que O'Higgins luce más estética, pero no reporta ningún cambio sustancial, los otros aseguran que la calle recuperó su vitalidad como paseo comercial.
Carlos, titular de un comercio que prefiere mantener en el anonimato, señala con fastidio la vereda contigua a una casa de electrodomésticos. "Este sector se hundió la semana pasada. Es una vergüenza, no pasó ni un año desde que la inauguraron y muchas baldosas ya están flojas".
Pocos metros más allá, en el cruce con Drago, Jorge se sienta en su bar y remarca que la intervención estética de O'Higgins fue "un desastre".
Para él y su comercio, los siete meses que duró la renovación fueron muy difíciles. Y asegura que los resultados del largo sacrificio, por ahora, no se perciben.
"Fue una animalada (sic) de tiempo lo que tardaron en hacerla, y no mejoró la cantidad ni calidad de los clientes. Sigue absolutamente igual que hace dos o tres años", dispara.
Tras reconocerse como conocedor de la trastienda de la renovación, considera que la inversión "fue un robo", y lo ejemplifica con un artículo que leyó en el diario "La Nación"
"Por la mitad de plata que gastaron acá, en Buenos Aires hicieron unas diez cuadras, de noche y por tramos, sin necesidad de cerrar la calle".
En un negocio orientado a la marroquinería, César todavía se mantiene expectante, pero ya tiene algunas pistas sobre el futuro inmediato. "Aunque la intención fue jerarquizar la peatonal, ya empezó a llenarse de locales con ofertas, y está cambiando el perfil de los clientes, de clase alta a media", puntualiza.
Por supuesto que también hay voces a favor.
El tramo que se extiende hasta Brown reúne una filosofía más optimista sobre la nueva imagen. Es el caso, por ejemplo de Virginia, encargada de un bazar desde hace poco más de un año.
"Mejoraron las ventas, porque la gente se siente más cómoda al recorrerla y mirar vidrieras, y con la nueva iluminación, también es mucho más segura por las noches", enumera.
Y agrega: "Mucha gente dice que hubiera preferido que sea completamente peatonal, aunque sea únicamente durante los fines de semana. Pero para mí esta renovación es positiva".
Sobre la otra vereda, Paula encabeza un local de calzado femenino. Su primer balance también contempla las ventajas del cambio.
"No sólo subieron las ventas en un 20 por ciento; además le veo más vida a la calle. Escucho que algunos se quejan, pero hay muchísimas personas que vienen a recorrerla todos los días. Y creo que todavía va a mejorar", señala.
Hernán y Lucila toman un helado en uno de los bancos de madera que son parte de la renovación. Ellos creen que O'Higgins es una paseo ideal para las tardes. "Nos gusta caminar por acá. Es cómoda, tiene vigilancia y siempre hay alguna novedad para mirar", dice Lucila.
Su novio coincide en la calificación. "Antes sólo podías andar por Alsina, pero ahora esta zona está muy bien", precisa.
Ultima cuadra
Según se ha dicho en varias oportunidades, el municipio quiere extender la semipeatonalidad hasta Dorrego, de un lado, y Saavedra del otro. Es un proyecto ambicioso que, de concretarse, representaría un cambio en el estilo de vida céntrico, y acaso también un atractivo para los visitantes.
Sin embargo, los problemas relacionados con la contaminación de la ría, el subsidio al transporte, los aumentos docentes, los cortes de luz y, sobre todo, la sequía obligan a imaginar que la obras quedarán postergadas por un buen tiempo.
Es de esperarse que, con la experiencia de otras épocas, el Municipio logrará esquivar los plazos interminables de la burocracia pública y privada.
Ojalá que la calle de la renovación no se desvíe en el callejón de los proyectos olvidados.
El caso Drago
Si la peatonalización de O'Higgins fue una historia conflictiva, la de su "vecina" Drago no se quedó atrás.
Proyectada en 1923 por un grupo de concejales como "la continuación de Vicente López" desde avenida Colón hasta Donado, recién fue inaugurada a mediados de 1936, para uso estrictamente vehicular.
Sin embargo el municipio sabía que la obra estaba inconclusa, y por eso decidió remediar la situación en 1959. La sucesión de problemas políticos y económicos forzaron a diversos intendentes a posponer el plan, que recién salió de los archivos en 1988.
Habían pasado hasta entonces casi tres décadas de conflictos entre vecinos, comerciantes, propietarios, herederos, abogados, escribanos, arquitectos e ingenieros. Todos querían, pero nadie cedía.
Finalmente, el 11 de abril de 1993 --70 años después del proyecto original-- pudo inaugurarse la segunda cuadra, esta vez con un carácter netamente peatonal.
Sólo restaba un detalle: unificar el criterio con la vieja primera cuadra.
Y qué son 15 años más, después de tantas dilaciones. El 23 de junio de 2008, Breitenstein tomó las tijeras y cortó de un solo tajo las cintas de apertura de la nueva peatonal de dos cuadras, pero también las cadenas de una vieja cuenta pendiente.
Drago, por fin, cerraba su expediente para abrirse como paseo.



Comentá la nota