Mientras la semana pasada, el gobierno de San Juan lograba interesar a 14 empresas concentradoras que ofertaron 28 millones de pesos por los casi 22 millones de litros de mosto sulfitado que resultó del operativo de compra de uvas de la última cosecha, la preocupación de los productores sigue concentrada en los indicios del clima, la integridad de las primeras yemas y las perspectivas de la próxima cosecha. No hubo variantes de precios en el mercado a granel y todo parece inmerso en una tensa expectativa hasta tanto se vaya insinuando la cosecha.
En Mendoza, los daños están focalizados principalmente en el oasis este de la provincia y en áreas del Valle de Uco, donde imperan variedades finas. En Junín y Rivadavia- donde se concentra anualmente casi la mitad de la cosecha mendocina- el brote de las uvas blancas finas estaba muy avanzado y la helada los golpeó a esos brotes en un 50%, aseguran los productores. En realidad, en uno y otro caso, los especialistas no son tan pesimistas.
En Mendoza el Centro de Viñateros y Bodegueros del Este -a través de una solicitada publicada en los principales medios gráficos de la provincia- se mostró muy preocupado por la decisión de la COVIAR de aumentar de un 20 a un 30% el valor de la alícuota que gravan a los establecimientos vitivinícolas destinadas a financiar el Plan Estratégico Vitivinícola 2020. Según el presidente de la entidad, Javier Palau, "las contribuciones se han transformado en un costo sin retorno de beneficios para las pymes vitivínicolas". Creen que debe replantearse la promoción del mercado interno con el objetivo de fortalecer a las pequeñas y medianas empresas fraccionadoras ("que paulatinamente desaparecen del mercado", explican). Si bien el dirigente no embistió contra la COVIAR y reconoció su calidad institucional, explicó que "estamos proponiendo planes de integración de pequeños y medianos productores con fraccionadores también pymes -haciendo alusión al proyecto del BID-, pero los fraccionadores chicos cada día son menos".

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