Ataque a pareja gay en San Isidro: de la intolerancia religiosa a la necesidad de una ley penal antidiscriminatoria

Ataque a pareja gay en San Isidro: de la intolerancia religiosa a la necesidad de una ley penal antidiscriminatoria
La invocación a la nacionalidad del Papa Francisco que habilitó la golpiza y denigración de una pareja en una fiesta privada en San Isidro, manifiesta el apuro con que debe ser tratada a nivel nacional una ley que proteja la libre expresión y ejercicio de la sexualidad. "Es repudiable cualquier intento de instalar actos de violencia como éste, motivados por el fanatismo religioso del que fueron víctimas Pedro Robledo y Agustín Sargiotto".

Al momento de la agresión, la pareja se encontraba en una fiesta privada de San Isidro junto a otras 200 personas. Empezaron a bailar juntos, a besarse, y eso disparó la reacción violenta de un grupo que se arrojó a golpes contra ellos, en especial hacia Pedro. Los atacantes se valieron de la condición de argentino del Papa, remarcando que la homosexualidad "es un pecado" y que "ahora el Papa es de todos los argentinos y ustedes son una vergüenza para la Argentina". Finalmente, Pedro fue trasladado a un centro médico con severas marcas en su rostro.

La legisladora de la Ciudad de Buenos Aires y activa defensora de los derechos humanos de la diversidad, María Rachid, declaró: "Desde mi rol de diputada y desde la Mesa Nacional por la Igualdad expresamos nuestra profunda preocupación por las agresiones y reforzamos la exigencia de una ley penal antidiscriminatoria. En nuestro país el matrimonio igualitario es un derecho adquirido hace dos años, y tememos que algunos se excusen en la elección de un Papa argentino para intentar anular violenta e impunemente cualquier expresión de diversidad. Por eso es urgente adoptar medidas no sólo de castigo a los agresores, sino también las preventivas para garantizar que estos hechos no se reproduzcan como consecuencia de un brote en el resto del país". Y agregó: "La posición histórica de violencia discursiva del Papa Bergoglio y la Jerarquía Católica en todo el mundo, son las que terminan avalando estos hechos de violencia. Por eso algunos no celebramos ni confiamos en Francisco Primero. Espero que podamos avanzar pronto en herramientas para proteger a nuestra comunidad de esa violencia."

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