El atajo a veces es un camino más largo y costoso

Hernán de Goñi

Administrar el comercio internacional es una expresión genérica de una política que adopta formas muy diversas. En el mundo casi no quedan defensores de la liberalización comercial. Eso significa que hoy todos los países aceptan que haya un grado de intervención razonable en esta materia. Sin embargo, el esfuerzo que reclama la comunidad global es que esta atribución sea ejercida de acuerdo a reglas prefijadas y respetadas por las partes.

La guerra de monedas no es otra cosa que una batalla por manejar los flujos comerciales y financieros entre las grandes potencias. Pero un dato que no hay que pasar por alto es que el tamaño de los que pelean influye en el resultado. Los países menos favorecidos por los flujos de capital ponen mucho empeño en abrir mercado para sus exportadores, porque apuestan a que más compañías se radiquen en su territorio, expandiendo su actividad y creando empleo.

En la Argentina, la administración de la balanza comercial está imantada por la política cambiaria. Tratar de elevar el superávit a través de decisiones que cambian de un mes a otro, y que nadie firma ni fundamenta en público, es un atajo que puede ayudar a retener dólares pero no a traer inversiones.

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