Dos encuestas la colocan al frente de las intenciones de voto
PARIS.- Un sismo estremece a la clase política francesa, que en forma masiva cuestiona la fiabilidad de los sondeos en Francia y pide regular la transparencia de las encuestas.
Ese terremoto estalló después de la conmoción causada por dos recientes encuestas que pronostican que Marine Le Pen, la nueva líder del partido ultraderechista Frente Nacional (FN), encabezará la primera vuelta de las elecciones presidenciales previstas para dentro de 13 meses.
Dos sondeos divulgados por el instituto Harris Interactive el 6 y el 8 de marzo colocaron a la heredera de Jean-Marie Le Pen al frente de las intenciones de voto para la primera vuelta de las elecciones de 2012. En la encuesta del domingo, la candidata del FN obtendría 23%, contra 21% del presidente Nicolas Sarkozy e igual porcentaje de Martine Aubry, actual primera secretaria del Partido Socialista (PS) francés.
Pasada la primera sorpresa, los críticos señalaron de inmediato que Harris Interactive había cometido un error importante al no incluir en el sondeo al candidato favorito de los franceses hasta ese momento, el socialista y actual director general del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn. También surgieron críticas por la metodología empleada en el sondeo, efectuado por Internet. "Es un método favorable al FN", precisó Jérôme Sainte-Marie, director del Instituto CSA.
Una nueva encuesta publicada anteayer por Harris provocó una segunda conmoción: en la hipótesis de que el candidato de la izquierda fuese Strauss-Kahn, Le Pen igual obtendría el primer lugar, con 24% de los votos, seguida por el candidato socialista, con 23%, mientras que Sarkozy, con 21%, quedaría eliminado. Si se llegara a dar este escenario, sería la primera vez que un presidente de la V República, fundada por el general Charles de Gaulle en 1958, quedara eliminado en la primera vuelta y no accediera al ballottage.
También es la primera vez en esos 53 años que la extrema derecha encabeza las intenciones de voto para la primera vuelta de una elección presidencial.
Cuando faltan 13 meses para las elecciones, esos sondeos no sólo provocaron polémica, sino que reavivaron el traumatismo que vivió Francia el 21 de abril de 2002, cuando Jean-Marie Le Pen, padre de la actual candidata del FN, eliminó en la primera vuelta al socialista Lionel Jospin.
"La verdad es que la clase política tiene miedo, porque siente que está desconectada de las preocupaciones de los franceses y que hay una unión muy fuerte que se está construyendo entre el Frente Nacional y el pueblo", afirmó Marine Le Pen.
"Me da miedo. Tengo miedo de una Francia xenófoba, de una Francia del Frente Nacional", reconoció, por su parte, Bernard Debré, diputado del partido de Sarkozy, Unión para una Mayoría Popular (UMP).
Ese miedo, compartido por millones de franceses, no alcanza para ocultar el hecho de que el avance del FN es una realidad. "La progresión es verdadera", señala François Miquet-Marty, del instituto Viavoice. El mismo avance fue verificado por IFOP el 17 de febrero durante una encuesta realizada para el diario France Soir.
Aparentes irregularidades
Mientras en la clase política se acusan mutuamente de haber provocado esta situación, los especialistas prefieren estudiar con lupa los métodos usados por Harris Interactive, acusado por muchos de haber cometido varias irregularidades.
Así, por ejemplo, el influyente diario online MediaPart denunció que la encuestadora remuneró a los miembros del panel que participaron en ambos sondeos.
En su sitio de Internet, Harris Interactive reconoció que existe un "incentivo" financiero para motivar a responder a todo tipo de representantes de la sociedad. "Sin ese «incentivo» -precisa-, hay riesgo de sobrerrepresentación de los más politizados."
La encuestadora utiliza un sistema de participación que permite ganar premios (cheques) mediante un sorteo. Por escandaloso que resulte, el método parece ser bastante común. Frédéric Dabi, del instituto IFOP, admitió que su empresa "indemniza" a la gente por el tiempo que pierde respondiendo. "Los inscribimos en un programa de fidelización, que significa 10 centavos de euro por cuestionario, lo que es realmente simbólico", explicó. "No se trata de establecer relaciones mercantiles con los encuestados", afirmó.
Para poner fin a ese tipo de práctica, los senadores franceses de la mayoría de derecha presentaron un proyecto de ley que, sin embargo, no fue inscripto en la agenda de la Asamblea Nacional por los diputados. El texto pretende prohibir "todo tipo de gratificación" de los encuestados. También obligaría a los institutos de sondeo a precisar los porcentajes de "no sabe" y "no contesta" que reciben cuando proponen responder a un cuestionario.
Para el sociólogo Patrick Champagne, ése es uno de los puntos que desacreditan los sondeos cuando se realizan muy lejos del momento de las elecciones. "Los encuestadores indican una tasa de abstención que mezcla al mismo tiempo a aquellos que no quisieron responder y los que no tienen una opinión formada", explica. Según Champagne, en una época en que los electores se deciden cada vez más a último momento, esa "confusión" le quita credibilidad a la medición de la intención de voto.
Los precedentes franceses parecen darle la razón: en 2001, 13 meses antes de las elecciones presidenciales, Lionel Jospin aparecía ampliamente favorito para la primera vuelta. En el ballottage del 28 de abril de 2002, los franceses tanto de derecha como de izquierda tuvieron que votar masivamente por Jacques Chirac para evitar que Jean-Marie Le Pen llegara al poder.


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