El Arzobispo reiteró su llamado a los fieles a vivir al servicio de los demás

El Arzobispo reiteró su llamado a los fieles a vivir al servicio de los demás
“El odio, la envidia y la soberbia, ensucian la vida”, dijo monseñor Andrés Stanovnik recordando las palabras del papa Francisco. Cientos de feligreses participaron ayer de la liturgia del viernes santo en la Catedral. El conductor de la grey local instó a hacer un giro radical.

Nuevamente la Iglesia Catedral “Nuestra Señora del Rosario” estuvo colmada de fieles que participaron de la celebración litúrgica de la Pasión de Cristo. Mentando al papa Francisco, el Arzobispo volvió a llamar a mantener una vida al servicio de los demás.

A las 16 de ayer monseñor Andrés Stanovnik, el clero de la Iglesia Catedral y cientos de fieles se arrodillaron frente al altar en el templo de “Nuestra Señora del Rosario”. Para el credo cristiano no era una ocasión más ya que se celebraba la Pasión de Cristo, liturgia en la que se recuerda la muerte de Jesús.

Por ese motivo, según marca la tradición, no se ofician misas en todo el mundo. No así, se conmemora con una celebración litúrgica. Durante la homilía, el conductor de la iglesia correntina recordó el sacrificio de Cristo. “Por nosotros bajó del cielo y por nuestra causa fue crucificado, muerto y sepultado. Por el inmenso amor que Dios nos tiene, él se acercó a nosotros y nos abrazó”.

“El amor cuando es verdadero afecta, asume y renueva. Por eso el que contempla a la cruz y lo abraza en su corazón recobra la esperanza y se siente profundamente transformado”, expresó el prelado.

“El viernes santo es un día para acompañar a Jesús en el insondable misterio del dolor de la muerte, consecuencia del pecado de los hombres. Recordemos lo que dijo el papa Francisco en la homilía de inicio de su Ministerio Petrino que el odio, la envidia y la soberbia, ensucian la vida”, manifestó monseñor Andrés.

“Es necesario vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón porque de ahí vienen las intenciones buenas y malas, las que construyen y las que destruyen”, expresó el Arzobispo de Corrientes.

“Esas palabras nos deben llevar a pensar cuánta responsabilidad nos trae a cada uno en particular prolongar la Pasión de Jesús cuando tratamos mal a los otros, cuando no cumplimos con responsabilidada las obligaciones conyugales, familiares, y laborales; o cuando arrinconamos a Dios sólo en los momentos en los que sentimos necesidad de él”, prosiguió Stanovnik.

“Al contemplarlo crucificado supliquemos que nos alcance la gracia de hacer un giro radical y sincero de nuestra vida. El papa Francisco también nos recordó en su primera homilía cuál es la clave para hacer un giro radical: ‘Yo quisiera también’- dijo- ‘que después de estos días de gracia tengamos el valor de caminar con la cruz del señor, edificando la iglesia sobre la sangre del señor que derramó en la cruz y de confesar la única gloria: a Cristo crucificado”, enfatizó monseñor Andrés.

“Con la misma intención que nos ponen estas palabras hemos iniciado ayer la celebración del Triduo Pascual”, sostuvo el conductor de la feligresía correntina. Y recordó que con el relato del lavatorio de pies Jesús “lleva a su máxima expresión el amor que es dar la vida por amor. Ese es el momento culminante de la historia”.

“El sentido de la vida cristiana encuentra su verdadera orientación si la vivimos a la luz de Cristo crucificado. Pero aún la sana razón nos dicta que es simplemente humano poner la propia vida al servicio de los otros. Por eso son muchos los hombres y mujeres que aún sin profesar la fe cristiana descubren que el amar de verdad es darse a si mismo, sacrificarse; entienden que así la vida tiene sentido y vale la pena vivirla. Pero la fe nos hace ver mucho más alla de la simple condición humana. Dios en persona recorrió ese camino de darse a si mismo hasta el final”, aseguró el Arzobispo.

El conductor de la feligresía local indicó que “Jesús camina resucitado en medio nuestro invitándonos a poner su cruz, a caminar en esperanza, y a sostenernos mutuame mediante el servicio humilde y generoso a los otros”.

Luego de la homilía se elevaron intenciones por el papa Francisco, el Arzobispo, los creyentes y los no creyentes, los catecúmenos y los gobernantes. Después los fieles adoraron a la Cruz e ingresó la imagen de la Virgen Dolorosa que luego formó parte del cortejo, junto al Cristo Yacente, de la procesión que se extendió alrededor de la Iglesia Catedral.

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