El ex ministro de Desarrollo Social de la Nación y actual colaborador de Mario Meoni negó que exista un proceso de “conurbanización”, aunque advirtió sobre el crecimiento de importantes problemáticas sociales en Junín. Explicó el fenómeno de los jóvenes “ni-ni” y aseguró que la primera etapa del proyecto que encabeza está siendo “exitoso”.
En este sentido, explicó el fenómeno de los jóvenes “ni-ni” y aseguró que la primera etapa del proyecto que encabeza, “Oportunidades para jóvenes”, está siendo exitoso.
-¿Con qué situación se encontró al llegar a Junín?
-Me encontré con mucha gente preocupada por la problemática de los jóvenes. No sólo del Estado, sino también de organizaciones sociales y del sistema educativo; y con mucha presencia de organizaciones en los barrios.
Creo que lo que se está armando está bien fuera de la cuestión política, que no está asociado a tal partido, a tal línea de trabajo y eso ha ido ayudando. Seguramente falta más gente, faltan más tutores, pero me encontré con una comunidad que tenía muy claro que incluir a los jóvenes era una prioridad y en función de eso hemos podido trabajar. Lo que hice yo es ir orientando, pero estoy muy contento con lo que se consiguió hasta aquí.
-¿En qué proyectos está trabajando?
-Estamos realizando un trabajo en tres etapas: la primera, que ya pasó, era un poco sentarse con las distintas áreas del gobierno municipal y con las organizaciones sociales para ver cómo veían la situación, cuáles eran los problemas y el tema de la falta de oportunidades de los jóvenes, no solamente de los que cometen delitos, sino del conjunto.
Después vino una segunda parte que era diseñar un programa entre todos: definir el alcance, identificar a los tutores en cada barrio y, en función de eso, definir el programa. Y la tercera etapa tiene que ver con poner en marcha el programa, que ya empezamos.
Hoy tenemos un programa que tiene tres partes: una es apoyar proyectos de jóvenes, ya sean emprendimientos productivos, culturales, deportivos o de capacitación; la segunda es apoyar a las organizaciones sociales que están trabajando en la temática; y la tercera es tener una línea específica de trabajo en lo que tiene que ver con apoyar el servicio local, el apoyo a los chicos con mayores dificultades.
- ¿Con qué universo de jóvenes se trabaja en Junín?
-La idea no es hacerlo focalizado, no es tomar un barrio sí y otro no, sino tener un presupuesto -que en la primera etapa es de un millón de pesos- para financiar proyectos.
Hay chicos, por ejemplo, que quieren participar activamente en competencias de bicicletas y necesitaban mejorar su bicicleta, o una bandita de música, o un grupo de pibes que van a encarar algún oficio. También hay proyectos intermedios, que son financiar organizaciones sociales; y proyectos más asociativos. Pero la idea es que esto sale por proyecto, no es que a tal grupo sí y tal otro no, sino que vamos avanzando a medida que nos vamos reuniendo con los tutores. Es para todos los jóvenes de Junín y para todos los barrios.
Es un programa de crear oportunidades y acompañar con proyectos a todos los jóvenes. Por supuesto que la prioridad es para quienes están en peor situación, pero se trabaja en todos los barrios.
Hay unos formularios para llenar los proyectos y a medida que los tutores van avanzando, hay un comité que los evalúa y se ponen en marcha. El universo es el conjunto de los jóvenes entre 14 y 24 años en Junín.
Arrancamos con un millón de pesos, pero la idea es ir renovando ese presupuesto y que sea un programa constante y que quede los próximos cinco años en Junín.
-A diferencia del conurbano, en Junín no hay cocinas de cocaína y todavía no se habla del paco. Sin embargo, los especialistas advierten sobre un crecimiento de las adicciones, ¿cómo se trata el tema?
-Es una situación distinta a la del conurbano, en el sentido de que allá está muy masificado. No sólo hay cocinas de paco, sino que es un modo de vida de la familia. En el conurbano, un chico que trabaja o hace una “changuita”, cuando vuelve al barrio gana menos que el que está vinculado a la droga o el que está vinculado a la política. Entonces ese chico se pregunta si eso tiene sentido y muchas familias van por ese lado.
Me parece que en Junín no es así, sino que es un problema de aumento de las adicciones, como hay en todos lados. Por eso estamos trabajando fuertemente con las áreas de salud. Yo tengo mucha fe de que estas áreas detecten las problemáticas de adicciones y de que se puedan fortalecer y crear centros especializados, que todavía no los hay.
Una fortaleza que tiene Junín es que tiene bastante desarrollado su sistema de salud. Hay centros de salud con asistentes sociales y distintas personas, lo cual da una oportunidad de detectar rápidamente y de tomar un lugar de atención directa. Pero eso es de una escala muchísimo menor que en el caso del conurbano, Rosario, Córdoba o de los grandes centros urbanos.
-¿Qué lleva a un joven a ser ni-ni?
-Hay diversos factores. Un factor importante es que estamos en una crisis importante en la escuela secundaria. La mitad de los jóvenes desocupados tienen la secundaria completa y la otra mitad no. Muchos jóvenes ven claramente que lo que aprenden en la escuela secundaria no tiene nada que ver con la vida ni con el trabajo. O sea, para un joven lo atractivo de la vida pasa fuera de la escuela mucho más que adentro. Entonces eso hace que haya una tendencia a aburrirse.
Una segunda cuestión significativa tiene que ver con la falta de oportunidades. Por eso este programa se llama “Oportunidades”, porque muchos jóvenes efectivamente enganchan changuitas que no les sirven demasiado o no le encuentran la vuelta a la escuela, o están desanimados.
El adolescente, naturalmente, está en una situación de cierto desánimo, pero la problemática ni-ni tiene que ver con la sensación de que no hay futuro, que cualquier cosa que haga no funciona.
Y después hay un tema fuerte con el tema del embarazo adolescente. El 30% de las madres son menores de 24 años en la Argentina, con lo cual muchos de los ni-ni son mamás jovencitas que, a raíz del embarazo, van cambiando su situación y se van complicando cada vez más.
En ese paquete, lo que veo es que si fortalecemos las líneas de trabajo con la Escuela y se generan oportunidades, se les está abriendo el panorama para que por lo menos una parte de los jóvenes realmente vean que tienen alguna chance de mejorar su situación.
-¿Ve alguna relación entre la creciente inflación, los problemas económicos y el problema de los ni-ni?
-Los sectores pobres gastan el 80 por ciento de sus ingresos en alimentos y movilidad, con lo cual la inflación los golpea directamente. Pero yo no veo una relación entre la inflación y el aumento de los jóvenes ni-ni, sino entre inflación e informalidad laboral.
El 2011 fue un buen año, por ejemplo, de crecimiento económico para la construcción; 2012 fue un mal año. O sea que va girando del mercado formal al resto y va complicando. Eso, de rebote, les llega a los jóvenes, porque si sus familias están mal, tienen la impresión de que no van a ningún lado y ni quieren arrancar. Pero sobre todo la inflación empeora las condiciones de trabajo, la cantidad de trabajo informal y empeora las changas.
-En Junín se ha hablado mucho de la existencia de un proceso de “conurbanización” ¿Está de acuerdo?
-A mí me parece que no. En los conurbanos se dan todos los problemas juntos: hacinamiento, violencia, adicciones, trabajo informal, problemas con el sistema escolar. Todo eso junto es lo que saca a cualquier persona y ese es el fenómeno de los conurbanos.
A mí me parece que la realidad de Junín y de otras ciudades es distinta. Algunos problemas se van acercando, como la problemática de las adicciones, las viviendas, cierto aumento de la violencia en el hogar, pero la escala, la densidad que tienen los conurbanos, es distinta.
El fenómeno del mal vivir, de estar tensos, complicados, no se da. Sí van aumentando ciertos problemas, pero yo no hablaría de “conurbanización”.


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