Denuncian que decenas de personas fueron detenidas en redadas en varias ciudades del país; siguen las protestas contra Al-Assad
DAMASCO.- Tras dos días de sangrientos tiroteos contra manifestantes, que dejaron 121 muertos, y a pesar de la intensa presión internacional, el presidente Bashar al-Assad intensificó ayer la ola de represión contra el levantamiento popular en Siria con una masiva ola de arrestos de opositores.
Según varios testigos, las fuerzas de seguridad realizaron los arrestos en algunas localidades de los alrededores de Damasco, en un intento aparente de frenar una masiva marcha de opositores en la capital, bastión desde el cual la familia Al-Assad ejerció 40 años de brutal dictadura.
Aunque la información desde Siria es escasa, por la estricta censura del gobierno (ver aparte), una militante de la localidad de Saqba dijo ayer que allí habían desaparecido unas 100 personas, presuntamente a causa de los arrestos de las autoridades. Por su parte, Wissam Tarif, director ejecutivo de Insan, un grupo sirio de derechos humanos, dijo que su organización había recopilado el nombre de 217 personas que habían desaparecido desde el viernes pasado.
Tarif añadió que su organización había documentado nombres de desaparecidos en 17 ciudades y pueblos. "Es algo que no para. Siguen agregándose nombres", alertó.
"Decenas de arrestos tuvieron lugar en varias ciudades del país", ratificó el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, con asiento en Londres. La ola de detenciones se produjo dos días después de la muerte de por lo menos 110 personas el viernes pasado, cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra manifestantes en 14 ciudades.
Hasta ahora, la jornada más sangrienta desde el comienzo del movimiento de protestas, el 15 de marzo, había sido la del 23 de marzo, en Deraa, uno de los epicentros de la rebelión, durante la cual murieron 100 personas. Por lo menos 12 personas más fueron asesinadas anteayer, durante los funerales de los muertos del día anterior, en los que participaron miles de opositores.
"Esto no va a detenerse. Va a haber mucho más derramamiento de sangre", vaticinó Tarif. De todos modos, el alzamiento popular ya está provocando las primeras fisuras en el régimen: anteayer renunciaron dos diputados independientes, en protesta por la ejecución de manifestantes.
Las masivas redadas de las últimas horas parecen reforzar los reclamos de la oposición, en el sentido de que la reciente eliminación del estado de emergencia -que duró décadas- no ofrece protección contra las detenciones que realizan las fuerzas del régimen. La norma, que fue recientemente derogada por Al-Assad, hecho calificado de "pura retórica" por los opositores, prohibía las reuniones de más de cinco personas y ha servido para desmantelar cualquier disenso público.
Desde su llegada al poder en 1963, el partido Baath, de Al-Assad, ha mantenido una férrea y sangrienta represión contra cualquier disenso, con cerca de 20.000 muertos. Esta ofensiva se ha intensificado en los últimos días, en los cuales los sirios comenzaron a salir a las calles, inspirados en los levantamientos populares que derrocaron a líderes autocráticos en Egipto y Túnez.
La continua represión también se cobró varias víctimas fatales ayer. Cuatro personas murieron y otras resultaron heridas ayer a manos de las fuerzas de seguridad en Jable, cerca de Latakia (noroeste).
Con estas cuatro muertes, denunciadas por un vocero del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, el balance de víctimas desde el inicio de la rebelión se eleva a 352.
Las muertes se produjeron después de la visita del nuevo gobernador de la región a la ciudad de Jable. "Cuando el funcionario se marchó de la ciudad, la policía la cercó y comenzó a disparar contra los manifestantes", agregó el vocero. Poco después del anuncio de las muertes en Jable, unos 3000 habitantes de Banias, ciudad situada a unos 50 kilómetros de Latakia, organizaron en solidaridad una sentada en la autopista que une Latakia con Damasco, según la misma fuente.
Por otra parte, miles de sirios llamaron ayer a derrocar a Al-Assad durante los funerales de manifestantes que murieron a manos de las fuerzas de seguridad en la sureña ciudad de Nawa, según un testigo. "¡Larga vida a Siria! ¡Abajo Bashar!", gritaban los manifestantes durante el funeral.
Mientras tanto, la presión internacional sobre Damasco seguía en aumento: el grupo defensor de los derechos humanos Human Rights Watch hizo un llamado para que la ONU abriera una investigación sobre los ataques del viernes y el sábado contra los manifestantes.
El grupo, con sede en Nueva York, también consideró que Estados Unidos y la UE deberían imponerles sanciones económicas a los funcionarios sirios que son responsables del uso de la fuerza contra los manifestantes.
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