"Me arrepiento de la vida que hice"

"Me arrepiento de haber sido jugador, de haber estudiado Medicina, de haber sido campeón, de haber sido director técnico, de haber jugado finales y de haber ganado la Copa del Mundo", sentenció Carlos Bilardo.
El hombre que tiene la posibilidad de arrepentirse de esos hitos es Carlos Salvador Bilardo. Lo afirma y admite en su libro autobiográfico Doctor y campeón, publicado por Editorial Planeta. Cuando terminó el secundario se anotó en Medicina, en la Universidad de Buenos Aires. Su objetivo era recibirse y abrir un consultorio en La Paternal, el barrio donde se crió. El dinero que planeaba juntar como jugador en las inferiores de San Lorenzo, tenía ese destino dibujado. Su carrera futbolística modificó por completo esos planes, pero él supo conjugar los entrenamientos con las prácticas en el hospital y, finalmente, convertirse en ginecólogo.

–¿Le gustaría haber ejercido la Medicina?

–Me gustaba ayudar al cirujano, pero después no quise saber más nada. Ahora tenés miles de recursos, pero antes era bravo, muy bravo. Es como dijo Favaloro, en algún lado tengo guardado el artículo donde lo dijo: "Si no estudié el domingo me atrasé." En Medicina es así, si no vas un mes a un sanatorio, cuando volvés te enloquecés. Hace poco me invitaron a dar una charla en el Aula Magna de la Facultad de Medicina de la UBA, me dijeron que iban a ir alrededor de 300 pibes, pero yo le dije al que organizaba: "¿Sabés cuál es el problema? Yo no puedo hablar en el Aula Magna, ahí daba clases Houssay, ahí aprendí con los número uno. ¡Buscame un baño, una pieza, lo que quieras pero al Aula Magna no voy!" Entonces, me pusieron en un aula más chica porque si no, no iba.

–¿Aplicó la Medicina en el fútbol?

–Sí, a mí lo que más me marcó fue el día que un profesor nos asignó un paciente a cada estudiante. Cuando estábamos haciendo las rondas se acerca al mío y yo le informé que había hecho el control y estaba todo normal. Entonces el profesor ausculta a mi paciente y me dice: "No, tiene un soplo, ausculte de nuevo." La verdad es que ausculté otra vez y no escuchaba nada, para mí era un tic-tic-tic perfecto, pero por las dudas le dije: "Ah, sí, un soplo, aquí está". Y el doctor me contestó: "No, Bilardo, es un paciente sano y no tiene nada. El médico es usted, consulte con todos los que quiera pero el que tiene que decidir y solucionar las cosas es usted." Eso fue lo que hice siempre con mi carrera futbolística, nunca me dejé influenciar.

–En el capítulo final de su autobiografía dice que se arrepiente de todo, ¿por qué?

–No estoy arrepentido de todo, pero sí de haber hecho la vida que hice. No tuve nunca vacaciones, no sé lo que son. En el verano me fui con Gloria una semana a Mar del Plata y al segundo día me quería volver, me aburría.

–¿Prefiere estar ocupado todo el día?

–Cuando entré en la Facultad a los 19 años me ponía a estudiar a las 9 de la noche, después de escuchar en la radio a Los Pérez García, que era como ver hoy a Tinelli. Le daba hasta las 6 de la mañana, y me daba cuenta de la hora porque vivía cerca de la fábrica de cigarrillos Particulares y se escuchaba la sirena. Hice la práctica en el Hospital Alvear. Cuando no tenía pacientes me iba con los doctres a patear a la cancha que tenía el hospital y, a la noche, las enfermeras me avisaban si había camas libres para que pudiera dormir. Así fui toda la vida...

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