En un nuevo marco de arrendamiento de tierras ante el contexto agropecuario frente a la crisis, los contratos no serán iguales a los pasados años de esplendor que vivió el campo.
“Un campo de cincuenta o sesenta hectáreas estará muy al límite de ser rentable y es casi imposible que el productor pueda hacerse de tecnología para trabajar su predio.
Miguel estimó que el valor pactado para los alquileres entre productores y contratistas podría bajar entre un 20 y 25 por ciento porque estaban sobredimensionados”.
“La realidad es que se tendrían que ubicarse en el lugar que debieron haber estado siempre. Acá hay arrendamientos de todos valores, pero se opera desde 16 y 17 quintales de soja por hectárea y por año hasta 20 y 21. De 15 quintales prácticamente no hay. Todo hacia arriba. Ahora considero que habrá que descontarle un 20 por ciento, por lo menos, esto es entre 14 y 15 quintales, y algunos de 16 de acuerdo también a los valores internacionales del cereal”.
Sin referencia
Recordó que “antes había un mercado de referencia, a futuro. Quien alquilaba vendía en razón de ese futuro con lo que ya tenía realizado el negocio. Ahora ha desaparecido ese mercado de referencia”.
“El productor creo que lo va a tener que aceptar porque dentro de los valores van a oscilar los nuevos precios de arrendamiento para el 2009. Los nuevos contratos se van a hacer así ya en junio o julio cuando se comiencen a renovar”, expresó el dirigente de FAA, destacando que en Junín “hay muchos contratistas”.
“Todo el que tiene un campo chico –entre 50 y 60 hectárea- le conviene o le convenía, arrendar y ahora tendrá que hacer números. No puede contar con una sembradora que cuesta doscientos mil pesos para trabajar pocas hectáreas. Entonces lo terceriza”.
Miguel admitió que a la luz de los nuevos contratos hoy el productor con esas hectáreas estaría al límite de la rentabilidad, ni tampoco puede empezar a comprar herramientas de punta”.
PARA RECUADRO
El mapa de la producción distrital
De las 226.000 hectáreas aproximadas que tiene como superficie total el partido, se destinan a la producción alrededor de 200.000, mientras que el resto está ocupado por lagunas, radio urbano, rutas y caminos.
De esas 200.000, alrededor de 70.000 hectáreas, de las cuales muchas son bajos y sin aptitud para la agricultura, las ocupa la cría de ganado y pasturas. Quedan para cultivar unas 130.000.
Años atrás, el productor cuando tenía esperanzas también en el maíz y trigo, de esa superficie, casi la mitad, alrededor de 60.000, destinaba a la siembra de soja de primera y unas 35.000 a la soja de segunda. El maíz ocupó entre 25.000 y 30.000 hectáreas, y para el trigo una cantidad similar. El resto estaba reservado a otros cultivos de menor incidencia en la economía de la región.
Una de las características que también tiene el distrito es la gran subdivisión de la tierra, con muchas unidades económicas pequeñas y que en muchos ciclos son poco rentables. De más de 1.100 que había en una época, existen entre 800 y 900. Lo que ha aumentado es la superficie trabajada por cada productor y casi el 60% de la superficie destinada a la agricultura está trabajado por contratistas.
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