Ya entregaron las primeras remesas de mercadería y tienen otro medio centenar de pedidos. Largaron con máquinas usadas y ahora esperan que le envíen una aspersora desde los Estados Unidos.
Tal como lo expresó el mismo día de la hoguera desatada en Gobernador Guzmán 1963, el empresario se ató a la voluntad de comenzar otra vez y lo logró: desde hace dos semanas tiene nuevamente en marcha JUCEPI, la pequeña industria que bautizó con las primera sílabas de los nombres de sus tres hijos y que ahora funciona en el kilómetro 7,5 de la ruta A005, en un local que había alquilado con la idea de trasladarse, antes del infortunio que lo despojó de la totalidad de las herramientas, las matrices de fabricación y 250 mil pesos en mercadería lista para entregar.
"Un lunes se quemó todo y el miércoles teníamos más ganas de trabajar que antes.
Nosotros la pasamos feo desde que arrancamos. Y recién tuvimos momentos buenos en los últimos años, porque había mucho trabajo. Yo quiero tener la fábrica como la tenía. Y va a ser mejor, con mayor tecnología. Queremos llegar a producir el doble de lo que hacíamos. El incendio ya pasó. Yo creo que Dios nos puso a prueba", afirmó optimista.
Este hombre, que comenzó arreglando paragolpes en el galpón de su casa y logró ser proveedor de fábricas de las más grandes del país, no se quedó con los brazos cruzados. Compró herramientas de mano, una máquina aspersora usada y la reparó, y cambio el auto de su hijo por un motocompresor, con enarenadora, y arrancó una vez más, como otras veces, en las que debió cabalgar por la adversidad.
Ahora, su papá le está fabricando una máquina para lustrar, pulir y cortar, que espera tener lista en dos semanas. Está construyendo un cartel de grandes dimensiones y piensa hacer un cerramiento en el nuevo local y una oficina, mientras aguarda que llegue desde Estados Unidos una aspersora de fibra de vidrio, para la cual el Gobierno de Córdoba le dará un crédito a tres años, que le permitirá pagar el 50 por ciento.
"Me está haciendo falta una termoformadora. La que teníamos constaba de 18 cámaras de gas, que calentaba el plástico y moldeaba por vacío. Y una máquina para hacer los colores de la pintura", comentó Bergonzi, al tiempo que contó: "Siempre fui un tipo que me gustó progresar, ir para adelante. Lo que tenemos es nuestro y se hizo trabajando. Arrancamos hace trece años. Fue cuando nació mi hija más chica, que tuvo meningitis. Mi esposa trabajaba en un supermercado y yo puse un tallercito. Con mi viejo hicimos una máquina para hacer termoformado y reparaba paragolpes. Cuando arranqué no tenía plata para la materia prima. Mi viejo me prestó unos pesos y cuando compré las primeras planchas, salí a buscar trabajos. Así empecé de la nada y con la nena enferma. A ella había que ponerle unas inyecciones que costaban fortuna y mucha gente me ayudó para poder salir adelante".
Inventiva patentada
"Diseñamos una placa, que hemos patentado. Son laterales para los camiones, acoplados, carrocería, todo eso. En el 2001 empecé a trabajar con empresas importantes, pero seguía en el galpón de mi casa. Y hace cinco años pusimos la fábrica en la calle Gobernador Guzmán", dijo Daniel.
"Algunas cosas no podemos hacer porque nos faltan maquinarias. Pero los clientes nos han dicho que nos van a esperar. Estamos haciendo lo más urgente. Tenemos más de 50 pedidos", afirma, mientras saca una pila de papeles con la demanda. "Tenemos trabajo asegurado hasta marzo del año que viene", se ilusiona. Y agrega: "La semana pasada mandamos mercadería a Gualeguaychú. Y el martes se van a llevar esto -muestra las chapas que están en proceso de producción-. Lo pudimos hacer porque los proveedores mandaron materia prima, sin que yo tuviera plata".
Respecto de aquel fatídico día del incendio, Bergonzi recuerda: "Estábamos contentos, porque era la primera vez que habíamos terminado el trabajo y las cargas temprano. Habitualmente, se terminaba entre las 7 y las 9 de la noche. Todo había quedado listo a las 5 de la tarde. Y nos fuimos cada cual a su casa. De no haber sido así, hubiéramos estado en la fábrica y no se habría producido tanto daño".
"Perdí cerca del millón de pesos. Las máquinas costaban unos 400 mil pesos y había 250 mil en mercadería. Y todo lo que es la matricería. Hubo que hacer todo de nuevo".
"Me llamaron para decirme que se incendiaba todo"
Andrea Magoia (38), desde los 19 años está casada con Bergonzi, con quien compartió el esfuerzo de hacer la empresa que después vio derretida, en un par de horas. Dijo:
"Cuando se incendió la fábrica teníamos mucha mercadería para entregar, con lo que íbamos a pagar a los proveedores. Y lo poco que teníamos guardado hubo que invertirlo para empezar de vuelta"
Y siguió: "Nos dimos cuenta de cuánto había y se perdió. Nosotros pensábamos cuántas horas de trabajo le habíamos puesto a esto. A veces eran las 3 de la mañana e íbamos a cargar".
"Yo salí a las 5,30 y no alcancé a llegar a mi casa que me llamaron para decirme que se incendiaba todo", recordó esta mujer, que a los cuatro días debió someterse a una cirugía programada para sacarse el cuello del útero, por lo cual recién ahora se está reincorporando al trabajo.
"Aquel día fue terrible, pero tuvimos el optimismo de darle para adelante. Esa misma noche dijimos que íbamos a volver a empezar", dijo Juan Cabrera (31). "Nunca pensé en que me podría quedar sin el empleo. Estaba seguro que podríamos arrancar otra vez", enfatizó.
Facundo Robledo (24) es otro de los empleados y dijo: "Estoy agotado, pero hay que laburar. Estamos atrasados, se nos complicó mucho todo".
"Yo sabía que íbamos a empezar de nuevo y rápido, porque conozco a la gente con la que estoy".
"Estoy orgulloso, porque salimos a flote. Estaba convencido de que iba a ser así, porque conozco a las personas que hacen esto", dijo Fernando Cáceres (20). "Gracias a Dios tenemos todo de vuelta. Fue algo triste. Pero, ahora nos reímos. Se hizo con el esfuerzo de todos".
Comentá la nota