¿Rentabilidad o sustentabilidad?

Se coincide en que hay menos productores, menos producción y menos nutrientes. Y que, en el caso del trigo, no hay que medirlo por la renta económico, sino por la sustentabilidad de la tierra. ¿El futuro? Ser más eficiente: menos kilos, más calidad.
Para Juan R. Balfour, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa, no hay margen para considerar que la agricultura ha tenido una década ganada.

"Estamos con menos productores, menos producción y sin los nutrientes en el suelo. Acá no hay nada ganado", aseguró.

"Ahora, la visión de una década ganada es según como se mire. Si ha sido ganada porque subsistimos diez años más, cierto es que subsistimos algunos; no todos. Si es ganada por el término mismo, no hay nada más alejado de la realidad", agregó.

"La actividad dejó de ser rentable y, como recién ahora las entidades técnicas lo están diciendo, si no es rentable no es sustentable. Y la sustentabilidad en el sudoeste se ha ido perdiendo", sostuvo.

El dirigente y productor oriundo de la Sociedad Rural de Guaminí admitió que sí se siembra trigo, pero con el nivel actual de inversión para recuperar los nutrientes que se exportan deja de ser sustentable.

"Tampoco lo es que muchos productores empiecen a probar con cultivos que no son rentables. Algunos se han ido a la soja, o al maíz, en sitios donde la ecuación no da", explicó.

Balfour, quien ocupa la titularidad de CARBAP en reemplazo de Horacio Salaverri, se mostró indignado con lo sucedido con el trigo, el cultivo emblemático del sudoeste bonaerense.

"Es increíble cómo se ha llegado, a través de un relato, a hacernos creer que íbamos a comer el pan barato. Hoy, acá, se paga el trigo a 2.700 pesos (la tonelada), cuando el del precio internacional no puede pasar los $ 1.200", contó.

También hizo historia.

"En 2006, cuando se empezó a manosear el mercado, se hablaba de subsidios, de ROE'S y demás. Todos pensamos que sería pasajero y en beneficio del país en su conjunto, pero a medida que pasaron los años nos dimos cuenta de que era un relato para beneficio de 20 o 30 personas. Somos 40 millones de argentinos, podemos producir alimentos para 400 millones y... ¡hay 20 o 30 beneficiados con la política del trigo!", manifestó.

"Los molinos y los exportadores compraron el relato de este modelo, de que íbamos a exportar el trigo que sobrara para desenganchar el precio interno respecto del externo, pero hoy pagamos el doble de lo que vale el trigo en dólares en el exterior. Y encima no lo podemos exportar porque no hay; y al país no le entran las divisas que le hacen falta", añadió.

Respecto del futuro, Balfour señaló que las actuales medidas políticas apuntan a la soja.

"Siempre dijimos que el gobierno quiere, y necesita, cosechar lo que vamos a consumir y, muy poco más en trigo, y que el resto sea soja para que le ingresen dólares", mencionó.

"Como productor, yo no dejo de sembrar trigo porque está incorporado en la rotación. La idea es no pagar un precio por esta política nefasta en los nutrientes de nuestros campos dentro de 10 años", dijo.

"Básicamente, al trigo no hay que medirlo por la renta económica, sino por la sustentabilidad de la tierra", aclaró el dirigente.

Respecto de la promesa del gobierno de devolver las retenciones (del 23%) del trigo 2012/2013 a partir de 2014 por medio de un formato de fideicomiso, que aún no está reglamentado, Balfour comentó que, al igual que otros sistemas implementados, "se trata de más bolsones de corrupción".

"Pregunto: ¿Para qué me va a sacar lo que, luego, me va a devolver? Déjeme lo que tengo", aseguró.

"Una película con buen comienzo y mal final"

"En 2003 los productores venían de salir del endeudamiento del 1 a 1. (El presidente) Eduardo Duhalde les había licuado los pasivos; volvieron a ser empresas viables y con rentabilidad, lo que implicó una reactivación económica de todo el sector agrícola. Sobre todo en los primeros 2 o 3 años de kirchnerismo.

Se volvieron a comprar maquinarias. Se aumentó la inversión en tecnología y en insumos. La actividad volvió a tener resultado económico. Pero siempre tuvimos inflación que, año a año, nos fue limando esos buenos márgenes.

A su vez, en 2008-2009 tuvimos una de las peores sequías, que fue acompañado de un aumento de la presión fiscal".

Este es el guión de la película del productor Marcos Rebolini, de la zona de Coronel Suárez, en el límite con General La Madrid.

"Esto conllevó consecuencias como, por ejemplo, campos despoblados por varios años. Si bien aumentó, en algo, la superficie en agricultura, eso mismo implicó un aumento del riesgo por tratarse de zonas marginales", comentó.

Rebolini aseguró que muchos productores, sobre todos los chicos y medianos, salieron del negocio y que hubo una concentración de la actividad.

"El 70% de la superficie pasó a ser cultivada por el 30% de los productores", argumentó.

Respecto del trigo, sostuvo que, en estos 10 años, el gobierno intervino sistemáticamente el mercado e hizo bajar el precio a niveles que hicieron inviable la actividad.

"El resultado era obvio: en la última campaña se dio la menor superficie sembrada de los últimos 100 años. Y las conclusiones de la década ganada para el SOB se caen de maduro: hay menos productores (-30%) y disminuyó el área sembrada de trigo (-25%)", explicó.

"Preocupa la secuela de la crisis de sustentabilidad"

"Hubo varios componentes que hicieron que, hoy, lleguemos a una situación con escasez, como en el trigo, de la que nunca pensamos que podíamos estar. En realidad, creo que ha sido una década trastocada".

La consideración es de Alfredo Belardinelli, presidente de la Asociación de Productores de Tornquist.

"Sobre 2 millones de hectáreas que se siembran en el sudoeste bonaerense, que son 12 distritos, tenemos el 40% de esa superficie en gruesa y, de ella, más de la mitad es de soja", comentó.

"Es decir, crece la soja y eso trae riesgo de sustentabilidad en los campos, porque el tema económico es el que lidera. Si el objetivo es la rentabilidad de todas las partes, no nos vamos a olvidar rápidamente de todo esto", agregó.

Belardinelli, quien además es productor, señaló que en estos 10 años se perdieron muchos productores en el SOB, que representa 6,5 millones de hectáreas respecto de las 30 M/H del territorio bonaerense, aunque se encuentra sólo el 4% de la población.

"Lo que más nos preocupa es la secuela de la crisis de sustentabilidad, porque esto no se cambia con la asunción de otro gobierno", admitió.

Belardinelli comentó que se está perdiendo la sustentabilidad porque no hay un manejo integral de la actividad.

"No hay rotaciones, no se utilizan las herramientas adecuadas y sólo se usan las que más convienen. Hay que luchar contra la cultura, porque estas cuestiones, si bien nos han permitido sobrevivir, a lo que debemos apuntar es a evolucionar", argumentó.

También hizo alusión a las señales.

"En el campo no estamos acostumbrados a que nos cambien las reglas de juego. Somos inflexibles a eso; no tenemos capacidad de giro", comentó.

"Tenemos dos barreras a superar", sostuvo.

"Una es nacional. Son las políticas de Estado. Y la otra es seguir lidiando con lo regional, porque sería ideal la aplicación de la Ley del Sudoeste, que contiene diferenciaciones adecuadas a nuestra región", comentó.

"El gran desafío es avizorar que podemos crecer, en el largo plazo, con líneas crediticias acordes con la rentabilidad del sector y con una producción donde quede estipulada una garantía de compra o de valores con venta a término y demás. Acá hay que generar confianza, porque si se logra lo demás viene solo", explicó.

Insistió el productor en que, a través de la Ley del Sudoeste, se deberían implementar programas para medir los riesgos climáticos, ya que la zona está muy expuesta y con permanentes vaivenes en este sentido.

Belardinelli comentó que las producciones alternativas son una opción, siempre y cuando lo que se haga habitualmente no sea tan complicado.

"Hoy no se puede pensar en hacer hongos cuando es complicado vender un novillo", aclaró.

"Sí se podrían hacer producciones complementarias para sumar a las habituales, pero siempre volvemos a las señales, porque generar cambios de hábitos y costumbres para ingresar a otra actividad insume determinados costos, y no sólo económicos", indicó.

"Potencial desperdiciado"

Menos kilos, más calidad

"La agricultura en la región es un potencial desperdiciado.

Nosotros no tenemos que lograr muchos kilos, sino apuntar a la calidad. Es como en las carreras de resistencia y de velocidad; lo nuestro es la resistencia. Hay que ser más eficientes en ese sentido y no podemos comprar los eslogans de superproducciones de toneladas como sucede en otros sitios". (Textual de Alfredo Belardinelli).

Opinión

Una década inmersa en extremos

Por J. Gabriel Foco (*)

La actividad agrícola en el sudoeste bonaerense presenta una particularidad destacada en la última década: en estos últimos 10 años vio su máximo productivo histórico, al tiempo que, también, fue testigo de uno de los menores volúmenes de producción en su historia.

Los números indican que la región alcanzó su máximo productivo en la campaña 2004/2005, cuando se cosecharon más de 5 M/T entre los cinco cultivos más importantes desde el punto de vista de la comercialización de granos (trigo, cebada cervecera y forrajera, maíz, girasol y soja).

Esta producción se logró con una superficie sembrada de más de 2 M/H, cifra que también fue máximo histórico regional, situación que reflejó también una situación nacional y mundial que propiciaba el aumento en la inversión de productos agrícolas. Vale destacar aquí que, a nivel nacional, en esa campaña la producción tuvo un crecimiento interanual de más del 20%.

El área sembrada con los principales granos, indicador de las expectativas del productor y variable de ajuste ante escenarios adversos, se mantuvo en niveles altos (2 M/H) hasta la campaña 2008/2009, con resultados productivos diversos.

A partir de esa campaña, el clima y la profundización de las intervenciones del Estado en la comercialización granaria que, principalmente, afectó al trigo y en menor medida al maíz, al menos en la región SOB, hicieron que la producción agrícola mostrara un claro retroceso, tanto en superficie sembrada como en producción. Así, de las 2 M/H sembradas se pasó a poco más de un millón y medio, y de los más de 3,5M de producción promedio de las campañas anteriores, se pasó a niveles productivos de 1,5 M/T de granos en 2009/2010.

Luego del mínimo histórico, el clima, aunque si bien no volvió a ser tan benévolo como al principio de la década, volvió a dar otra oportunidad y, así, los productores volvieron a arriesgar, pero con un cambio importante a nivel de la composición productiva.

Surge así otra particularidad de la década, la cual radica en el cambio en la composición de la producción, con el avance de la soja en aquellas zonas más productivas en la casi totalidad de la década, acompañando la expansión del cultivo a nivel nacional. Por otro lado, y particularmente en los últimos años, con el crecimiento del área sembrada con cebada, reflejo de las restricciones para la comercialización del trigo pero, también, aprovechando el crecimiento de las oportunidades comerciales que ofreció el cereal, con nuevos mercados de exportación y aprovechamiento como forrajero.

Si bien las intervenciones en el sistema de comercialización tuvieron un efecto importante sobre la decisión de siembra, el clima también explica la caída de la producción agrícola de la campaña 09/10, cuando apenas se cosecharon tan sólo 1,5 M/T de todos los granos. Y este factor también explica el máximo de hectáreas perdidas en la región en dicha campaña, de más de 400.000H. Peor aún, este indicador de severidad del impacto climático ya había mostrado un valor similar en la campaña anterior, con lo cual, en sólo dos campañas los productores de la región perdieron, por el efecto clima, la inversión realizada en más de 800.000H y que, en términos económicos, puede situarse en torno a los u$s 200 millones.

Otro indicador de la gravedad del efecto climático sobre la región queda de manifiesto cuando se observa que esas más de 400 mil hectáreas no cosechadas en la campaña 09/10, representaron casi el 26% del valor del indicador a nivel nacional, cifra que en promedio era de aproximadamente el 6% en las campañas anteriores.

Aún bajo este contexto de extremos, el efecto del impuesto a las exportaciones, o retenciones como se conoce habitualmente, significó una reducción de ingresos para el sector agrícola de aproximadamente más de $ 9 mil millones, lo que representó casi un 30% de los ingresos brutos del sector (del orden de los 34.000 M/$ en la década), y eso considerando sólo los cuatro cultivos principales: trigo, maíz, soja y girasol.

Claramente, la década para el sector agrícola del SOB no tuvo un resultado positivo, ya que si bien permitió conocer máximos productivos, también sirvió para demostrar que la falta de una diferenciación efectiva a nivel impositivo y la necesidad de mejorar las prácticas bajo las cuales llevar adelante la producción agrícola, son caminos que deben empezar a recorrerse lo antes posible, si es que se desea que el sector agrícola de la región exprese su potencial productivo y se mantenga como uno de los principales sostenedores del tejido económico y social de la región.

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