Un gran interrogante se cierne sobre todo el espectro de candidatos kirchneristas en La Plata. Nadie lo dice públicamente, pero en el seno del sector la amenaza está latente. De todos modos, la mayoría prefiere seguir jugando, aprovechando al máximo las bondades que vienen de Nación y llevando a límites insospechados aquella máxima que reza que “la voluntad hace a la fuerza”.
“La cosa es qué va a pasar después de las primarias del 14 de agosto”, señalan algunos operadores “K” en la ciudad de las diagonales. En este marco, la cuestión parecería ser quién va a pagar los “platos rotos” del fracaso del armado kirchnerista en la ciudad, una vez que los resultados demuestren lo que hoy se niegan a aceptar: sus bajísimos niveles de intención de voto. Muchos son prácticamente “desconocidos” para el electorado platense.
Ninguno de estos sectores “fantasmales” del kirchnerismo local estaría en condiciones siquiera de obtener dos concejales, vaticinan los encuestadores. La mayoría de estos candidatos –por no decir todos- “nacieron con legajos”. Y esa es la acusación con la que deberán convivir durante todo el tramo de la campaña electoral.
Lo cierto es que sobran nombres pero falta representación. Todos –absolutamente todos- se arrogan la bendición de la presidenta Cristina Fernández, acaso inconscientes del desastre inminente. Guido Carlotto, Ariel Pasini, Guillermo Justo Chaves, Homero Bibiloni, Gustavo Oliva, Carlos Raimundi, Miguel Forte (y la lista podría seguir) son víctimas de las elucubraciones de “Pepe” Albistur, que perdió el timón.
Desembarcado en La Plata, el ex secretario de Medios de la Nación financia la campaña del sector “K”, plagado de “caciques” pero sin ningún “indio”. Todos quieren ser candidatos a intendente, pero ninguno supera el 2 por ciento de los votos.
De modo que las inquietudes no son pocas. ¿Quién se va a hacer cargo del fracaso luego de las internas? ¿Cómo se dará la “fuga” tras la derrota a manos del bruerismo? Y lo que más preocupa a todos: ¿cuándo va a saltar del barco Albistur?
Se sabe que en política las imágenes son tan o más importantes que los hechos. El temor por estos días, ante la inevitable diáspora electoral, es cómo va a ser la foto del día siguiente. Los operadores arriesgan: “nadie va a querer salir, justamente porque nadie va a querer hacerse cargo”.
Pese a que hoy se muestren entusiasmados y con expectativas, saben que el camino más cercano a la realidad es la derrota. Alguno de ellos aventuró que “las encuestas me dan primero”. Los números indican que, de persistir, llegarían a las elecciones generales de octubre con el 2 por ciento de intención. Pero claro que las primarias de agosto les pondrán un freno a sus pretensiones.
En términos electorales, ninguno de estos trasnochados kirchneristas cuenta con el acompañamiento popular. Los únicos militantes que pueden reunir -señalan algunos operadores de la región- son rentados con fondos de las cooperativas. Es difícil que de una estructura tan viciada y endeble pueda surgir un candidato con posibilidades reales se sentarse en el sillón de calle 12.
¿Qué explicaciones va a dar Albistur?
El “cerebro” detrás de la estrategia “K” es “Pepe” Albistur, el ex funcionario nacional que, acosado por la Justicia, desembarcó en la ciudad dispuesto a consagrar al futuro intendente. La dinámica de la campaña depende pura y exclusivamente de la inversión económica del ex dueño de la distribución de la pauta oficial.
Teniendo en cuenta la mínima intención de voto que cosecha el sector, el enigma que carcome a Albistur es cómo va a hacer para conseguirle un lugar de poder a su mujer, la ambiciosa María Tolosa Paz.
Otras dudas –aunque de segundo orden- preocupan al ex funcionario: ¿de qué manera se va a desentender del fracaso del armado? ¿cómo va a hacer para explicarle a los escasos lectores del diario Diagonales (que sobrevive por su financiamiento) el fracaso de la propuesta “progresista” del sector “nacional y popular” de la ciudad?





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