En un inédito reclamo, instó al comunismo a "aceptar activamente" los cuestionamientos de otros grupos políticos; escepticismo en las redes sociales ante la ofensiva reformista del futuro presidente
PEKÍN.- En un nuevo paso en su ofensiva por mostrarse como el líder que promete abrir el férreo régimen chino, el presidente electo Xi Jinping urgió ayer al gobernante Partido Comunista a tolerar "duras" críticas en su contra e instó a otros partidos a expresar sin temor "la voz del pueblo".
"[Los grupos políticos] deberían tener el coraje de manifestar la verdad, ofrecer todo tipo de consejos y reflejar la voz del pueblo", señaló Xi durante un encuentro con organizaciones políticas no comunistas, que fue luego divulgado por la agencia oficial de noticias Xinhua.
Desde que fue designado oficialmente sucesor de Hu Jintao, Xi, que asumirá la presidencia en marzo, prometió una mayor apertura democrática.
No lo hizo sólo porque sea una de las supuestas voces reformistas en un hermético gobierno, sino porque, a medida que la economía china avanza, las demandas sociales de más transparencia y eficiencia crecen también.
Ayer, el futuro mandatario instó además a todos los miembros de su partido a "aceptar activamente" y dar la "bienvenida" a todas las críticas constructivas en pos del bienestar general. El reclamo es parte de su campaña contra la corrupción, convertida en la principal y más potente causa del actual malestar social.
Xi lanzó su ofensiva el 22 de enero pasado, durante un discurso en el que advirtió que tanto las "moscas" como los "tigres" del gobierno -en alusión a los bajos y altos funcionarios del partido- serán investigados en caso de sospecha.
En un país donde la censura a la libertad de expresión está a la orden del día, las declaraciones de ayer de Xi no pasaron inadvertidas y despertaron una ola de comentarios en las redes sociales.
Salvo indiferencia, los chinos manifestaron su esperanza y confianza, así como también su escepticismo, e incluso cinismo sobre el pedido.
Sucede que, si bien Xi ha sido etiquetado como el próximo gran reformista de China, por la naturaleza cerrada que caracteriza a la política de Pekín se sabe relativamente poco sobre sus verdaderas inclinaciones. El gran misterio parece ser, entonces, si realmente emprenderá los cambios políticos que los chinos poco a poco reclaman.
"Muchas personas han sido silenciadas en Internet, y muchas otras, enviadas a la cárcel por escribir artículos contra el gobierno. ¿No es entonces una hipocresía que el régimen diga que quiere escuchar críticas agudas luego de haber restringido la libertad de expresión?", cuestionó en la red el académico Zhao Chu, desde Shanghai. "¿Críticas afiladas cuando no podemos ni siquiera comentar las noticias diarias?", se preguntó también en su blog Zhang Xing, un abogado de Pekín.
Con Xi a la cabeza, la nueva dirigencia comunista enfrentará a partir del mes que viene descomunales desafíos. Después de dos décadas de intenso crecimiento y cambio social, la economía se está desacelerando y el país está bajo presión. La brecha social se polariza: hay pocos ricos y mucha gente que pasa necesidades.
Precisamente con el fin de combatir la pobreza y lograr un reparto más equitativo de los ingresos, el gobierno anunció anteayer un esperado proyecto que prevé sacar de la pobreza a 80 millones de personas en los próximos tres años. Para ello, llevará adelante amplias reformas fiscales, laborales y demográficas.
El principal desafío, sin embargo, parece ser la endémica y creciente corrupción en el ámbito político, que consume las ya escasas reservas de confianza pública en el régimen.
Las recurrentes historias de ambiciosos funcionarios que acumulan departamentos de lujo, relojes suizos de miles dólares o suficiente dinero robado para comprarse un Porsche colma la paciencia de los chinos.
El propio Xi, de hecho, advirtió que si no se logra reducir los escándalos que involucran a altos líderes del partido, así como la ineficiencia o negligencia de funcionarios regionales para lidiar con los casos diarios de corrupción, el monopolio del poder del comunismo podría verse en riesgo.
Durante su gobierno, por tanto, se espera que Pekín aplique una política más seria que sus predecesores con respecto a tratar de controlar el amiguismo, los sobornos y el libertinaje que aflige a empresas paraestatales y gobiernos locales. Una vez más, sin embargo, analistas señalan que aún es pronto para saber si Xi tendrá la cintura política para librar una guerra contra la corrupción del partido.
¿Un lider de cambio?
Xi podría liderar la esperada apertura democrática china
"[Los grupos políticos] deberían tener el coraje de manifestar la verdad, ofrecer todo tipo de consejos y reflejar la voz del pueblo"
"[El Partido Comunista] debería aceptar activamente y darle la bienvenida a todas las críticas constructivas"
"Nadie puede disfrutar de poder absoluto al margen de la ley"
Xi Jinping - Presidente electo chino
Agencias AP, DPA y ANSA.
Del editor: qué significa.
Si sus intenciones reformistas son ciertas, Xi podría convertirse en algo que China hace años que no tiene: un líder con sensibilidad social y política.

Comentá la nota