Por: Fernando GonzalezLa inflación no será un tema de campaña electoral. Así lo decidió el gobierno de Cristina Kirchner, que intenta sacarlo como sea de la discusión previa a las elecciones presidenciales. No hay políticas sólidas contra el flagelo inflacionario; no habrá cambios efectivos para sincerar las cifras mentirosas del Indec y el esfuerzo oficial se reduce a acuerdos sectoriales para conseguir rebajas en productos de consumo masivo y en amenazar a las consultoras privadas para que no den a conocer sus estadísticas.
No importa que las consultoras más cercanas al Gobierno también estimen que la inflación de este año superará holgadamente el 20% o que las mediciones de las provincias vayan en la misma dirección. Las encuestas encargadas por el kirchnerismo le indican que los argentinos con empleo formal (y sobre todo los más jóvenes, que no sufrieron la hiperinflación) no están preocupados por sus consecuencias inmediatas. Por lo tanto, postergarán la solución para después de 2011 y Cristina deberá enfrentar el problema si es reelecta o quedará el salvavidas de plomo para el próximo presidente. Los argentinos expresarán en octubre cuánto les afecta la inflación, una enfermedad que ataca a todos los segmentos sociales pero sobre todo a los más pobres.

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