El plan de rescate conjunto con el FMI impone a Lisboa un severo plan de ajuste.
Los ministros de Finanzas de la Unión Europea aprobaron ayer definitivamente el plan de rescate a Portugal, un paquete de 78.000 millones de euros de préstamos –dos tercios de la UE y un tercio del FMI– a cambio de un durísimo plan de ajuste.
Los detalles del plan fueron negociados durante las últimas semanas en Lisboa por una misión de la UE y el FMI. A cambio del dinero, el gobierno luso –dimitido porque la oposición conservadora rechazó aprobar el último plan de ajuste y a la espera de elecciones generales en junio– debe recortar más gasto público (sanidad, pensiones, educación, infraestructura, etc) y lanzar un masivo plan de privatizacione s.
El próximo gobierno portugués también deberá hacer reformas estructurales de la sanidad pública, las pensiones y el funcionamiento de las administraciones públicas. Todo para intentar mejorar una situación financiera que salvo mejoras hará imposible a los portugueses seguir financiando su deuda en los mercados internacionales.
Estos planes deberían permitir rebajar el déficit público luso del 5,9% del PBI con el que debe acabar 2011 hasta un 3% en 2013 .
Todas las previsiones apuntan a que el ajuste es tan duro que Portugal no saldrá de la recesión al menos en los próximos dos años, con el consiguiente agravamiento del desempleo y del bienestar de los portugueses.
Aún así, el comunicado de los ministros de la UE intenta tranquilizar a los portugueses diciendo que el programa de ajuste es “ambicioso”, pero no ataca “a los grupos más vulnerables de la sociedad”.
Los ministros consideran que Lisboa debe emprender una cura de austeridad para controlar los “déficits presupuestarios, financieros y estructurales a los que se enfrenta la economía portuguesa” y –aquí llega el mantra que la UE quiere creer– “ayudará también a restaurar la confianza y a proteger la estabilidad financiera de la zona euro”.
La UE pide a “todos los partidos políticos portugueses una aplicación rigurosa y rápida del programa”. Es decir, que gane quien gane las elecciones, ya no tiene que molestarse ni por preparar su programa de gobierno.
Portugal tuvo que pedir en abril a sus socios europeos un plan de rescate al que se había resistido varios meses. El rescate luso ejemplifica los graves problemas de endeudamiento de los socios periféricos de la moneda única, que si no se atajan podrían contagiarse al resto de miembros de la UE.
Hace poco más de un mes, el primer ministro luso en ejercicio, el socialista José Sócrates, tuvo que pedir, a su pesar, la ayuda exterior de Bruselas y Washington para evitar el colapso de la frágil y altamente endeudada economía lusa. Al perder el apoyo parlamentario, después de que se rechazara un nuevo plan de ajuste, Sócrates presentó su dimisión.
La UE ya había otorgado en mayo de 2010 unos 110.000 millones de euros a Grecia y en noviembre de 2010 otros 85.000 millones a Irlanda .
Lisboa deberá ahora arreglar sus cuentas públicas –y así bajar los intereses que los mercados financieros le exigen para comprar sus bonos– para poder volver a los mercados. Los planes hasta ahora aprobados, como la rebaja del salario de los funcionarios y la suba del IVA no sirvieron para calmar a esos mercados y además hundieron a Portugal en la recesión económica, en la que lleva ya nueve trimestres. Lisboa espera que su economía caiga un 2% en 2011 y 2012 por efecto de los ajustes.
El paquete para Lisboa logró salir adelante a pesar de la ausencia en Bruselas del director gerente del FMI, Dominique Strauss Kahn, uno de sus promotores, acusado por presunto intento de violación. El camino para la aprobación del paquete a Lisboa quedó libre después de que el Parlamento de Finlandia diera su visto bueno y de que el partido Auténticos Finlandeses, que se oponía a la ayuda a Lisboa, modificara su postura a cambio de exigir a Lisboa mano firme en las reformas.
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