"¿Por qué me pegaron un tiro si ya tenían la plata?"

"¿Por qué me pegaron un tiro si ya tenían la plata?"
Carolina Píparo estuvo frente a frente con los acusados. Dijo que era irrelevante saber quién le disparó. Para ella, son todos culpables. No reconoció al tirador, su madre sí. El desgarrador relato de su esposo
El silencio se adueñó de la colmada sala de audiencias. Eran las palabras más esperadas de la primera jornada. Carolina Píparo (33) habló con dolor, rabia y sed de justicia. Transitó entre la catarsis, el desahogo y el llanto inconsolable. La voz se le entrecortó una y otra vez. Le ofrecieron una pausa. Pero ella quiso seguir. Pidió que la dejen culminar su dramático testimonio. Menuda y con el cabello rubio apenas atado, resistió doras horas frente a los siete imputados, a quien sindicó como los culpables de la salvaje salidera bancaria que le hicieron en 2010: dijo para mi "son todos", y no uno solo: los que la sacaron del auto "de los pelos", los que le pegaron con los culatazos del arma en la cabeza a pesar de que no se había resistido y les había dado la cartera con todo el dinero, los que le descerrajaron un balazo a quemarropa estando ella de rodillas en el suelo. En definitiva, los matadores de su bebé Isidro. Uno disparó. Pero ella, Carolina, sabe -pretende y exige-, a todos culpables.

Preguntas sin respuestas. "Si era tan simple sacarme la plata, ¿por qué me pegaron el tiro, por qué mataron a Isidro? No lo puedo entender, yo les daba todo, el auto, los dólares, los pesos, ¿Por qué me dieron un tiro, por qué mataron a Isidro, por qué dólares, los pesos?, ¿Por qué me dieron un tiro, por qué mataron a Isidro, por qué tanto odio para mí? A mí me arruinaron la vida y a mi hijo no le dejaron que viviera una vida", aseveró Carolina frente al fiscal Marcelo Romero, que le había pedido, con sumo respeto y cuidado que detalle lo sucedido.

El momento de mayor tensión en la primera audiencia fue cuando ella intentó identificar quien, de todos los acusados. fue el autor del disparo. Carolina se paró, dejó de mirar a los jueces del tribunal y se le acercó a los acusados. Su abogado pidió "custodia por favor". El movimiento causó sorpresa. Se le acercaron dos penitenciarios. Ella recorrió con su mirada fija y penetrante a todos y cada uno de los rostros. Había uno solo de los imputados que permanecía cabizbajo.

- Vos, mirame. Si, vos, mirame-, le dijo con voz firme a Carlos Burgos (19). Era el más joven de todos. Ella se lo quedó observando. Los segundos fueron interminables. La gente fue se levantando desde el fondo de la sala hacia adelante. "No. No puedo asegurar que sea él. Recuerdo que quien me disparó tenía los ojos brillantes, color miel, el pelo morocho, y la cara con granos o poceada, pero la fisonomía exacta, no", dijo ella, resignada, y volvió a sentarse.

De todos modos, allí se produjo un extraño episodio, cuando ella admitió que no podía identificar al autor material del disparo, en la primera fila del público, donde se encontraba la novia y la madre del imputado más joven, se escuchó una fuerte exclamación -con cierto dejo a grito tribunero-"¡bieen…vaaamosss!!!!"

Luego, Carolina afirmó que podía señalar quién de todos ellos no había sido e hizo parar el mayor de los acusados Carlos Jordán Juárez (45).

Después, de a poco comenzó a desandar su crudo relato frente a los jueces del Tribunal en lo Criminal II de La Plata -Claudio Bernardo, Silvia Hoers y Liliana Torrisi- quienes citaron a 223 testigos para juzgar a los siete acusados de participar en la brutal salidera, registrada el 29 de julio de 2010. Ese día había ido a retirar junto a su madre 10.000 dólares y 13.000 pesos de la sucursal del banco Santander Río de 7 y 42.

Carolina explicó que "tenía miedo a la inseguridad en general, no a las salideras", sino a que entraran a su casa. "Ya había pensado que si esto sucedía les daría todo lo que pidieran, pero nunca imaginé un hecho así", consignó".

"Me consideraba precavida pero evidentemente no lo fui", admitió la testigo, indicando que no había tomado recaudos al ir a retirar el dinero de la entidad bancaria con el fin de comprarse una casa.

Un buen tramo de su alocución estuvo destinado al banco y sobre todo, al cajero, que como se sabe, ya fue sobreseído en la causa. Carolina recordó que al entregarle el dinero, ella procuró "tapar la operación para que la gente no viera el retiro del dinero" ya que el cajero le pareció "torpe".

La mujer se retiró del banco con su madre María Ema Cometta (ver recuadro) y tras ascender al auto que había dejado en el estacionamiento del banco, sobre la avenida 7, se dirigió a su casa, en las calles 21 y 36.

"Estaciono y no alcanzo a abrir la puerta que me la abren y un hombre me grita `dame la guita que sacaste del banco, hija de puta`, y yo grite ¡no! y hasta hoy me pregunto por qué grité ¡no!, porque no era un no de no darle el dinero, y no sé si tomaron ese no como una negativa". En ese momento, Carolina se quebró en llantos.

El presidente del tribunal y el fiscal le preguntaron si quería hacer una pausa. Pero ella prefirió continuar. Dijo que sintió "un golpe en la cabeza, sangre en uno de sus ojos" y que fue "arrancada del auto", cayendo a la vereda, por lo que le rogó al agresor que no le hiciera nada.

En ese instante, Carolina le dijo: "Te doy todo, ¡estoy embarazada!, lo que era una tontería porque mi panza era gigante". "No sentí el balazo, no sentí el ruido, me recuerdo de rodillas, sin poder respirar y pensando `me estoy muriendo y qué va a hacer mi marido con el bebé', yo pensé que Isidro no corría riesgo, que estaba protegido", expresó, remarcando que el tiro se lo efectuaron cuando ella estaba de rodillas en la vereda.

El juicio está a cargo de los jueces Liliana Torrisi, Claudio Bernard y Silvia Hoers. En el banquillo, como detenidos está el supuesto autor material del hecho, Carlos Burgos (19); el hombre que está acusado de "marcar" a Piparo dentro del banco, Miguel "Pimienta" Silva (43); Luciano López (20), Carlos Moreno (20), Juan Manuel Calvimonte (25) y Carlos Jordán Juárez (45). También deberá enfrentar al tribunal, el imputado Augusto Claramonte (44), quien actualmente se encuentra en libertad y goza de una falta de mérito.

"Mi hija Inés, vino para atarme los pies a la tierra"

"Pensaba en qué condiciones nació Isidro, con poca actividad cerebral, y pocos recursos para sobrevivir. Tras su muerte, nada parecía tener sentido. Mi hija Inés vino para atarme los pies a esta tierra, porque yo pensaba para qué me tocó quedarme. Y pensás cosas horribles, en matarse, en que nada tuvo sentido porque él no está pero vino Inés y nos da este romance con la vida. En los últimos minutos que le quedaban de vida, los doctores le dijeron a mi esposo si quería tenerlo a upa, pero él se quebró y no pudo, se murió en neonatología, se murió sin su mamá. Yo era la que lo quería tener (a upa en ese momento) No sé si hay pena que se equipare a lo que sentí, yo a Isidro no lo conocí, tengo dos fotos, era un bebé gordo, hermoso, tenía todo para vivir".

"Vi morir a mi bebé y vi reanimar dos veces a mi mujer"

Juan Ignacio Buzali, el esposo de Carolina Píparo expresó que, por la muerte de su hijo Isidro, "la extensión del dolor es tan grande que a veces no tiene sentido vivir".

"Ese día me quitaron todo y entré al infierno porque vi morir a mi bebé", sostuvo y agregó que también vio "cómo dos veces reanimaban" a su esposa.

Buzali exigió que le "devuelvan la fe y la esperanza" y detalló que desde la salidera ya no es "la misma persona", ya que está "sensibilizado, con miedo".

"(Desde entonces) no podemos vivir en La Plata, tuve que abandonar mi carrera personal y empezar de nuevo. Fue muy duro", destacó y añadió que "es imposible volver a tener una vida normal", porque "dijo tener todos los diablos juntos en la cabeza".

La madre de Carolina reconoció al autor del disparo

María Ema Cometta, la madre de Carolina Píparo, reconoció ayer al imputado Carlos Burgos como el autor del disparo que recibió su hija.

"Vi una persona que coincide con la persona que está ahí sentada", dijo la testigo al señalar a Burgos, y remarcó: "Eso es lo que recuerdo".

Cometta narró entre lágrimas ante el tribunal que aquel 29 de julio de 2010, "cuando estacionamos en la puerta del departamento de mi hija, un joven abrió abruptamente la puerta del lado de Carolina y a los gritos le dijo 'hija de puta dame la plata'".

La madre de Carolina aseguró que el agresor "mostró mucho ensañamiento, ya que empezó a pegarle culatazos con el arma en la cabeza y la tironeaba de los pelos".

"Ella (por Carolina) le decía, 'por favor llevate la plata, no me hagas nada que estoy embarazada'. Yo de forma desesperada trataba de bajar del auto para ayudarla, quería abrir la puerta y no podía, y cuando bajo y estoy dando la vuelta, siento un disparo y veo que el agresor sale corriendo con la cartera en la mano".

"Lo que pasamos no me lo olvido nunca más, ver a mi hija ensangrentada en la cabeza, el ojo, la panza fue terrible. Esto fue un homicidio seguido de robo, porque primero disparó y ese disparo le quitó la vida a mi nieto, y casi les cuesta la vida a mi hija", sentenció.

"El fiscal sentado en su escritorio"

Ya por la tarde, continuando con la agotadora jornada, declaró el inspector de Control Urbano de la Municipalidad, de apellido Leguizamón. Dio cuenta de cómo fue el brutal ataque y las maniobras que realizó el conductor de la moto. También confirmó que uno de ellos, en la fuga, le apuntó con el arma para que dejara de mirarlos con la clara intención de evitar una posible identificación.

Luego fue el turno del comisario Juan Domingo Ibarra, titular de la DDI La Plata, a cargo de la investigación policial. Recordó cómo fueron los procedimientos y allanamientos que derivaron en las detenciones. Para ello se utilizaron como pruebas las declaraciones de las dos ex parejas de dos de los acusados, que en principio fueron detenidas y luego sobreseidas, y un llamado anónimo al 911 que derivó en la detención de Calvimonte.

Las defensas objetaron que varios allanamientos se realizaron sin las órdenes de registros firmadas por el juez de garantías, César Melazo, pero subrayó que en todos los procedimientos estuvieron presentes tanto el magistrado como el fiscal Marcelo Romero, quien ahora está como fiscal de este juicio oral. Ante esos cuestionamientos de la defensa, el fiscal Romero le preguntó al testigo: "Dada la gravedad del hecho y la necesidad de dar con los sospechosos, se podría haber hecho la investigación con el fiscal sentado en su escritorito". La respuesta no tardó en llegar y fue tajante: "Imposible" sostuvo Ibarra ante los jueces. "Durante la investigación nos sentimos muy apoyados tanto por el juez cómo por el fiscal", aclaró Ibarra.

"Un reality show con Isidro agonizando en mi panza"

Al detallar los momentos posteriores al disparo, Carolina Píparo recordó que despertó en la sala de terapia intensiva del hospital San Roque de Gonnet y le preguntó a su esposo por Isidro y éste le dijo "la está luchando". "Luego una médica me explicó que nació muerto, que lo reanimaron, pero que no le encontraban actividad cerebral que muy probablemente si sobrevivía no podría caminar o comer por sus propios medios", contó.

Con lágrimas en sus ojos, Carolina rememoró que estando ya en el hospital, rogó "que viviera Isidro aún con todas esas incapacidades, yo me las iba a arreglar, pero uno no quiere que se muera".

"Supe que mi hijo se murió (una semana después de la cesárea), nadie me lo dijo, nunca lo pregunté, yo lo supe", dijo y agregó que lo único que tiene de su bebé "son las ecografías 3D, en una de las cuales se ve su rostro, es lo único que tengo para mirarlo vivo, es como una filmación y ahí puedo verlo cuando estaba bien".

Carolina puntualizó los daños físicos, las operaciones, las nueve cicatrices y las secuelas, además de cambios en su vida, ya que se mudó a Capital Federal, donde vive con su esposo y su hijita Inés (ver recuadro).

En otro tramo de su testimonio, contó que ver en televisión su caso "fue terrible", en especial aquellas imágenes cuando es subida a una ambulancia".

"Para mí ahí (en esas imágenes) está mi hijo agonizando, es como si pasaran un asesinato en vivo, para mí es como un reality show con Isidro agonizando en mi panza, de lo más terrible que le puede pasar a una persona", enfatizó.

Respecto a quien la baleó, Carolina señaló que "venía decidido a agredirme, me trataba con un odio, yo siento que él me trató como si me odiara, y no sé de dónde venía ese odio, pero venía con ganas de matarme".

"'De lo único que me puedo arrepentir -aclaró-, es de haber dicho no, pero fue algo instintivo, yo no lo agredí, no estaba en condiciones, no me podía mover con agilidad, no tuve ninguna posibilidad de defenderme".

Carolina aclaró que ella es asistente social y que comprende que hay gente que nace en desigualdad de condiciones pero que no sabe "de dónde puede salir tanta maldad".

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