La producción mielífera local viene decayendo paulatinamente desde hace tiempo, y los apicultores hacen verdaderos esfuerzos para subsistir - A esto se suma un panorama complicado desde hace algunos años, pòr ciertas maniobras que perjudicaron la exportación de miel - Pero sería importante tener en cuenta que la apicultura es una actividad de real importancia, si se considera que fomenta una producción con valor agregado - ¿No sería oportuno activar algún plan específico para favorecer la actividad?
Paradójicamente, aunque el potencial que involucra la producción mielífera está intacto, sobre todo si se considera el valor en que se tiene a las mieles argentinas en el mundo, lo cierto es que la actividad, lejos de ser rentable, apenas aparece como de subsistencia, ante un panorama general en el que el avance irreductible de la sojización de los campos y los límites acotados de la producción, proponen una situación apenas de subsistencia.
Esta dificultosa coyuntura es la que atraviesan los productores locales de miel.
Por otro lado, se suma a esto la falta de fondos para concluir con las obras de instalación de la sala comunitaria de extracción que se pretende habilitar en el predio de la Cabaña Apiario, en ruta nacional 188. En rigor, más que para las obras de infraestructura, lo que se requeriría sería de asistencia para la instalación de las maquinarias necesarias.
Es que el subsidio oportunamente otorgado a la entidad, en rigor quedó licuado hace ya mucho tiempo, fundamentalmente cuando se produjo el auge de la actividad constructora, que incidió en subas de precios de los materiales, más el proceso inflacionario vigente.
Si bien no es tanto lo que falta, es fundamental para los apicultores locales concluir esa obra, con miras, de movida, a estandarizar la producción local de miel, facilitando su colocación en mercados importantes.
Como ya hemos explicado en alguna oportunidad, pese al avance de la sojización y la ya aparentemente insoluble ausencia de cardales -cuyo polen permite a las abejas producir una miel de calidad superlativa- las mieles argentinas siguen gozando de preferencia en el mundo. Tanto es así, que suelen utilizarse, en cantidades específicas, para "mejorar" otras mieles vernáculas.
Lograr, entonces, una producción mielífera a nivel local normatizada y regulada, es contidio sine qua non para cumplir con los estándares de calidad exigidos a nivel de comercio internacional para el producto.
LA PRODUCCIÓN
En virtud de la cantidad y calidad que estamos en condiciones de producir desde Rojas -donde tenemos apicultores experimentados- no deja de ser llamativo que, en general, no haya políticas y herramientas de gestión definidamente orientadas a la protección, expansión y desarrollo de la producción mielífera. Es que si se observa el desolador panorama a nivel nacional en este sentido, queda precisado, al mismo tiempo, la carencia, a nivel local, de políticas que apunten a desarrollar una interesantísima posibilidad productiva.
Resulta claro que esa carencia de políticas se refleja en el duro golpe que significó, hace dos o tres años, para los apicultores serios la utilización de furanos en miel destinada a embarque, por parte de otros menos serios y responsables: la producción mielífera recibió serias sanciones que confluyeron en un retroceso del mercado; las medidas adoptadas no fueron oportunas, porque no previnieron, sino que tuvieron que remediar el daño, y el reflujo productivo persiste.
Y hay serias cuestiones ambientales: el incremento de la producción sojera le quita espacio a las praderas naturales, fundamentales para la producción mielífera; además, la aplicación permanente de herbicidas está liquidando los cardales, cuya flor proporciona un polen que permite que las abejas elaboren miel de altísima y apreciada calidad.
En este complicado marco, los apicultores locales deben lidiar con altos costos para contar con estructuras de producción debidamente aprobadas según las estrictas regulaciones existentes y por ende se encuentran en un cuello de botella, ya que no logran una rentabilidad que les permita invertir en infraestructura.
Aquí es donde se requeriría de políticas precisas y herramientas de gestión asociativa. En este plano, podría ser una interesante posibilidad el establecimiento de la sala de extracción comunitaria, donde cada apicultor pueda canalizar su producción, y comercializarla luego individual o asociativamente.
En este sentido, se pensó que las instalaciones de la ex Cabaña Apiario, sobre ruta 188, podían ser la sede de esa planta de extracción. Así, hace ya algunos años, las instalaciones fueron cedidas en comodato a los apicultores locales; pero la imposibilidad de realizar las inversiones necesarias frena el proyecto.
FINANCIAMIENTO
Ya hemos explicado la cesión en comodato de la Cabaña Apiario a la asociación local de apicultores y cómo, a través de un subsidio otorgado en 2007 por el ministerio bonaerense de Asuntos Agrarios, se logró iniciar las obras para la instalación de una sala comunitaria de extracción.
Este financiamiento no ha resultado suficiente; de hecho, no lo era ni siquiera en un primer momento, y ha sido un grave obstáculo para lograr la estabilidad del proyecto.
Ante este marco, sería por demás importante que se logre gestionar una asistencia importante como para asegurar que Rojas cuente con una sala comunitaria de extracción, cumpliendo todas las regulaciones exigibles.
Por ejemplo, considerando las casi increíbles propiedades nutricionales y medicinales de la miel pura y sus derivados, ¿por qué el gobierno local no convenia la adquisición de una determinada cantidad de miel producida localmente para abastecer comedores escolares, hospital, hogar de ancianos, entidades comunitarias, etc.?
Además, a no dudarlo, sería la base de un posible desarrollo productivo-industrial que, a su vez, justamente por tener características industriales, hasta podría generar alguna determinada cantidad de mano de obra, además de asegurar la estabilización y desarrollo de la cadena de producción.
PROTECCIÓN
Mientras tanto, y como para nutrir aún más un escenario de por sí preocupante, testimonios de productores apícolas tanto de la zona pampeana como de la zona extrapampeana dan cuenta de una seria mortandad de abejas, de la disminución de la población en las colmenas y de la consecuente caída en la producción de miel.
Esta situación, claramente, se relaciona con el modelo agropecuario llevado adelante por los productores agrícolas basado en la deforestación, el monocultivo de soja, la utilización de variedades transgénicas y la aplicación de herbicidas, insecticidas y fungicidas a escalas masivas.
Obviamente, la deforestación determina en primer lugar la existencia de menos árboles y arbustos, afectando además a las hierbas que crecen a su alrededor, lo cual implica que las abejas encuentren menos alimento.
El avance de la soja, junto a la utilización de agroquímicos (aplicados tanto por vía aérea como por vía terrestre), y la ausencia de rotaciones determinan una simplificación de los agroecosistemas.
Se reduce así la biodiversidad en general y la relativa a los vegetales en particular; es decir que tienden a desaparecer las plantas cultivadas y silvestres que pueden alimentar a las abejas.
Ésta situación implica una dificultad para los apicultores en su objetivo de obtener campos con flora apícola.
Por otra parte, el uso continuo de insecticidas -desde los moderadamente tóxicos para las abejas, como el endosulfan, hasta los altamente tóxicos, como el imidacloprid, el clorpirifos y el fipronil- determina una mayor mortandad de estos insectos sociales.
Paralelamente, el uso permanente de éstos plaguicidas genera resistencia en los insectos perjudiciales (chinches, gusanos, pulgones, etc.) obligando a una mayor utilización mediante el incremento del número de aplicaciones y dosis: un perfecto círculo vicioso.
Dado que las aplicaciones se realizan permanentemente a lo largo del ciclo de cultivo y que suele no comunicarse esta práctica a los apicultores, la mortandad se produce en diferentes épocas.
Así, los productores pueden encontrar colmenas llenas de miel, pero ya sin abejas, dado que éstas murieron durante una fumigación.
Es decir que, además de políticas que fomenten la producción mielífera y estabilicen y fortalezcan las cadenas de comercialización internas o de exportación, también deben adoptarse medidas que tiendan a proteger una rama productiva-industrial que, a no dudarlo, constituye una alternativa económica de primer nivel, más allá de sus avatares actuales.
LA PERSPECTIVA
DEL GOBIERNO
El licenciado Leonardo Mazzucchielli, a cargo de la dirección de Producción (que depende de la secretaría municipal de Desarrollo Social, Producción y Empleo), transmitió la visión que se tiene de la cuestión que nos ocupa, desde la perspectiva del gobierno local.
En ese sentido, el funcionario señaló inicialmente, con respecto a la situación institucional de la asociación de Apicultores local, que "desconozco la situación particular de cada apicultor, con respecto a la entidad que los agrupa", y aclaró que, por otra parte, ese tema no sería obviamente competencia del gobierno local.
Pero sí remarcó que "con respecto al grupo de apicultores recientemente conformado, el año pasado se recibió un subsidio, en forma de aporte no retornable, de parte del ministerio de Asuntos Agrarios, para aquellos que, durante esa campaña, sufrieron problemas". Este subsidio no reintegrable fue otorgado por el gobierno provincial en un contexto general en el que hubo graves inconvenientes. Estos problemas no tuvieron una réplica extremadamente seria a nivel de la producción local, pero es cierto al mismo tiempo que hubo varios productores a los que no les fue tan bien. Y se los compensó económicamente.
Esto, por un lado. Por el otro, Mazzucchielli no desconoció que es fundamental resolver la situación de la Cabaña Apiario. "Estamos a la espera de lograr la terminación de esas instalaciones, para contar con una planta de extracción", explicó.
El funcionario precisó que fundamentalmente, lo que resta conseguir, es alguna forma de financiamiento para proveer esa estructura comunitaria o cooperativa con la maquinaria y el equipo de herramientas necesarios. "Lo edilicio es muy sencillo; pero sí tenemos que ver cómo obtener el equipamiento", indicó.
Para tales fines, "estamos a la espera de un subsidio; una vez aprobado, podremos estar en condiciones de solicitarlo nuevamente", indicó. En este marco, agregó, "estamos en contacto directo y en colaboración permanente con Ariel Paniagua, que cumple funciones de enlace con distintos sectores productivos y esta área, y tambien con la oficina local del INTA, a cargo de Juan Carlos Lisa".
ESFUERZOS
INDIVIDUALES
Ciertamente, y como se desprende lógicamente de lo que hemos visto, hay un excelente nivel de producción a nivel de este distrito y, si en volumen no es algo impactante, sí lo es en cuanto a calidad, dado que a los apicultores locales les sobra conocimiento y capacidad en el rubro.
Pero claramente se trata de esfuerzos individuales. Por ende, no podemos menos que imaginarnos el impacto que se lograría a través de esta alternativa productiva, si se lograse armar una estructura que facilite la mancomunión de esfuerzos.
A ese respecto, Mazzucchielli señaló que "hacia 2004-2005 se presentaron tres productores apícolas, que conformaban la asociación local; hicimos una presentación ante el ministerio de Desarrollo Social de la Nación, que era la única cartera que en ese momento tenía capacidad de financiamiento y habíamos logrado, a través del programa Manos a la Obra, y lo que era encadenamientos productivos y apoyo a la producción, un financiamiento para esos productores, con el objetivo de terminar la planta comunitaria, activar la producción, y salir al mercado con una marca propia o 'paraguas'... pero todo quedó trunco..."
La base del problema serían ciertas dificultades interpersonales entre los productores para establecer una base de entendimiento común; no es ningún descubrimiento: es un viejo problema el del asociativismo en temas productivos, y así como tantas veces sucedió en proyectos agrícolas o ganaderos, también se replicó en la producción mielífera.
Y ese es uno de los ejes de la problemática: "Es más sencillo conseguir beneficios o asistencia financiera para un grupo de cien productores que para uno, dos o tres", subrayó Mazzucchielli.
La cuestión es compleja: no todo puede ni debe esperarse de los niveles de la administración del Estado, sea municipal, provincial y/o nacional. También hay que demostrar cierta capacidad de organización. Y organización es mancomunión de esfuerzos.
Es una pena, porque consideramos -estamos absolutamente convencidos de ello- que se está perdiendo una importantísima oportunidad de producción local: un producto rojense, desarrollado por rojenses, comercializado por rojenses que trascienda el distrito para proyectarse a la región, a la provincia y al país. Y, por qué no -no es descabellado ni utópico-, al mundo. Sobre todo considerando la alta demanda de las mieles argentinas en general, y las de esta región en particular.
EN CONCLUSIÓN...
... así está planteada la situación. Las condiciones están, el potencial existe, las posibilidades son concretas.
Pero es fundamental apostar a la organización institucional primero, fortaleciendo la estructura productiva, y gestionar luego las herramientas del Estado que sea menester, para situarnos en condiciones ideales de generar una industria mielífera que pueda posicionarnos en un mercado que tiene proyección internacional.
Y esto, a no dudarlo, no redundará solamente en beneficios individuales para los efectores de un determinado rubro productivo, sino que, si se hacen las cosas bien, sobre una base cooperativa y comunitaria, asociativa y solidaria, será positivo para el conjunto.
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