"La anticoncepción siempre apuntó a regular a la mujer"

La socióloga Nina Zamberlin del programa de salud integral y adolescencia destacó que la ciencia relegó el rol del hombre en el uso de métodos preventivos.

El Ministerio de Salud y la filial en San Luis de la Sociedad Argentina de Pediatría organizaron una capacitación sobre anticoncepción en la adolescencia para los equipos médicos, que culminó ayer con la presentación de referentes del área a nivel nacional. Una de las disertantes, la socióloga Nina Zamberlin, del programa de Salud Integral y Adolescencia de la Nación, charló con El Diario de La República de los factores, posturas y métodos de protección que le permiten a las jóvenes conocer su cuerpo.

“Hubo hace poco un caso en San Luis de una chica de 13 años que accedió a un DIU", Nina Zamberlin.

—Todos los datos a los que se refirió están orientados a la madre adolescente, pero ¿qué pasa con el varón?

—Ese es un problema desde la disponibilidad de datos, en realidad no tenemos encuestas de demografía y salud que tal vez sí indagan más profundamente en el uso del anticonceptivo de la población masculina. Nosotros tenemos las estadísticas vitales, que son sobre fecundidad, embarazo y parto, que sólo incluyen a la mujer.

—¿Se le ha inculcado mayor responsabilidad a la mujer respecto a la anticoncepción?

—Eso es parte de la disponibilidad de métodos anticonceptivos. ¿Cuántos métodos de uso masculino hay? Uno, el preservativo. Después nos encontramos con que el desarrollo científico y tecnológico apuntó a regular el cuerpo de la mujer. En el cuerpo de la mujer ocurre el embarazo, pero tenemos ligadura y vasectomía, ambos métodos están poco difundidos y hay montón de dificultades en la oferta por cuestiones institucionales, pero si miramos cada cuantas ligaduras se hace una vasectomía, si digo que la estadística es de diez contra una, creo que me quedo corta. El argumento es que la fisiología reproductiva de la mujer es más controlable que la del hombre, pero eso está profundamente sesgado por una intención de controlar el cuerpo de la mujer. Aún así, también he trabajado mucho con ellas y vengo de una mirada feminista, creo que poder controlar elegir sobre el propio cuerpo, que la mujer tenga el control del método anticonceptivo la empodera, le garantiza que puede tomar una decisión. Aunque la responsabilidad es compartida. Sumado a esto, los programas de salud reproductiva han funcionado siempre en maternidades, en servicios de ginecología, en obstetricia, el hombre en todo caso va como acompañante, no como usuario del servicio.

—Antes habló de enseñarles a los adolescentes sobre su cuerpo y sus derechos ¿se refirió a la educación sexual?

—El programa de Educación Sexual Integral propone abordar la sexualidad, la diversidad, la tolerancia, las cuestiones del cuerpo, en todas las materias, en literatura, historia, educación física. Tiene formas específicas para cada área. También deja de lado la idea de que viene un médico y da una charla de anticoncepción o va el promotor de una marca de pastillas a hablar con las alumnas para presentar las propiedades de un producto determinado. Eso no se hace más, somos los propios docentes los que damos los contenidos. Es hablar de sexualidad, de cosas de la cotidianidad de la vida, incluso a los chicos de salita de 4 años. Tenemos una ley nacional que ya es del año 2006, que ha creado una serie de materiales muy bien logrados. No es solamente ilustrar el uso de anticonceptivos, es hablar del cuerpo, de discriminación, de diversidad, de no violencia, de prevención de abuso. Qué me gusta o no que hagan sobre mi cuerpo, es hablar de autodeterminación. Han logrado cubrir el abordaje de la sexualidad en todas las instancias del sistema educativo, que va desde jardín de infantes hasta la educación superior. En los centros de salud tampoco hay que desaprovechar la oportunidad de hablarles sobre sus derechos y de atenderlos.

—¿Por qué es polémico el uso del Dispositivo Intrauterino (DIU) en las adolescentes?

—Históricamente en la población médica había una mirada de que el DIU no era recomendable en adolescentes y particularmente en aquellas que son nulíparas, es decir mujeres que aún no han pasado por un parto, porque podía llegar a causar infecciones. El DIU tiene unos hilitos que van por fuera del cuello uterino y la mujer se puede palpar y sentir, para controlar que el DIU no se corre para ningún lado y es la que observa el ginecólogo, entonces se suponía que esos hilos eran una vía por la cual pueden ascender microorganismos. Que eso podía conducir a un cuadro que se llama enfermedad inflamatoria pélvica, que tiene como consecuencia en algunos casos la infertilidad secundaria, eso durante años es lo que permitió decir que a una adolescente no, porque podían quedar infértiles sin haber tenido un hijo. Ya hay suficiente evidencia científica, que dice que el método en sí mismo no tiene nada que ver con el desarrollo de la enfermedad y de hecho las posibles enfermedades están relacionadas con la mala colocación del DIU. Además, siempre hay que fomentar la doble protección.

—¿La pobreza es un determinante en el embarazo adolescente?

—Dentro de los análisis cruciales de embarazo y adolescencia, pobreza y falta de oportunidades son dos de las cuestiones que están más fuertemente ligadas. Si miramos la distribución de los embarazos en la adolescencia vamos a ver que justamente es más alta en las jurisdicciones que están más marcadas por la exclusión y representan zonas marginales. Esto es algo que está en los documentos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

No es pobreza en el sentido de decir ´no puedo pagar un método anticonceptivo´, si no la pobreza en el sentido de la falta de proyección de oportunidades y de que la maternidad no sea el único destino posible de la mujer. La mirada de género es determinante también. ¿Qué forma tiene de organizarse una chica de pocos recursos? Quizás la maternidad le signifique el tener algo propio, un objeto de cariño, una especie de pasaje rápido a la adultez de una adolescencia complicada, porque está a cargo de muchos hermanitos y hace tareas domésticas. El encontrar un compañero de vida que por ahí termina no siéndolo, pero parece como una promesa. Hablo de pobreza como un determinante social de exclusión y de falta de oportunidad social para poder hacer otras cosas de la vida, que no sea tener un hijo a los 15 años. Los jóvenes tienen derecho a elegir sobre su corporalidad.

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