El ministro sostiene que las medidas del Central fueron idea suya, aunque contradicen su postura heterodoxa.
El ministro de Economía Axel Kicillof se atribuye el éxito del presidente del Banco Central Juan Carlos Fábrega en contener al dólar, a pesar de que todas las medidas aplicadas por la entidad central son de corte ortodoxo y contradicen las ideas del titular del Palacio de Hacienda.
Kicillof siempre rechazó una devaluación como una salida a la escasez de divisas que sufre el país, argumentando que implica una transferencia de ingresos que termina perjudicando a los asalariados. También está en contra de subir las tasas de interés, porque, de acuerdo a su posición keynesiana, tendría como consecuencia una caída en la actividad.
Justamente esto fue lo que vino aplicando Fábrega desde su asiento en el BCRA, sin el visto bueno del Palacio de Hacienda. A fines de enero, el Central le soltó la mano al dólar y dejó flotar la cotización del oficial hasta llegar a los $8. Después, ajustó las tasas de interés en pocos días y la llevó a un 30% anual, encareciendo de esta manera el crédito para consumidores y empresas.
La semana pasada Fábrega utilizó una estrategia novedosa para calmar las expectativas: intervino en el mercado de futuros y limitó la tenencia de billetes verdes de los bancos, con lo que volvió a comprar divisas y le permitió bajar el precio a menos de $7,90.
Algunos analistas consideran que la situación fue controlada, al menos hasta que lleguen los primeros dólares de la cosecha. Eso despertó los celos de Kicillof, que hasta ahora no pudo anunciar nada concreto respecto a las negociaciones con el Club de París ni con el swap de reservas con China. El ministro parece exclusivamente dedicado a limitar los aumentos de precios en las cadenas de alimentos, de la construcción o de los combustibles.
Pero lo curioso es que, según pudo saber LPO, Kicillof se está arrogando el éxito de las medidas que implemento Fábrega. Hace circular entre los dirigentes del oficialismo y los periodistas la versión de que en realidad fue todo una idea suya, que por lo general sorprende a sus interlocutores.
Descoordinación
Lo cierto es que ninguna de las medidas que tomó el Central fueron coordinadas con Economía. De hecho, el día de la devaluación Kicillof cruzó hasta la calle Reconquista para reunirse con Fábrega, ante su sorpresa por la disparada del dólar.
El presidente del Central tiene cada vez un mayor margen de maniobra. Y le reclama al titular del Palacio de Hacienda que frene el gasto, porque de lo contrario fracasarán sus intentos por bajar la emisión, si el déficit fiscal se sigue financiando con más impresión de billetes.
Por otro lado, Fábrega retomó el control del Banco Nación, la entidad que conducía antes de desembarcar en el BCRA. En el último tiempo había perdido poder ante La Cámpora, que logró ocupar varios lugares en el directorio. Pero los militantes de la agrupación ultrakirchnerista empezaron a chocar con la burocracia histórica del Nación y las operaciones financieras comenzaron a trabarse.
Cuando surgen estos roces, los empleados llaman al presidente del Central para que destrabe los conflictos, lo que demuestra que sigue manejando la línea interna.


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