30 Aniversario del Colegio de Escribanos

30 Aniversario del Colegio de Escribanos
El 7 de septiembre de 1973 crearon el Colegio de Escribanos de la joven provincia de Santa Cruz. A la Asociación de Escribanos creada en 1963 le siguió en 1973 la fundación de la institución que hoy cumple 30 años representando a los colegiados.
El Territorio Nacional de Santa Cruz se convirtió en provincia en 1957 y comenzaron a dictarse las leyes que organizan los distintos Poderes del Estado. El 5 de noviembre de 1958 se sanciona la Ley 32 que es reglamentaria del notariado provincial, y con ella se fueron rigiendo los escribanos que se encontraban ya en el Territorio y los que arribaban a la nueva provincia. A partir de 1962, quisieron agruparse intentando formar su Colegio de Escribanos para avanzar en el conocimiento científico del perfeccionamiento profesional; cubrir el servicio notarial en los distintos puntos de la provincia; fomentar la unión de sus asociados, el estudio y tener relaciones sociales.

En esos años estaban: Bayá Elía y Balladares en Río Gallegos; Boiero en San Julián y Rosas en Puerto Deseado. En diciembre de 1962, se reunieron los escribanos Ruiz Moreno, Azlor, Agulla, Bayá Elía y Vivanco y sentaron las bases que constituyeron luego el Colegio de Escribanos que estaba autorizado en la anterior Ley 32.

Estos colegios profesionales dependen también de la aprobación del Estado. Transcurre el tiempo y recién al año (noviembre de 1963) se reúnen. Estaban: Boiero, Rosas, Asencio, Agulla, Bayá Elía, Azlor, Ruiz Moreno y Vivanco. En esta reunión resuelven no constituir el Colegio de Escribanos porque la legislación vigente era deficiente y deciden formar una asociación con fines determinados.

También resuelven estudiar el proyecto de formar el Colegio modificando la Ley 32 y a la vez llevar adelante un estudio para hacer los estatutos del futuro Colegio de Escribanos.

Esta Comisión Directiva posee entonces atribuciones para lograr el objetivo señalado. Se decidió además que las primeras autoridades de la comisión directiva fueran: Agulla, Néstor Azlor, Juan José Bayá Elía, Leopoldo Ruiz Moreno y Andrés María Vivanco, y que los cargos se distribuyeran en la primera sesión que tuviera la asamblea.

Transcurren los años hasta que en el 1973, siendo gobernador Jorge Cepernic, hubo disposición para la aprobación de la Ley y solicitaron a los escribanos que presenten el proyecto. Ya estaban incorporados María Cristina Darré, la primera escribana santacruceña, Haydée López, que había llegado en 1972, Julio Alberto Imberti, que había llegado en 1972, Julio Alberto Imberti, que había llegado en 1966, López Dona y Angel Alfredo Bustos.

Haydée López y María Cristina Darré comenzaron a armar el proyecto y el 7 de septiembre de 1973, en una reunión con el Tribunal de Superintendencia Notarial, que depende del Tribunal Superior de Justicia, aprobaron por unanimidad la primera comisión directiva del Colegio de Escribanos de Santa Cruz. Esta comisión pionera se compromete a elaborar los estatutos del Colegio. Estaba presidida por Andrés María Vivanco, Juan Carlos Boiero como vicepresidente, Haydée Elida López, secretaria, Aurelio Eduardo Asencio, tesorero, Julio Alberto Imberti, vocal primero y Jorge Hugo Ludueña como vocal segundo.

Trabajan arduamente y logran que en mayo de 1974 sean aprobados los estatutos, siendo gobernador Jorge Cepernic y ministro de Gobierno Valentín Davi Clotet. En 1985 obtienen finalmente la Ley Notarial de la provincia de Santa Cruz, número 1.749 y el decreto reglamentario, que reemplazaría a la antigua Ley 32.

El Colegio funcionó en la escribanía Vivanco desde 1973 hasta 1977, luego el Consejo Directivo consideró la necesidad de contar con una oficina propia debido al inminente crecimiento de la institución. Para ello se alquiló un local en la calle Errázuriz, donde el Colegio funcionó hasta 1979, año en que surge la posibilidad de adquirir una propiedad en calle Tucumán al 50.

La cantidad de escribanos fue creciendo en toda la provincia. Así es como se abrieron dos delegaciones: una en Puerto San Julián para los escribanos de la Zona Centro y otra delegación en Caleta Olivia para los profesionales de Zona Norte. La delegación de San Julián funcionó en la escribanía del doctor Boiero y luego en la de Esquenone. La delegación de Caleta Olivia funcionaba en la escribanía de Guillermo Palacios, quien fue el primer escribano de esa ciudad, y hoy lo hace en local propio.

Según el escribano Jorge Ludueña, más allá del festejo de este aniversario, los escribanos deben preocuparse por permanecer unidos: “Somos sostenedores del grupo familiar como consejeros y creo que ésta es la vocación primordial del escribano”.

Para la escribana Haydée López, los primeros tiempos fueron “artesanales” hasta alcanzar un balance de crecimiento positivo: “El progreso de la institución es por todos conocido. Cada uno ha puesto su impronta durante su gestión y ahora es el tiempo de los jóvenes”. Justamente el viernes último, en el Colegio de Escribanos, fue la ceremonia en la que el doctor Gabriel Tournour Darré fue reconocido como escribano.

La presidenta del Colegio de Escribanos, Adriana López, destaca el rol del escribano como dador de fe, el depositario de la fe pública: “El objetivo del escribano es dar forma jurídica a las ideas que tienen las personas que requieren su servicio. Escucha, asesora y le da forma a lo que dicen las personas y elabora el documento para que sea intachable al salir al tráfico jurídico, y otorgándole seguridad jurídica a esa persona portadora del documento”.

Los colegios profesionales significan un importante núcleo para la interacción de sus colegiados. El Colegio de Escribanos de Santa Cruz desarrolla sus actividades cumpliendo los objetivos de su creación. A los escribanos los une el afán de superación en la profesión, la vocación de servicio, poder vivir de la profesión y tender una mano a quienes recién se inician, perfeccionando la actividad accediendo a cursos, seminarios y conferencias.

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