Por José Octavio BordónUna primera lectura del recambio en la Cancillería no parece indicar cambios profundos en la orientación de la política exterior. Con un estilo respetuoso y prolijo, alejado de la crispación política que caracteriza a la política argentina y en particular al actual gobierno, Taiana se desempeñó como un ejecutor leal y activo de las directivas de Néstor y Cristina Kirchner.
Héctor Timerman expresa una continuidad y profundización del compromiso con la Presidenta. Han construido desde 2003 una creciente relación de confianza personal y política. El nuevo canciller no sólo ha sido un leal ejecutor de los objetivos del Gobierno, sino también un militante intenso y apasionado de su proyecto político y de todas las confrontaciones domésticas e internacionales que éste ha implicado. Es este valor, más allá de la experiencia acumulada como cónsul y embajador, lo que seguramente inclinó la balanza en favor de la designación.
Taiana expresa el pensamiento de un grupo de funcionarios, algunos se han alejado y otros aún se mantienen en la gestión. Creen, más allá de algunas diferencias, que hay que seguir apoyando al Gobierno por los riesgos que supone un retorno hacia las políticas de la década del 90. Están convencidos de que la no continuidad de los Kirchner significaría una fractura en el programa de crecimiento económico con distribución del ingreso y en la política de derechos humanos.
Son los errores de los últimos años y el estilo de confrontación sin límites ni consideraciones los que están poniendo en riesgo los logros que en materia de desarrollo y democracia se lograron en los primeros tiempos de esta gestión. ¿Cuál será el impacto que la forma y el momento del alejamiento de Taiana tendrán en esos dirigentes del oficialismo?
Más allá de estos entramados personales y políticos quedan por delante importantes desafíos para el Gobierno y la Cancillería. Debe superarse el conflicto que las recientes administraciones de Uruguay y la errada reacción del gobierno argentino generaron a la relación bilateral; el presidente Mujica, con buena voluntad y visión de futuro, está buscando resolverlo. Hay que profundizar con imaginación y coraje el proceso de integración con Chile y Brasil. Es clave para el crecimiento económico, para proyectar más activamente a la Argentina en el mundo y para tener una activa presencia en los océanos del Sur y la Antártida. Este proceso tendría positivas consecuencias para la defensa de los recursos naturales y la protección del medio ambiente y crearía nuevas condiciones para resolver el conflicto de soberanía en las islas Malvinas.
Es imperativo recordar la prioridad de generar un clima de confianza doméstica e internacional que favorezca la inversión de riesgo para hacer sostenible el crecimiento económico. Podríamos seguir ampliando los desafíos, pero alcanzan para entender los peligros que implica no ampliar las bases de un consenso nacional. Es ésta, más allá de la renuncia de Taiana, la principal incógnita y el mayor riesgo de lo sucedido. La conducción política en democracia implica impulsar y aceptar el debate amplio y buscar las coincidencias básicas que permitan darles legitimidad y sustentabilidad a las políticas.
El autor fue embajador en EE.UU


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