Con amplia convocatoria se oficiaron ayer las misas en honor a Crescencia

Con amplia convocatoria se oficiaron ayer las misas en honor a Crescencia
La feligresía participó de las actividades realizadas en acción de gracias a la nueva beata. El sábado, los devotos asistieron a la Capilla del Huerto al cumplirse un nuevo aniversario del nacimiento de la hermana. Mientras que ayer cientos de devotos participaron de las tres celebraciones. La última fue presidida por monseñor Héctor Cardelli.

Tal como estaba pautado, ayer en la capilla del Colegio Nuestra Señora del Huerto se desarrollaron, como es habitual los 20 de cada mes, tres misas, a las 10:00, a las 16:00 y a las 18:00, en honor a la hermana María Crescencia Pérez; con una amplia convocatoria en los tres horarios, los fieles volvieron a confirmar su admiración por la religiosa.

El sábado, en virtud de cumplirse otro aniversario del nacimiento de la hermana, se oficiaron tres misas en la capilla del Colegio donde descansa el cuerpo incorrupto de la beata.

Cardelli

La última misa de ayer fue celebrada por el obispo diocesano, Héctor Sabatino Cardelli y concelebrada por el sacerdote Carlos Miri de la parroquia Nuestra Señora de la Merced.

Luego de las lecturas bíblicas correspondientes y del Evangelio, en la homilía Héctor Cardelli se dirigió a los feligreses, realizando un análisis de la lectura bíblica y destacando las bondades y virtudes de la beata, que es un fiel ejemplo a seguir.

“Me retrotraigo al día en que dimos apertura al Año de la Fe, aquí junto a los restos de la Hermana Crescencia, que ahora se convierten en reliquias de veneración. El ejemplo de ella es el de una bautizada, cristiana que cultivó la virtud de la fe en grado heroico. Crescencia fue una buena tierra donde la semilla de la fe echó raíces, creció y produjo muchos frutos pero la fe que nosotros venimos meditando es una virtud sobrenatural. No es producto de la reflexión teológica, de la investigación sino que es un don de Dios, que me viene de lo alto, que me lo regala y produce el conocimiento de Dios y del amor a él.

“Nosotros somos seres humanos que tenemos inteligencia, voluntad y sentimientos, al igual que los tuvo Crescencia. Con la inteligencia conocemos la verdad, con la voluntad amamos y hacemos el bien. Ambas son facultades que nos hacen semejantes a Dios porque Dios es espíritu, pura inteligencia y amor. Pero a veces no nos unimos a Dios. Hay una disociación entre el conocimiento y mi respuesta a ese conocimiento. La fe, de este modo, no alcanza a producir en nosotros la transformación, la apertura, la disponibilidad”, expresó Cardelli.

Amor materno

“Cuando la mamá nos abraza, nos acaricia y nos dice: ‘Hijo te quiero con toda mi alma’, en nosotros se produce algo maravilloso. Entiendo lo que me dice porque soy inteligente, pero también siento su amor verdadero. Recibo el mensaje pero recibo la ternura de ese mensaje y esto conmueve todo mi ser y este amor se hace experiencia de vida.

“Este fenómeno es lo que se produce en la oración con Dios, en la fe. La fe no puede existir en nosotros si no desencadena amor hacia aquel que me revela ese conocimiento. Todos los mensajes bíblicos que nos hablan del amor de Dios, despiertan en nosotros la fe en Dios y suscitan el amor hacia ese ser que tanto me ama. Fe y amor se unen, cuando no se produce la unión estamos faltos de la plenitud. Y nuestra respuesta al amor de Dios debe ser una respuesta de servicio porque es el Padre el que me guía, me acompaña y me sostiene y yo quiero darle mi respuesta, ponerme a su servicio, amar al prójimo, acrecentando el vínculo para con Dios”, expresó monseñor Cardelli.

Virtudes

“Crescencia fue una niña frágil, muy buena, humana, con infinidad de condiciones espirituales, cognitivas, y servicial. “Comenzó cultivando la fe, el amor a Dios y aceptó su plan. El encuentro con Dios la fue llevando, a través del servicio, de la sencillez, de las pequeñas cosas, de la caridad, de su cotidianeidad, a fortalecer ese amor. Eso es la santidad, ser consciente de que Dios me ama y amar a mi prójimo como él me amó.

“Dios estaba haciendo su amor concreto en María Crescencia. Por eso le damos gracias a Dios por esta beata, por el nacimiento de ‘Sor Dulzura’, por este llamado a la santidad que el Padre nos hace a través de ella, una fiel servidora que supo escuchar a Dios, aceptó su plan, lo hizo vida en su vida y hoy se constituye en un ejemplo a replicar”, concluyó Cardelli.

Beatificación

El proceso diocesano de beatificación de la hermana Crescencia comenzó un 27 de febrero de 1986 (iniciado por el entonces obispo de San Nicolás, monseñor Domingo Salvador Castagna). En 1989, el proceso fue presentado en Roma.

En 2004 el Papa Juan Pablo II reconoció las virtudes heroicas de la Hermana Crescencia, por lo que pasó a ser considerada venerable. En 2011 la Santa Sede reconoció un milagro atribuido a su intercesión y el Papa Benedicto XVI firmó el decreto de su beatificación, ceremonia que se llevó a cabo el 17 de noviembre en el Circuito El Panorámico con una celebración que fue presidida por Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos.

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