El amor a primera vista con Francisco desató una fiesta en Roma

El amor a primera vista con Francisco desató una fiesta en Roma
Con su sencillez y sus primeros gestos, el papa argentino no tardó en conquistar a los fieles de la ciudad eterna

Por Luisa Corradini |

ROMA.- Aquel que dude de que la alegría de un mundo de gente puede sobrevolar montañas, hender océanos y atravesar continentes debería haber estado ayer en Roma. Sin duda hubiera sentido el asombroso efecto vivificante que la elección del papa Francisco insufló a esta ciudad eterna.

Gracias a esa energía venida de todas partes y reflejada en las portadas de miles de medios de comunicación, merced al beneplácito general que suscitó la elección de ese hombre simple, sereno y humilde, Roma estaba ayer de fiesta.

Después de casi diez días de lluvia torrencial, la ciudad amaneció con un aire diáfano, iluminada por un sol radiante. Sólo bastaba caminar al azar de sus callejuelas milenarias para escuchar en cada esquina, en cada plaza, en cada bar, una sola palabra: "Francesco", "Francisco", "Francis", "François"? repetido al infinito en todos los idiomas de la Tierra.

Qué mejor símbolo de la extraordinaria pluralidad de una Iglesia que acaba de darles a sus hijos un nuevo Padre, dispuesto a contarles las maravillas de Dios, pero decidido a hacerlos caminar a su propio ritmo por las rutas accidentadas del siglo XXI.

Después de la sorpresa general que provocó la llegada de ese papa de las antípodas, la pronunciación de su nombre en todos los idiomas es probablemente la forma que tiene la gente de apropiárselo. Desde ayer, en apenas unas horas, Francisco dejó de ser el cardenal Jorge Bergoglio y se convirtió en "nuestro papa" para los rumanos, los libaneses, los mexicanos o los austríacos.

En los diarios italianos, los expertos y vaticanistas estiman que, en menos de 24 horas, el pontífice Francisco consiguió "revolucionar el gestual papal".

"Apareciendo en el balcón de la basílica en sotana blanca, sin la tradicional muceta roja sobre los hombros, Francisco envió el primer mensaje de ruptura con los oros y terciopelos pontificios", señala el sacerdote salesiano Giuseppe Sarlo, que, como todos los romanos, ayer buscaba desesperadamente un ejemplar de la edición especial del L'Osservatore Romano, el diario del Vaticano, que se agotó en menos de dos horas.

Muchos otros, menos preparados para descifrar los mensajes litúrgicos enviados anteayer por el nuevo pontífice, se declaraban prendados por sus otros gestos de simplicidad: "Se negó a utilizar la limusina con chofer y tomó el ómnibus con los otros cardenales, durmió en el mismo sitio que los otros prelados y esta mañana fue a pagar su alojamiento para dar el buen ejemplo. Eso es realmente extraordinario en estos momentos de crisis", dijo Joyce Stuart, una norteamericana de 36 años, católica practicante, que llegó a Roma en luna de miel.

"La función, el rango o la jerarquía jamás deberían tener importancia en el ministerio de ningún eclesiástico. Ello nos aleja del evangelio y de la enseñanza de Cristo", dijo a su vez Mercedes Cuenca, una religiosa española que regresó a la Plaza San Pedro "sólo para reflexionar en este maravilloso milagro que acaba de producirse ante nuestros ojos y que nos llena de esperanza".

Pero fue sobre todo cuando le pidió a la gente congregada frente a la basílica que rogara por él que Francisco parece haber roto con todos los códigos anteriores y haberse ganado el corazón de la gente. "En ese momento fue él mismo, un simple hijo de Dios que habla con el corazón y no el Espíritu Santo. Y en este mundo, en esa función, fue un acto de coraje, de libertad y de modestia", comentó el doctor en teología luxemburgués Pascal Bailly.

A su lado, en medio de la Plaza San Pedro bañada por sol del mediodía, el jesuita italiano Vittorio Sanctis precisó: "Para el papa Francisco la prioridad será Dios. No tiene ningún interés en llamar la atención para él. Los jesuitas somos así. Además, no estamos acostumbrados a tener como pontífice a uno de nosotros: por el contrario, siempre estuvimos al servicio de todos ellos".

Sanctis tiene razón, hasta el miércoles 13 de marzo de 2013, la Compañía de Jesús nunca había tenido un papa desde que fue fundada por Ignacio de Loyola, en 1534.

Ese hecho histórico, sumado al optimismo, el entusiasmo y la energía que llegaron a Roma desde que se produjo ese hecho improbable y singular, confirma que todo es posible en la historia del mundo, tanto lo peor como lo mejor.

Y como curiosamente la mayoría de esos episodios se producen aquí, es difícil resistir a la tentación de creer que, en verdad, todos los caminos conducen a esta ciudad..

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