Amigo político, trabajo seguro

Cada gobierno quiere tener su gente de confianza y por eso cada cuatro años aparecen algunas caras nuevas en las reparticiones del Estado. El problema es que muchos se quedan luego de que su padrino político deja el poder.
Y aunque no lo reconocen abiertamente, hay un acuerdo no escrito entre los partidos que, incluso, les permite “incorporar contratos” aunque gobierne otro color político. “Hay acuerdos y entran empleados por cuña política, pero no es el grueso de la administración pública. Hay hasta cupos establecidos dependiendo del cargo que tenga el que promueve”, explica un conocedor de los manejos de personal en varias gestiones.

Pero de vez en cuando quedan al descubierto esos arreglos. Hace un par de años, por ejemplo, el ministro de Infraestructura, Francisco Pérez, pasó a la planta permanente del Estado. El hombre tenía un contrato en el Ministerio de Economía, a pesar de que es abogado especialista en familia.

También fueron conocidos los casos de dos ex ministros a los que Jaque les pidió la renuncia, pero que como compensación se quedaron con lo que algunos consideran “el mejor trabajo del mundo”: pasaron a ser asesores. Fue el caso de Iris Lima, ex directora general de Escuelas, y Guillermo Migliozzi, ex ministro de Producción.

Y aún se recuerda, por ejemplo, cómo durante la gestión de Julio Cobos hubo una sucesión de ministros de Seguridad que fracasaron y se convirtieron en asesores al poco tiempo.

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