Aluvión de jihadistas extranjeros en Siria e Irak

Aluvión de jihadistas extranjeros en Siria e Irak

El ritmo de reclutamiento es récord en los últimos 30 años

 

Se suman a un ritmo de casi tres cada dos horas y se han convertido en una verdadera pesadilla para el mundo árabe y Occidente. Son los combatientes extranjeros que, en un verdadero aluvión, arriban a Siria e Irak para incorporarse a las milicias armadas de Estado Islámico (EI).

La creciente oleada de combatientes alarma cada vez más a los países occidentales porque, a corto o largo plazo, esas brigadas internacionales de islamistas fanáticos terminarán por trasladar la jihad(guerra santa) al corazón de Estados Unidos y Europa. Se calcula que en marzo pasado había cerca de 7000 combatientes extranjeros y ahora serían más de 15.000, la mitad del EI.

Más de 1000 combatientes islamistas, procedentes de unos 80 países, llegan a Siria cada mes, según un informe secreto de Naciones Unidas divulgado ayer. Para algunas agencias de inteligencia, incluso, el número superaría los 16.000. En todo caso, el ritmo de combatientes extranjeros que llegan a Siria e Irak supera ampliamente todo lo registrado en cualquier conflicto del mundo de los últimos 30 años.

Más allá del riesgo que representa ese fenómeno para el futuro de Occidente, su envergadura lleva a analistas militares y geopolíticos a preguntarse si, en realidad, la estrategia escogida por la coalición occidental, en lugar de eliminar al terrorismo, no ha terminado por potenciar el fervor de nuevos movimientos jihadistas.

"Hace 13 años, cuando George W. Bush inició la cacería de Osama ben Laden y la lucha contra la red Al-Qaeda, en el mundo había un solo foco islamista: Afganistán", sostiene el politólogo Antoine Basbous, que en 1992 fundó el Observatorio de los Países Árabes (OPA).

Actualmente, después de dos guerras y de un costo global de entre cuatro y seis billones de dólares y 8282 muertos -entre norteamericanos y soldados de los países aliados-, hay por lo menos 13 focos jihadistas en el planeta. Además, todo el mundo árabe, más una parte de África, están en llamas.

Estados Unidos y sus aliados realizaron más de 600 bombardeos en Siria e Irak. Sólo en Siria, esos ataques provocaron la muerte de unos 460 jihadistas de EI y más de 60 del frente Al-Nusra, la filial de Al-Qaeda en ese país. Para el Pentágono, si bien esas operaciones consiguen "perturbar" el funcionamiento de EI, nada indica por el momento que haya puesto en serias dificultades al autoproclamado califato.

Para los servicios de inteligencia estadounidenses, la respuesta masiva de jóvenes dispuestos a dar sus vidas por la guerra santa responde a varios factores. La principal puerta de ingreso son los sofisticados métodos de reclutamiento orquestados principalmente por EI a través de Internet.

"El punto de partida es con frecuencia el trabajo humanitario. Después, un enlace de YouTube los lleva a otros temas. Los videos de propaganda recuerdan las técnicas de adoctrinamiento de las sectas del siglo XX, donde se mezcla lo falso con lo verdadero en cada frase. Persuaden a los jóvenes de que todo es mentira y conspiraciones contra los más débiles, hasta que rechazan el mundo real. Por fin los hacen creer en la idea de que sólo una confrontación final será la salvación, y que ellos son los «elegidos»", explica la antropóloga francesa Dounia Bouzar en su libro Buscaban el paraíso, encontraron el infierno.

Por otro lado, hasta el momento, nada impide que esos militantes lleguen a la zona de conflicto desde otros países de Medio Oriente, África del Norte e incluso Europa.

Si bien la gran mayoría de esos combatientes provienen de países cercanos a Siria e Irak, se estima que más de 2000 jihadistas son ciudadanos europeos, cuyos pasaportes les permiten circular libremente por Occidente.

Tanto los servicios de inteligencia como los responsables políticos europeos y norteamericanos saben que, tarde o temprano, esas legiones de fanáticos regresarán a sus países de origen, tentados de organizar un grupo terrorista o incluso realizar una acción personal, inspirada en los antecedentes de Londres o de Bruselas.

Ante esa grave perspectiva, en Francia, por ejemplo, la Dirección Central de Inteligencia Interior (DCRI), encargada de la lucha antiterrorista, monitorea un centenar de células jihadistas que, por ahora, no han decidido pasar a la acción. Pero la DCRI no descarta que algún grupo haya escapado a su vigilancia y pueda aparecer en cualquier momento con una acción espectacular.

SEGURIDAD

En los últimos meses, Francia, Gran Bretaña, Alemania y otros países europeos adoptaron estrictas medidas para limitar el desplazamientos de los candidatos a la Jihad: refuerzo de la acción de sus servicios de inteligencia, retiro de pasaportes, nuevas legislaciones que condenan con prisión a quienes regresan de esas zonas.

En verdad, los candidatos occidentales a la guerra santa se cuentan por centenares. Incluso hay cada vez más familias con niños pequeños, y mujeres solas, entre ellas, decenas de adolescentes.

La mayoría de esos militantes entran a Siria por las fronteras de Turquía.

En todo caso, en la guerra "a muerte" que libran los principales grupos radicales, Estado Islámico lleva hasta ahora todas las de ganar. "El 90% de los nuevos reclutas se incorporan a sus filas gracias a su extraordinario manejo de la propaganda y sus medios financieros exorbitantes", afirma Gilles Kepel, uno de los expertos que mejor conocen el terrorismo islámico.

El informe secreto de Naciones Unidas no detalla los 80 países de donde provienen los combatientes extranjeros presentes en Siria e Irak. Pero, gracias a las redes sociales, los servicios de inteligencia consiguen rastrear adeptos de Estado Islámico o de Al-Nusra en sitios tan inesperados como Noruega, las islas Maldivas e incluso Chile..

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