Las altas temperaturas trajeron cortes de agua y baja presión

Como cada verano, los vecinos sufren las consecuencias de, sostienen, la poca inversión en infraestructura de las empresas. Los Ejecutivos intervinieron para que haya mejoras, así como Provincia. Mientras, algunos barrios que ni siquiera cuentan con redes sufren la imposibilidad de refrescarse para paliar el calor.
Residir en un ambiente libre de contaminación y con acceso a los servicios básicos es un derecho de las personas. “El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley, inclusive el derecho al acceso al agua”, determina el artículo 41 de la Constitución Nacional. Sin embargo, ese bien natural en condiciones de consumo humano falta en numerosos barrios del Conurbano sur. Las empresas prestadoras se excusan en el crecimiento poblacional y prometen planes a mediano plazo, mientras las comunas reclaman. En las sociedades de fomento o las plazas, los vecinos actualizan el planteo desde hace años y piden que haya más inversión para responder al incremento demográfico. Además, hay que potenciar la estrategia: las redes potabilizadoras deben llegar con cloacas, la manera de evitar que más vuelcos domésticos dañen los fluidos que las familias usan.

En la región el panorama se repite. Sin agua corriente en condiciones saludables, las casas optan por bombas para extraer el agua, que en algunos casos conllevan a la absorción de nitritos y nitratos que decantan a la napa freática. Cerca se ubican los pozos ciegos donde se vierten los desechos por falta de conductos cloacales, un agregado extra a la horadación del medio. Pero mientras que para estos sitios la falta del líquido vital es constante, otros que reciben la boleta por ese servicio sufren cortes intermitentes, que se acentúan por el incremento de la demanda en verano, con las altas temperaturas.

En este momento del año, entonces, los reclamos unifican a los residentes, que antes estaban diferenciados entre quienes ya habían recibido la prestación y los que están incluidos en el plan maestro que finalizará en 2020, según la información que Agua y Saneamientos Argentinos (AySA) difundió en su portal. Por ejemplo, en Banfield, en los alrededores de Santa Fe y Larroque cuando más calor hay y más utilización de la energía eléctrica se genera, se producen cortes de luz que horas más tarde derivan en interrupciones en el suministro de agua. También puede que no llegue al cese pero sí que haya un descenso en la presión del fluido porque más personas abren sus canillas con más frecuencia, a lo que se le suman los litros empleados para llenar las piletas, sobre todo en las zonas residenciales.

En Luis Guillón y San Ignacio de Esteban Echeverría, o en Adrogué, Rafael Calzada y José Mármol de Almirante Brown también se provocan intermitencias en el suministro. En el distrito conducido por Darío Giustozzi, “muchos de los barrios que cuentan con red de agua potable y cloacas son los de monobloques como Don Orione, que es el más importante por densidad de población. Allí Aguas Bonaerenses Sociedad Anónima (ABSA) no cumplió con el contrato, el mantenimiento es bastante deficiente”, denunció Juan Vegue, miembro del Foro Hídrico local, que se encargó de deslindar de las responsabilidades al intendente.

En ese barrio, “los pisos más elevados sufren impacto directo (de la falta de presión) con el agravante de que los espacios verdes comunes están ocupados por piletas que se necesitan para los chicos pero que atentan contra la presión y generan conflictos vecinales”, le explicó el referente a LA TERCERA. La conservación en buen estado de las instalaciones y la ubicación de una oficina próxima a los edificios son requisitos que la compañía había prometido cumplir y que, sin embargo, no se cumplen.

En Florencio Varela, una quincena de barrios denunciaron falencias en el servicios: Santa Rosa, Villa Vatteone, Mayol, La Esmeralda, Bosques Norte, Presidente Sarmiento, López Romero, Altamira, Ricardo Rojas, Villa Arias, Zeballos, Villa Esther, Santo Tomás, San Francisco y Monte Cúdine. Pidieron bidones de agua para paliar la ausencia, el mismo proyecto que en Burzaco, Brown, solicitan para alcanzar ese bien a las calles donde aún no cuentan con red. En ese caso el Foro propuso incorporar la figura del “aguatero municipal” hasta que AySA llegue con sus obras.

Mientras en el centro de Avellaneda también disminuye la cantidad de líquido que se puede tomar de las canillas y las duchas, en Valentín Alsina, Lanús, los vecinos sufrieron cortes la semana última, que para la prestadora se derivó de la suspensión de la energía eléctrica que responde a las mismas causas: aumento de la demanda sin incremento de la inversión para abarcarla. Según la firma, uno de los problemas se originó en un transformador ubicado en Rivadavia y 25 de Mayo, divisorias entre los barrios Caraza y Diamante.

Las Municipalidades reclaman

Los problemas con ABSA también llegaron a Presidente Perón, donde el Ejecutivo “le solicitó a la empresa que adopte las medidas necesarias, a fin de garantizar el normal funcionamiento del servicio”, manifestó un parte oficial. La firma provincial apeló al mismo argumento que su par: que la prestación se da “en forma deficiente por la baja presión, debido a que el suministro de energía eléctrica que brinda Edesur S.A también lo es, por lo que se registra baja tensión en las líneas que alimentan las perforaciones que abastecen de agua a la población”, explicó. Frente a ello, el Palacio Municipal solicitó la intervención del Ente Nacional de Regulación de la Electricidad (ENRE) para que solucione el deterioro, sobre todo en San Martín y La Yaya.

En tanto, la administración valerense logró el compromiso de esa compañía provincial de habilitar nuevos pozos que permitan generar mejoras. Para paliar la situación, dispuso “cuatro camiones cisterna de 10.000 litros cada uno” que recorrerán las zonas con problemas.

Las gestiones también alcanzaron al organigrama de Daniel Scioli porque su ministro de Infraestructura, Daniel Arlía, convocó a la Mesa del Agua, un órgano que deberá buscar soluciones. Cuenta con la participación de ABSA, el Servicio Provincial de Agua Potable y Saneamiento Rural (SPAR), la Autoridad del Agua (ADA) y el Organismo de Control de Aguas de Buenos Aires (Ocaba).

Por su parte, AySA acentuó que trabaja en “dos estaciones de bombeo cloacal: la Magdalena y la Lomas Este Zona Oeste” y “se encuentra próxima a iniciar la construcción de una red de desagües en Pasco que beneficiarán a 90.762 habitantes”, precisó en su portal. En Echeverría, prometió avanzar en la Planta Depuradora El Jagüel, destinada a “150 mil habitantes” e instalar “2.767 metros de cañerías en Guillón”. En Avellaneda, por caso, sostuvo trabajar en el “Colector Este Ramal Norte” y una estación de bombeo en Wilde. Esa obra además será positiva para Brown, Quilmes, Lomas y Lanús.

Los más olvidados

Mientras algunas familias deben convivir con la disminución en el suministro, otras -en general en las periferias- ni siquiera cuentan con ella. En Almirante Brown la falta de agua se repite, por ejemplo, en los barrios San Lucas, Mariano Moreno, El Hornero, Rayo de Sol y Almafuerte. En las proximidades al Arroyo San Francisco, en Claypole, el Taller del Agua determinó en 2009 que el “100 por ciento los pozos de agua particulares examinados no poseen agua apta para el consumo humano, ya que ésta muestra signos de contaminación microbiológica o físicoquímica”, según el informe de este conjunto de profesionales de la Universidad de Buenos Aires. Si bien desde la cartera de Ambiente se trabajó para disminuir el malestar, la presencia de elementos negativos todavía afecta al vecindario.

En Lomas, los pedidos son históricos en los alrededores del Arroyo del Rey, donde a los inconvenientes hídricos se le suman los anegamientos por la suba del cauce, que arrastra el material de la cuenca alta, pese a que vivir en un ambiente sano es un derecho humano. “Pedir el agua sin las cloacas y plantas de tratamiento es caer un círculo vicioso. La situación cambiará cuando no haya más vuelcos”, entendió Vegue.

Esa doble carencia se repite en los barrios que se constituyeron a partir de vecinos organizados que tomaron tierras ociosas para convertirlas en zonas habitables. Tanto el 17 de Noviembre de Ingeniero Budge como el 14 de Febrero de Longchamps van en ese camino. Sus calles y viviendas mejoran por el trabajo en equipo, pero el frío y el excesivo calor siguen sin perdonar. Allí, la repercusión de la falta de servicios básicos en la salud se siente más fuerte.

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