El Gobernador José Alperovich, realizó estas declaraciones luego de inaugurar importantes obras en el Hospital Avellaneda las cuales se suman a una transformación edilicia completa que se han venido produciendo en el centro sanitario. Allí se refirió al salto de calidad en la salud pública a lo largo de 12 años de gestión.
Acompañado por el vicegobernador Regino Amado, por el ministro de Salud, Pablo Yedlin, y por el director de dicho nosocomio, Oscar Rogero, el primer mandatario dejó habilitados: 12 consultorios para tratamientos ambulatorios, que están ubicados en el ala derecha de la planta baja, y, en el cuarto piso, inauguró la dirección, subdirección, gerencia y administración. Además entregó una torre laparoscópica para los quirófanos centrales. “Estoy feliz porque a pocos meses de irme, ver cómo están los hospitales, siento que de alguna manera, he cumplido”, reflexionó Alperovich y recordó que cuando le tocó asumir la gestión, en el 2003, generar un cambio en la salud fue su principal apuesta: “Antes la gente prácticamente se nos moría y hoy hacemos trasplantes de riñón, cirugías del corazón, invertimos en aparatología nueva”. Sobre esto valoró “el apoyo de los médicos, enfermeros, directores” porque “como Gobernador puedo aportar lo mejor en la parte edilicia” ya que hubiera sido imposible generar el cambio “si el recurso humano no acompañaba”. Yedlin, por su parte, se refirió a la importancia de las obras habilitadas ya que el Hospital Avellaneda atiende un promedio de casi 1000 consultas ambulatorias por día: “estamos inaugurando toda el área de consultorios que estaba muy vieja y la pusimos a nueva con aire acondicionado, con un lugar cómodo para que la gente espere”. “En función de las necesidades por la demanda en la atención estamos recuperando los consultorios, se incorporará también un equipo de laparoscópica de última generación para cirugías con características full HD; además, en la antigua terraza del hospital comenzará a funcionar la parte administrativa agrupada en un solo sector”, describió Rogero.



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