Algunas razones del éxito de Cincuenta sombras de Grey

Algunas razones del éxito de Cincuenta sombras de Grey

Cincuenta sombras de Grey recaudó en los Estados Unidos u$s 94,4 millones en su fin de semana de estreno, poco más de u$s200 millones en el resto del mundo, para un total de u$s300 millones. 

El récord también indica que es el mejor estreno en la historia para una película dirigida por una mujer (Sam Taylor-Johnson), el mejor estreno de un día de San Valentín (el anterior en los EE.UU. fue de u$s63 millones, la película era Día de los enamorados, previsiblemente, en 2010) y el indicador de que 2015 va a ser estratosférico. El segundo filme en la taquilla americana, Kingsmen-El servicio secreto, hizo más de u$s45 millones, y Bob Esponja, en tercer lugar, más de u$s35.

Pero volvamos a las Cincuenta sombras… para ver cómo iluminaron el negocio cinematográfico, deprimido e impotente en 2014. Esta clase de fenómenos suele darse cuando un producto de otro campo se traslada al cine, lo que lleva a los fanáticos del producto a sentir curiosidad por su versión cinematográfica. Es lo que sucedió con El Señor de los Anillos, Harry Potter o cualquier filme basado en historietas. Es decir: compran entradas aquellos que van menos –o no van– al cine.

Cincuenta sombras… fue un fenómeno en la industria literaria por razones extrañas. La novela romántica es una tendencia creciente (es lo que hace éxito a Danielle Steele o Florencia Bonelli) aunque no el relato erótico, siempre de nicho. Pero cuando una novela publicada por la industria mainstream incluye como diferencial sexo explícito, hay una “coartada” para consumir textos eróticos. Esa combinación –y no el pálido talento y la sobreadjetivación pobre de la autora E. L. James– son las que transformaron un librito mal escrito en un fenómeno global. Luego, el propio fenómeno hace que el o la lectora ocasional sienta curiosidad y consuma. Algo que los expertos en marketing saben bien es que todos queremos formar parte de un evento extraordinario, de saber por qué “todos” consumen “algo”.

El filme sigue la misma estrategia. No importa si hay poco sexo muy lavado: era el evento de ver aquello que se había leído (el “¿qué habrán hecho?”) lo que lleva al público masivamente a una sala. A esto hay que sumarle dos factores brillantes: hay muy pocas películas masivas dirigidas al público femenino, incluso si son uno de los mercados más importantes y quienes deciden, cuando hay salida en pareja, qué filme ver. La “salida de chicas” del fin de semana multiplicó la recaudación de la película. El segundo, el estreno oportunísimo en San Valentín, lo que lo transformó en salida obligada de parejas (es decir, dos entradas). Hubo también, en la Argentina, elementos enojosos: todas las promociones (2×1 de bancos por ejemplo) cayeron para este filme en particular, lo que incrementó la recaudación neta.

La película es un negocio monumental: costó u$s40 millones (a lo que pueden sumarse unos u$s20 de publicidad, aunque la “difusión” ya la había hecho el libro) y duplicó su costo en cuatro días en un solo mercado. La pregunta es si el fenómeno durará más de dos semanas. Las dos entregas que faltan, como sea, ya están amortizadas.

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