La Cumbre Iberoamericana que se realizó en la ciudad de Mar del Plata es la vigésima de una sucesión de encuentros en los que anualmente se reúnen los Jefes de Estado de veintidós países.Por Juliana Monacchi.
La ciudad anfitriona de esta edición no ha menospreciado la oportunidad para lucirse como centro turístico y de convenciones, aprovechando que los ojos del mundo están posados sobre las declaraciones y resoluciones de este encuentro. El Gobierno Nacional y Provincial trabajó conjuntamente con el Municipio desde que se proclamó a Mar del Plata como sede, con el objetivo de embellecer la ciudad y mejorar la infraestructura y espacios en los que se concentró la actividad, concretamente el Boulevard Marítimo a la altura del Hotel Hermitage, el Hotel Provincial y el Teatro Auditorium.
Ya en las postrimerías del encuentro, el balance de los organizadores acerca de su desarrollo y resultados fue positivo, a pesar de inconvenientes de último momento, como la ausencia del mandatario venezolano Hugo Chávez, o las previsibles demoras producto de vuelos retrasados o deliberaciones que se extendieron más de la cuenta. Sin embargo, en este balance final debiera contemplarse también la opinión y percepción de los ciudadanos y vecinos marplatenses, anfitriones del evento, que vieron modificada un tanto su cotidianeidad en pos de la realización del mismo. La realidad es que los marplatenses en general establecieron un vínculo indirecto y frío con la Cumbre y su desarrollo, basado simplemente en desviaciones en su andar cotidiano a raíz del “vallado” y los “anillos” de circulación, permisos para transitar, trámites administrativos y burocráticos. Por fortuna para la ciudad y su reputación, año a año se multiplican las grandes reuniones, conferencias y convenciones nacionales e internacionales que eligen Mar del Plata como sede. Por tanto, la ciudadanía está habituada a estos movimientos acelerados y multitudinarios; simplemente acata y no se involucra. En la Plaza del Agua de esta ciudad se han desarrollado paralelamente actividades culturales y artísticas, con el objetivo de favorecer el intercambio y mostrar la diversidad iberoamericana, acercando asimismo la propuesta de la Cumbre a los marplatenses. Por desinterés o imposibilidad de acudir en días laborables, y también por falta de una difusión adecuada, la participación fue escasa e irregular.
Una prueba de ello es que no existe una concepción clara de qué fue la Cumbre Iberoamericana, quiénes participan de ella y cuáles son los temas centrales de debate. “¿Pero no se hizo en septiembre la Cumbre?”, es la respuesta de más de uno. Efectivamente, hace poco más de dos meses Mar del Plata fue sede del V Foro Iberoamericano de Alcaldes, preludio del encuentro de presidentes, que además se concentró en los mismos espacios de reunión.
El aspecto más inquietante y polémico de esta Cumbre es el antes mencionado “vallado”, que estructura un complejo operativo de seguridad y afecta a unas veinte cuadras de zona residencial, comercial y céntrica de la ciudad. Es quizás la mayor falencia organizativa de la Cumbre: el tránsito colapsó especialmente por las mañanas en dichas zonas, generándose largos embotellamientos a los cuales los marplatenses estamos poco acostumbrados. Controles engorrosos y permanentes para entrar y salir de la zona afectada, sumados a los escasos puntos de acceso, cambiaron por completo la rutina de los vecinos, y generaron más de un enojo y discusión. La mayor parte de los comercios situados dentro del vallado fueron “invitados” a tomarse unas vacaciones, viéndose obligados a cerrar durante estos días en los que el movimiento comercial en la zona es escaso. La presencia de fuerzas de seguridad es otro aspecto notorio: efectivos de Prefectura, Gendarmería, Policía Bonaerense y Federal apostados en cada valla, de día y de noche, o circulando en grupos para prevenir cualquier disturbio. Pese a que Mar del Plata posee una fuerte presencia policial y de Prefectura durante todo el año, los vecinos se lamentan porque “termina la Cumbre, se van todos y esto vuelve a ser tierra de nadie”.
La vivencia de los marplatenses en esta Cumbre es de convivencia y tolerancia de los ritmos impuestos por este encuentro iberoamericano. Gran parte de la ciudad se vio afectada directamente por el evento, ya que puntos tan distantes como el Aeropuerto Internacional Astor Piazzolla o el centro comercial de la calle Guemes, fueron epicentros de intensa actividad y movimiento. Lo cierto es que ha sido un evento de primerísimo nivel, con una destacada concurrencia de colaboradores y periodistas extranjeros. “Educación para la inclusión social” es la temática general que abrió ricos debates e intercambios entre los delegados, cancilleres y Jefes de Estado participantes.
En síntesis, Mar del Plata albergó satisfactoriamente al encuentro iberoamericano por excelencia, demostrando una vez más su potencial edilicio, organizativo y humano a la hora de organizar eventos de relevancia internacional. Se acentúa la convicción de la dirigencia nacional, provincial y municipal de consolidar y dar prestigio a la ciudad no sólo como destino turístico sino también como sede de todo tipo de encuentros. Esta proyección cuenta con el aval de la población marplatense, que respalda la voluntad política más allá del gobierno municipal de turno, pero acota su participación a las formalidades propias de cada ocasión. Para acabar con el desconocimiento, si es que aún hay quienes se preguntan qué es la Cumbre Iberoamericana, traigo a la memoria un suceso acontecido en la 17º edición del 2007, cuando el Rey Juan Carlos de España interrumpió el enardecido discurso de Hugo Chávez, increpándolo con una frase que recorrió el mundo: “¡¿Por qué no te callas?!”.

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