El echado sacerdote dijo que no acatará el fallo canónico y que seguirá suministrando sacramentos si se lo piden. Dijo que Ñáñez tuvo “poca humanidad”.
Alessio fue expulsado de la Iglesia Católica luego de un breve juicio canónico que le prohíbe ejercer el ministerio sacerdotal y lo compele a abandonar la casa parroquial de la capilla San Cayetano de barrio Altamira, donde vivió en las últimas dos décadas.
El proceso, sustanciado por un Tribunal Interdiocesano, fue en reacción a su defensa de la ley de matrimonio igualitario sancionada por el Congreso de la Nación en julio del año pasado.
En diálogo con LA MAÑANA, Alessio afirmó que considera “ilegítima” la sanción, y que seguirá ejerciendo el sacerdocio “cuando la gente se lo demande”. “Si alguien me pide la confesión, una misa, o la asistencia a un enfermo, lo voy a hacer. Puede ser en una casa, o en una plaza”, desafió el religioso, que actualmente trabaja como asesor del bloque de diputados juecistas en el Congreso de la Nación.
“La semana pasada asistí a un matrimonio en segundas nupcias, que la Iglesia no acepta. Lo hice y lo seguiré haciendo, en la medida que me lo pida el pueblo de Dios”, recalcó. Desde la aprobación del matrimonio igualitario, Alessio ha bendecido cuatro bodas celebradas entre personas de igual sexo.
Con respecto a su actividad política dentro del Frente Cívico que lidera el candidato a gobernador Luis Juez, aseguró que nadie le propuso integrar listas de cargos electivos para las próximas elecciones. pero no lo descartó. “Si me lo proponen, lo voy a pensar, pero no lo descarto”, dejó en claro.
Alessio admitió su rebeldía a acatar la sentencia expulsatoria podría costarle un nuevo juicio en su contra «por desacato». «Pero me tiene sin cuidado. La gente está más allá de esa patética decisión de la Iglesia», acotó.
Críticas a Ñáñez
Aunque se alejó voluntariamente de la Iglesia «oficial» en agosto del año pasado, luego del inicio del juicio en su contra, a Alessio ayer se lo notó molesto por el desenlace del conflicto. Criticó duramente al arzobispo de Córdoba, Carlos Ñáñez, de quien dijo «hizo abuso de autoridad» al echarlo. «Yo no toqué el dogma» al aceptar el matrimonio gay, explicó. Y dijo que no conoce en la Iglesia antecedentes de sanciones como la que se le impusieron.
Al respecto, reprochó a la Curia no haber expulsado a religiosos acusados de delitos aberrantes como el abuso sexual de menores, o las violaciones a los derechos humanos, delitos imputados al obispo Edgardo Storni y el cura Julio Grassi, y al condenado capellán policial Christian von Wer-
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En sus críticas a Ñáñez, un prelado al que s e ubica dentro de los sectores «moderados» de la Curia, Alessio consideró que “respondió a las presiones de los sectores más conservadores de la Iglesia”. «Ñáñez no puede eludir la responsabilidad por la decisión de echarme, pero detrás de todo no están ausentes Bergoglio (por el obispo primado de la Argentina) y los sectores más conservadores, que quieren arrasar con la Iglesia de los pobres”, subrayó.
Asimismo, Alessio lamentó que Ñáñez no se comunicara con él, afirmó que le faltó «humanidad» y que no se comportó «como un padre».
«La autoridad eclesial no quiere la libertad de expresión. Esto es un intento de acallar y disciplinar las posiciones distintas y dar un mensaje: el que se opone, será sancionado», manifestó el cura, quien ahora deberá buscar dónde vivir.
Además, reflexionó que con el castigo que se le impuso, quedó en claro que para la Iglesia «el matrimonio igualitario es una aberración, es algo enfermo. Y pese al fracaso que (la cúpula eclesial) ha tenido en la opinión pública, esta sanción es una forma de no retroceder en su posición».


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