La conjunción de penurias que tienen por delante, cada día, los internos de las unidades penitenciarias en general, y la centenaria ubicada en Sierra Chica, bajo el número de nómina 2, son variadas y algunas veces incluso, elocuentes hacia el mundo exterior, hacia aquellos que no frecuentan sus vericuetos intestinos.
La cárcel mencionada es emblemática y posee en la actualidad más de mil detenidos aferrados a sus muros fríos e insensibles.
Las tareas de mantenimiento de la estructura y las hilachas de las desgracias humanas, se topan incesantemente. ¿Quién podría negar, con un mínimo de conocimiento, de la existencia intrínseca de decenas de vicisitudes inherentes al funcionamiento del penal y a sus habitantes, tanto de los alojados allí, como del personal y, ni que hablar de las visitas y sus tormentos semanales?
En tal contexto, querido lector, han trascendido de óptimas fuentes, en los últimos días, que profesionales del Servicio Penitenciario han alertado sobre un foco extendido de Tuberculosis Bacilifera Pulmonar. En concordancia se presentó al respecto un Habeas Corpus Preventivo Colectivo.
El Juzgado de Ejecución Penal Número 1 de Azul le solicitó a su turno al señor Director Provincial de Salud Penitenciaria, Javier Zoulemain, y a la propia Jefatura del SPB, que tome urgentes cartas en este imbricado problema.
Para multiplicar la consistencia del vínculo con el drama, Se dan sin embargo, amigo que me lees, distintas cifras de afectados por la enfermedad tan vieja y tétrica como pocas. Una órbita expone que son nueve los presos contagiados. Otra voz admite la realidad, mas con un exponente menor de “tocados” por el mal y negando que algún agente se hubiese infectado también, en base a ese usual contacto del penitenciario y el interno.
¿Cuestión de importancia de las vidas o de preservar formas? No es fácil digerir la grilla cotidiana de la prisión. Es un ámbito aparte de todo. Una idiosincrasia muy particular, con sus “códigos” particulares, si es que cierta gente puede hablar de contar con “códigos” precisamente.
Lo verídico pasa entonces por asimilar, del lado del cuadro que se observe, que hay tuberculosis en la cárcel de fama mundial. Aunque también es concreto poner el énfasis en afirmar con autoridad que las patologías raras o complejas en extremo, no son una auténtica sorpresa ni tampoco una novedad.
Los datos de una recorrida ocular muestran las desventuras de ahora y de otrora. Revisemos con cuidado: 1) No se encuentran disponibles habitaciones aisladas para colocar en ellas a los pacientes. 2) No es factible encontrar baños individuales, puesto que se anota un solo sanitario compartido al fondo, en el fin del cosmos. En las jornadas de visitas de familiares, con más de cuatrocientas mujeres, es un frenético caos por ocuparlo. A veces, es imposible ingresar en él ya que se lo utiliza como “Vip” para mantener apuradas relaciones sexuales.
3) No hay equipos de radiografías de tórax. El mayor grado de tratamiento, se hace en el exterior. O sea, en el nosocomio local.
4) En los pabellones, a nadie le horroriza convivir feamente con ratas, cucarachas y chinches. Éstas últimas, por ejemplo, se cuelan irredentas entre los pliegues de los colchones de estopa. 5) Y un párrafo específico merecen sin dubitaciones, las extendidas filas de las visitas de presos. Soportando los intensos calores, o los gélidos días, o las intempestivas lágrimas del cielo, sin ningún reparo. Antiquísimo dilema aún no resuelto.
Por Mario Delgado.-
Foto: Agencia Nova
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