En el segundo trimestre la economía creció un récord de 2,2%. La administración Merkel igual impulsa más ajuste y suba de impuesto. Habrá menos subsidio a desocupados
Pese a registrar en el segundo trimestre del año una expansión económica trimestral nunca vista desde la reunificación alemana hace 20 años, el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, reiteró ayer que no se dejarán llevar por las buenas cifras actuales y que que mantendrán el curso de consolidación presupuestaria. En esa línea, ratificó que la reducción del déficit es una condición clave para lograr un crecimiento sostenido.
“Siempre hemos tenido claro que tenemos que mantener ese rumbo”, dijo Schäuble al presentar ante la prensa el proyecto de ley con el que se espera ahorrar 20.000 millones de euros por año, de aquí al 2014.
No obstante, Schäuble evitó hablar de ahorro y expresó su preferencia por la expresión “reducción del déficit” por que, según él, se ajusta más a la realidad. “La gente normal entiende por ahorro no gastar el dinero que tiene. Lo que nosotros hacemos es gastar un poco menos del dinero que no tenemos, por eso prefiero hablar de reducción del déficit”, expresó.
El proyecto del Ejecutivo conservador–liberal de la canciller Angela Merkel contempla recortes en el gasto social, que hoy es el 50% del gasto total, siendo los más significativos el recorte en la indemnización a los desempleados de larga data y las prestaciones a los padres de niños. Además, incluye un impuesto especial a los pasajes de avión a partir de 2011 y un desmantelamiento de los privilegios que gozan las empresas en lo relativo al impuesto a la energía. También estipula recortes en el presupuesto de Defensa, además de otras medidas que se sacarán adelante a través del procedimiento ordinario, en el que cada cartera deberá presentar propuestas de ajuste.
Críticas adentro y afuera
Berlín aplicará este plan de ahorro pese a que, según se supo recientemente, la economía alemana creció 2,2% en el segundo trimestre del año respecto al anterior, un porcentaje calificado de “extra large” por las propias autoridades alemanas, ya que fue la tasa de expansión trimestral más acelerada desde la reunificación del país.
Además de buscar ajustarse con los criterios presupuestarios europeos (que permiten un déficit máximo anual del 3% del PBI), Merkel quiere sentar las bases para que el gobierno pueda cumplir el nuevo techo de endeudamiento establecido en la Constitución y que entrará en vigencia en 2016.
Pero lo cierto es que el plan no fue bien recibido ni adentro del país ni en el exterior, dado sus potenciales efectos negativos en la reactivación económica mundial, y en particular en la golpeada Europa, donde la mayoría de los países, tanto periféricos (Grecia o España) como los grandes (Italia, Francia o el Reino Unido), también tuvieron que anunciar medidas de ajuste. De algún modo, este plan debilita la esperanza en Alemania como el motor que impulse al resto de Europa.
Puertas adentro, la oposición socialdemócrata calificó el ajuste de “antisocial” porque perjudica a los que menos tienen y llevan más tiempo sin encontrar trabajo. A nivel internacional, las críticas lo calificaron de “prematuro y riguroso”, sobre todo si se tiene en cuenta que la reactivación de economía estadounidense sigue sin repuntar

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