Algunos de los que asistieron al acto del sciolismo, la semana pasada, salieron azorados cuando finalizó el cónclave. No lo podían creer y sentían un desánimo que aún les perdura.
Es cuestión de días varios dirigentes pasaron de pensar que estaba todo listo para empezar la carrera por el premio mayor, que es llegar a la presidencia en 2015 -teniendo como clasificación las elecciones legislativas de octubre- a quedarse afuera absolutamente de todo y ser una suerte de convidado de piedra en el próximo proceso electoral. Como si fuera poco, ahora se ven obligados a tener que hacer campaña para un gobierno que tiene fecha de vencimiento y que extorsiona permanentemente a Scioli con el envío de recursos para garantizar sumisión política.
En definitiva, el mensaje que dio Pérez, de “militar en los distritos con coraje y responsabilidad" terminó cayendo en saco roto.
Asimismo, el contexto donde se realizó la charla tampoco era demasiado estimulante. Se hizo en un camping, perteneciente al gremio mas servil de los gobiernos de turno, conducido por Carlos Quintana, un dirigente que arrastra pesadas sospechas como la de haberse hecho ganar el Quini 6 como una forma de intentar justificar su crecimiento patrimonial. A Quintana se lo vincula con negocios muy oscuros que desde hace años se vienen tejiendo en el IOMA, como son las prótesis y las internaciones domiciliarias, que llevaron a la obra social de los empleados públicos bonaerense a un panorama económico-financiero muy complicado. No son pocos los que consideran que tener una persona con estos antecedentes, cerca de Scioli, representa un verdadero yunque.




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