Por: Ricardo Kirschbaum.Por lo que hizo (irse del gobierno de Cristina) y por lo que está intentando hacer ahora (tratar de encabezar el neokirchnerismo), Alberto Fernández mira cómo los Kirchner van borrando sus huellas en el Gobierno.
Está claro que no fue Alak el promotor de la renuncia aunque sí fue el mensajero por pedido de Kirchner. Tras cartón, Alberto fue reemplazado en Papel Prensa. Este paso es, si se quiere, más explicable pero tiene la misma raíz política, confirmada por la identidad de quien fue nombrada en su lugar, una de las integrantes de la troika que maneja el INDEC.Los contactos de Alberto con algunos gobernadores todavía no han tenido éxito. La cautela política de muchos jefes provinciales se explica por su necesidad de asistencia federal. Caminan con pies de plomo: las votaciones en el Congreso ratifican que la lealtad básica con el Gobierno aún no está quebrada en la práctica.
Fernández intenta un kirchnerismo sin Kirchner. Al menos es lo que está tratando de armar para evitar a Reutemann. Es una rémora del peronismo sin Perón, con el que soñaron algunos capistotes sindicales en la época del exilio del General. Hasta allí llega el símil. La situación es muy distinta: Kirchner, se sabe, no es Perón y Alberto Fernández, mucho menos, es el Lobo Vandor.


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